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La radiación de Chernóbil se hereda de padres a hijos

Raúl Romar García
R. ROMAR LA VOZ

ACTUALIDAD

Imagen de archivo de la central de Chernóbil
Imagen de archivo de la central de Chernóbil CÉSAR TOIMIL

Un nuevo estudio identifica por primera vez una firma genética que revela que los trabajadores de la central nuclear han transmitido a sus descendientes daños en el ADN derivados del accidente nuclear

15 feb 2026 . Actualizado a las 19:41 h.

Durante décadas, la ciencia ha debatido si los daños causados por la radiación en las células germinales (espermatozoides y óvulos) pueden transmitirse a la siguiente generación. Ahora, por primera vez, un estudio liderado por la Universidad de Bonn lo ha probado. El trabajo, publicado en Scientific Reports. proporciona la primera prueba sólida de una firma mutacional transgeneracional: los hijos de los trabajadores de Chernóbil han heredado alteraciones específicas en su código genético como consecuencia de la exposición paterna.  Aunque análisis previos no habían sido concluyentes sobre si este daño genético podía transmitirse de padres a hijos, este nuevo trabajo utilizó un enfoque innovador al buscar lo que se conoce como mutaciones de novo agrupadas (cDNM). Estas alteraciones genéticas se definen como dos o más errores genéticos en un tramo muy corto de ADN, que en este caso son el resultado directo de las roturas en las cadenas del genoma parental provocadas por la exposición a la radiación.

Los hallazgos se basaron en la secuenciación del genoma completo de tres grupos diferenciados: 130 hijos de trabajadores de limpieza de Chernóbil, 110 hijos de operadores de radar militares alemanes —expuestos a radiación dispersa durante su servicio— y un grupo de control de 1.275 niños con padres no expuestos. Los resultados revelaron un aumento significativo en el recuento de mutaciones agrupadas en la descendencia de padres irradiados: mientras que el grupo de control presentó una media de 0,88 mutaciones de novo agrupadas (cDNM) por niño, la cifra se elevó a 1,48 en el grupo del radar y hasta los 2,65 en el grupo de Chernóbil.

Los investigadores observaron que una mayor dosis de radiación recibida por el progenitor tendía a implicar un mayor número de estos cúmulos de mutaciones en el hijo, lo que concuerda con la teoría de que la radiación genera especies reactivas de oxígeno capaces de romper las cadenas de ADN que, de no repararse correctamente, dejan estas cicatrices genéticas.

«Encontramos un aumento significativo en el recuento de cDNM en la descendencia de padres irradiados y una posible asociación entre las estimaciones de dosis y el número de cDNM en la respectiva descendencia», escriben los investigadores en su artículo. «A pesar de la incertidumbre sobre la naturaleza precisa y la cantidad de radiación ionizante (IR) involucrada, el presente estudio es el primero en proporcionar evidencia de la existencia de un efecto transgeneracional de la exposición paterna prolongada a IR de dosis baja en el genoma humano».

A pesar de la trascendencia científica del descubrimiento, los autores del estudio lanzan un mensaje de tranquilidad respecto a la salud de la descendencia. Según indican, el riesgo de desarrollar enfermedades por este motivo es mínimo, ya que la mayoría de estas mutaciones se localizan en el llamado ADN no codificante, aquel que no contiene instrucciones directas para fabricar proteínas. Para poner estos datos en perspectiva, los científicos señalan que el riesgo asociado a la edad avanzada de los padres en el momento de la concepción —un factor que aumenta de forma natural las mutaciones transmitidas— es superior a los riesgos potenciales derivados de la exposición a la radiación analizados en esta investigación.

Aunque el estudio presenta ciertas limitaciones, como la dificultad de estimar retrospectivamente dosis de radiación recibidas hace décadas o el posible sesgo de participación voluntaria, los resultados son determinantes para la protección radiológica. Según los investigadores, este trabajo demuestra que la exposición prolongada a la radiación ionizante puede dejar rastros sutiles en el ADN de las futuras generaciones, lo que pone de manifiesto la necesidad de extremar las precauciones de seguridad y realizar un seguimiento cuidadoso de las personas que trabajan en entornos de riesgo. En definitiva, el estudio confirma que el potencial de transmisión de alteraciones genéticas inducidas por radiación es una realidad que debe ser tenida en cuenta en la gestión de la salud ocupacional a largo plazo.

En todo caso, el estudio es la prueba de que el legado de Chernóbil no terminó en 1986, sino que viaja en el ADN de las nuevas generaciones