Una negociación con la US Navy sobre la mesa

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

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Grafiti antiestadounidense en una calle de Teherán.
Grafiti antiestadounidense en una calle de Teherán. Majid Asgaripour | REUTERS

07 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A los diplomáticos iraníes les gusta recordarlo: bazar es una palabra persa. Y, en efecto, los enviados de Teherán tienen fama de vendedores hábiles. Wendy Sherman, la diplomática de Barack Obama que negoció el acuerdo nuclear del 2015, decía que cada vez que parecía que todo estaba ya decidido había un delegado iraní que decía «…solo una cosa más» y el regateo volvía a empezar. Los iraníes lograron arrancarles un acuerdo muy favorable a los norteamericanos, mientras que estos solo consiguieron retrasar un año el programa nuclear iraní.

Aquel delegado que le decía a Sherman «…solo una cosa más» era Abás Araqchi, que ahora es el ministro de Exteriores. Este viernes estaba en Omán, al frente de la delegación de su país para una negociación con Estados Unidos al filo de la guerra. Era solo una primera toma de contacto, de momento indirecta, pero en medios iraníes había confianza de que el experimentado Araqchi podrá torear con facilidad al inexperto Steve Witkoff, «como hicieron los rusos». De momento ya ha conseguido que las conversaciones se centren exclusivamente en la cuestión nuclear, evitando por ahora discutir las otras exigencias norteamericanas: el fin de su programa de misiles balísticos, el apoyo a guerrillas en otros países y la represión en las calles.

El planteamiento de los iraníes de aquí en adelante parece claro: negociar como en el 2015, ofreciendo inspecciones y plazos respecto al enriquecimiento de uranio a cambio del levantamiento de sanciones. Puesto que su programa nuclear fue destruido en buena parte en los bombardeos de junio del año pasado, no están renunciando a gran cosa. Si a cambio consiguen relajar las sanciones, lograrían lo más importante para el régimen en este momento: una mejora en la economía que calme las protestas. Suprimir su arsenal de misiles balísticos, sin embargo, es mucho más difícil de aceptar para Teherán. Esos misiles son esenciales para la retórica del régimen y están bajo el control exclusivo de la Guardia Revolucionaria, que no aceptará quedarse sin ellos así como así. Ese puede ser el punto en el que se rompan las negociaciones. Pero Teherán parte de la premisa de que a Trump no le interesa asumir los riesgos de un cambio de régimen.

Todo esto revela una actitud sorprendentemente optimista por parte de Irán. Las cosas han cambiado mucho. En el 2015 Obama quería un acuerdo. En el 2026, Trump no lo necesita. Entonces Irán parecía a punto de hacerse con la bomba atómica. Ahora parece haberse quedado sin la posibilidad de lograrlo nunca. La inflación iraní era aquel año del 11 % y hoy supera el 40 %. Es cierto que Rusia ha hecho lo que ha querido con Steve Witkoff, pero eso dice más del poder de Rusia (y de la extraña fascinación de Trump con Putin) que de las habilidades negociadoras del propio Witkoff. Después de todo, es un antiguo inversor inmobiliario. También sabe algo de regateos de bazar. Y cuenta con una flota concentrada en las proximidades de Irán. Esa es la verdadera baza negociadora. Esta vez el «…solo una cosa más» lo dirá Witkoff hasta que consiga todos los puntos de la lista de la compra, o habrá guerra. Porque no hay mayor posición de fuerza en una negociación que la falta de interés por llegar a un acuerdo.