Irán y el precedente venezolano

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

ACTUALIDAD

Un iraní pasa por un mural dedicado a los soldados cerca de carteles antiamericanos e israelíes.
Un iraní pasa por un mural dedicado a los soldados cerca de carteles antiamericanos e israelíes. ABEDIN TAHERKENAREH | EFE

01 feb 2026 . Actualizado a las 22:35 h.

Las condiciones que ha planteado Donald Trump a Irán para cancelar el ataque con el que amenaza sugieren una oferta parecida a la de Venezuela: vasallaje sin cambio de régimen. El presidente norteamericano se limita a exigir a Teherán que ponga fin al enriquecimiento de uranio, a su programa de misiles balísticos, a su apoyo a las milicias afines en otros países (Hezbolá, hutíes…) y a la represión de las manifestaciones en sus calles. El subtexto es que Irán podría cumplir todo eso y mantener su régimen intacto. No sería imposible. El programa nuclear iraní está prácticamente destruido desde los bombardeos de junio del año pasado, los misiles balísticos se han revelado ineficaces como arma disuasoria, las milicias proiraníes son una sombra de lo que fueron y las manifestaciones ya han sido aplastadas. Si, a cambio de esas concesiones, los ayatolás logran el levantamiento de las sanciones saldrán ganando, e incluso podrían reforzarse en el poder.

Delcy Rodríguez aceptaría. Los ayatolás seguramente no. Nos falta todavía saber qué ha pasado exactamente en la cúpula chavista en Venezuela, y si al final todo eso conducirá a una transición a la democracia o no. Pero que Irán no es Venezuela es una certeza. La república islámica tiene unas ambiciones geoestratégicas que nunca tuvo el chavismo venezolano. En su fanatismo ideológico, fraguado al calor de la guerra con Irak y alimentado por una visión apocalíptica tomada de la religión más que de la política, no cabe una onza de cinismo ni de flexibilidad. Por eso el régimen ha podido ametrallar sin contemplaciones a miles de sus propios ciudadanos en las calles. Por eso no cederá ni siquiera cuando el cálculo le invitaría a hacerlo.

¿Qué debemos esperar, por tanto? Lo más probable es que el ataque de Estados Unidos se limite a bombardeos puntuales de bases de la Guardia Revolucionaria, silos de misiles y lo que se pueda haber reconstruido de las instalaciones nucleares. Si es así, por sí solo esto no derribará el régimen. Podría avivar las manifestaciones, pero es muy dudoso. Da la impresión de que ya han sido ahogadas por completo. A menos que el ataque contenga algún otro elemento (la eliminación del líder supremo, por ejemplo) habrá que considerarlo un trámite.

La verdadera preocupación del régimen no es esa sino el día a día. La economía iraní es un completo desastre y no se ve cómo podría mejorar en plazo alguno. Estados Unidos no tendría más que apretar las clavijas de las sanciones progresivamente y esperar el derrumbe. Esta estrategia va en contra de los instintos empresariales de Trump, que detesta la inestabilidad económica y prefiere el deal, el trato, como en Venezuela. Pero, al final, puede ser la solución que se imponga, porque la intransigencia de los ayatolás no permite alternativas, y cuando no hay alternativas elige la inercia. En este caso, la inercia es el colapso, antes o después. Y de ahí surgirá el azar: o una insurrección popular que derribe el régimen o, más probablemente, un golpe de Estado de la Guardia Revolucionaria o del Ejército que podrían dar lugar a dos variantes distintas de la dictadura.