Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

Israel y los países árabes convencieron a Trump para que frenara el ataque a Irán

M. Ayestaran / B. Abelairas REDACCIÓN / AGENCIAS

ACTUALIDAD

Una mujer iraní vestida con el chador negro pasa ante un bus calcinado en unas protestas que cesaron hace días
Una mujer iraní vestida con el chador negro pasa ante un bus calcinado en unas protestas que cesaron hace días ABEDIN TAHERKENAREH | EFE

La operación militar se paralizó «in extremis» e incluso se cerró el espacio aéreo del país, cuyo representante en la ONU ha afirmado que su Estado responderá a cualquier agresión con una acción «decisiva»

16 ene 2026 . Actualizado a las 11:07 h.

Las monarquías árabes del Golfo y Turquía convencieron a Donald Trump de que diera una oportunidad a la diplomacia y frenara el ataque a Irán. Catar, Arabia Saudí, Omán y Egipto optaron por esta vía, ya que temen que el conflicto se extienda a toda la región. A este plan se unió, a última hora, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu que llamó personalmente a Trump para detener un ataque militar inminente contra la República Islámica, según confirmó un alto funcionario a The New York Times. El ataque no se produjo la madrugada del miércoles al jueves, a pesar de que el desalojo de una de las principales bases de Catar y el cierre durante casi cinco horas del espacio aéreo iraní hacía presagiar una acción inminente.

El país persa comienza a recuperar cierta normalidad: Colpisa informa de que las autoridades iraníes insisten en que tienen «la situación bajo control», pero el servicio de internet permaneció ayer cortado por séptimo día y las calles de ciudades como Teherán se llenaron de puestos de control ante el temor de nuevas protestas. Apenas 48 horas después de llamar a los iraníes a mantenerse en las calles, Trump declaró que su Administración había sido informada «por fuentes muy fiables» de que «las muertes están disminuyendo y no hay planes de ejecuciones». En Teherán no bajaron la guardia tras la experiencia del pasado verano, cuando Israel les atacó en medio de las conversaciones nucleares con los estadounidenses. No es el final de la crisis, solo un respiro.

Un farol y riesgos económicos

Medios como Al Yazira argumentaban que todo es una estrategia: «Los faroles de Trump: por qué un ataque estadounidense contra Irán sigue siendo una amenaza real», destacaba una crónica para recordar que las tropas norteamericanas han atacado a países cuando la diplomacia parecía estar funcionando

La incógnita sobre la capacidad de resistencia del régimen, unida a la división de la oposición o las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz —por donde circula entre el 20 % y el 30 % del petróleo que se comercializa por mar en el mundo— o el ataque a bases estadounidenses, ayudaron a la Casa Blanca a reconsiderar la operación.

Por su parte, el representante permanente adjunto de Irán ante la ONU, Gholamhossein Darzi, afirmó este jueves ante el Consejo de Seguridad que su país responderá con una acción «decisiva» y conforme al derecho internacional a cualquier agresión contra la nación persa, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara a la región con un ataque militar. El iraní insistió en que «la incitación a la violencia, el fomento de la desestabilización interna y la amenaza explícita de acción militar» contra el país suponen una amenaza para la paz y la seguridad internacionales.

Un mensaje directo al despacho oval: «No habrá ahorcamientos»

El ministro persa de Exteriores, Abbas Araghchi, ofreció la prueba que pudo detener el ataque al afirmar, a última hora del miércoles, que «la horca está fuera de toda consideración» y que «no habrá ahorcamientos ni hoy ni mañana». Araghchi eligió la cadena Fox News, afín al líder estadounidense, para enviar este mensaje directamente al despacho oval.

El nombre de Erfan Soltani, de 26 años, circulaba desde hace días por los medios como el primer posible condenado a la horca tras su detención por participar en las protestas. Desde entonces está en la prisión central de Karaj, próxima a la capital. La portavoz de la Administración Trump, Karoline Leavitt, presumió de ello este jueves afirmando que «se suspendieron 800 ejecuciones programadas para ayer».

Algo que sí llegó desde Estados Unidos fue una nueva ronda de sanciones a dirigentes del régimen. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró que «por orden del presidente Trump, el Departamento sanciona a los líderes involucrados en la brutal represión».

Una manifestante en Londres sostiene un retrato del heredero Pahlevi
Una manifestante en Londres sostiene un retrato del heredero Pahlevi ABIR SULTAN | EFE

Promesas del monarca Reza Pahlevi desde un cómodo exilio

Algunas protestas, enmarcadas en el movimiento Make Irán Great Again, piden el regreso de un heredero al trono que ha vivido fuera de Irán 48 de sus 65 años

Reza Pahlevi ha vivido 48 de sus 65 años en un cómodo exilio. Esta semana instó a los iraníes a tomar las ciudades para facilitar su regreso, apelando a una revuelta impulsada mayoritariamente por jóvenes de la generación Z, que ni siquiera habían nacido cuando se derrocó el reinado de su padre, Mohammad Reza Pahlevi. Desde sus redes sociales, Pahlevi lanza promesas para un cambio radical: un Irán sin programa nuclear, que retirará su apoyo a «grupos terroristas», restablecerá relaciones con Estados Unidos y reconocerá al Estado de Israel, revirtiendo así las políticas de la actual República Islámica.

Pahlevi, con su madre, Farah Diva en su graduación
Pahlevi, con su madre, Farah Diva en su graduación

El heredero, que vive desde los 18 en EE.UU. y se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad del Sur de California, propone un Estado moderno. Los analistas creen que esta postura refleja una obsesión por distanciarse de los «pecados» de sus padres, el sha de Persia y Farah Diba, quienes perdieron el trono en 1979 entre acusaciones de un lujo desmedido. Desde 1971 este matrimonio encabeza el ránking de derrochadores históricos, gracias a su celebración de los 2.500 años del imperio persa en Persépolis. Para esa fiesta se construyó un aeropuerto exclusivo para aviones privados y una autopista para conectar las ruinas con Teherán. Además, se levantaron cientos de carpas de seda y cocinó Maxim´s, el restaurante más cotizado de París.

Pahlevi (a la derecha), con sus padres y su hermano pequeño
Pahlevi (a la derecha), con sus padres y su hermano pequeño No disponible

Pahlevi nunca ha sufrido apuros económicos —su fortuna se estima en 4.000 millones de dólares, según publican medios norteamericanos—, aunque ha intentado que este patrimonio pase lo más desapercibido posible. Aspira a presentarse como un «lienzo en blanco», una imagen que ha comenzado a generar ilusión en las protestas internacionales. Incluso ha surgido el concepto Miga (Make Iran Great Again), que une la propaganda de Trump con la esperanza depositada en el príncipe.

Aunque en las calles se han llegado a escuchar cánticos como «Pahlevi volverá», esta popularidad se ve empañada por la sospecha de ser una creación un tanto digital. Hay activistas que alertan de que ha detectado que sus apoyos en redes están inflados con perfiles falsos que siguen operando incluso cuando el régimen corta el acceso a internet en Irán. Existe, además, una desconexión entre su discurso diplomático en medios occidentales —donde se ofrece como una «fuerza estabilizadora», amigo de EE.UU. — y la cruda realidad de los iraníes que arriesgan su vida al protestar las calles. Medios como The Jerusalem Post advierten de que su popularidad se desploma en regiones de minorías étnicas como el Kurdistán y Azerbaiyán. Allí, esta saga de monarcas es recordada por un nacionalismo persa que suprimió las lenguas y culturas locales. Para un kurdo o un baluchi, Pahlevi supone «cambiar un dictador con turbante por uno con corona». Sus detractores recuerdan que en la guerra entre Irán e Irak (en los 80) se ofreció a servir como piloto, pero Teherán lo rechazó.