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Antonia Dell'Atte ignora a su abogado y carga contra nombres propios de la prensa rosa: «Todos sabían que Lecquio era un maltratador»

P. V. REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Antonia Dell'Atte, en «La revuelta»
Antonia Dell'Atte, en «La revuelta» RTVE

La modelo se hizo con el control de «La revuelta» en su visita al programa de Broncano y no dejó títere con cabeza: «Ha habido muchos cómplices que tienen que caer, y todos están cayendo»

17 ene 2026 . Actualizado a las 13:50 h.

El abogado de Antonia Dell'Atte le recomendó, de cara a su visita a La revuelta, evitase responder explícitamente a ciertas cuestiones sobre su vida. «Si te preguntan, tú solo di que crees en la justicia y en la ley», le expresó en un mensaje de WhatsApp. No hace falta decir, conociendo a la modelo italiana, que no le hizo ni caso. Entró al escenario como un terremoto, haciéndose con el control del espectáculo y dejando en un segundo plano a Broncano, que primero intentó tomar las riendas sin éxito y después se rindió y disfrutó, como todos los presentes a un lado y a otro de la pantalla, de ese animal televisivo que no dejó títere con cabeza. «Ángel, te recomiendo que veas el programa de hoy, porque te va a gustar y vas a tener mucho trabajo esta semana», le avanzó el presentador al abogado de Dell'Atte en una llamada telefónica.

La italiana tardó apenas unos segundos en mencionar el tema que su abogado le había pedido evitar, el de su denuncia contra su exmarido, Alessandro Lecquio, por supuesta violencia machista. Dell'Atte comenzó ya el programa hablando del machismo, cuando, tocando a Broncano dijo: «Qué suerte que ahora las mujeres podemos tocar a los hombres. Y dicen: "Me estás agrediendo". Pues a tomar por culo. Con todo lo que habéis hecho vosotros toda la vida a las mujeres, con todas las agresiones que ha habido, ahora os toca a vosotros sufrir». Al mencionar la palabra agresiones, alguien del público la instó a hablar claro. «Da nombres», le gritaron. Y sin titubear, hizo caso. «Lecquio».

Broncano no pudo ocultar su sorpresa, y eso que no había hecho nada más que empezar. El presentador le recordó que, antes de empezar el programa, Antonia le había dicho que no iba a mencionar ningún nombre propio, una regla que ya había roto. Pero ella lo corrigió. «No, te dije que no quería nombrar a Ana Rosa Quintana». Otra norma propia rota.

Pero antes de hablar de la presentadora de Telecinco, regresó a su ex. Argumentó que tenía total derecho para hablar de él, dado que fue el aristócrata el que la hizo pública a la musa de Giorgio Armani en España. Entonces se puso seria. «Esto es un llamamiento a la justicia social, no a hacerme la víctima, porque yo no soy una víctima», le aclaró a Broncano sobre una lucha propia que pretende que ayude a todas las mujeres. A ellas, a las víctimas, les recomendó no caer en juicios públicos. «Si tenéis alguna prueba, primero a denunciar, a acusar», les pidió.

También aprovechó para mencionar de soslayo la investigación de Eldiario.es y Univisión sobre las denuncias a Julio Iglesias para compararla con su caso. «Ahí tienes, hay un diario que ha hecho una investigación de tres años, y yo la he hecho sola, recabando todas las pruebas y teniendo todas las puertas cerradas». En ese momento, aprovechó para cargar contra los medios que, durante años, obstaculizaron su caso, a quienes acusó de ser cómplices. «Todos lo sabían. Toda la prensa rosa, Rosa Villacastín,... Todos sabían que era un maltratador y todos le han dado las gracias», dijo, sepultándolos con palabras, «ha habido muchos cómplices que tienen que caer, y todos están cayendo».

Entre esas personas a las que dedicó sus acusaciones estaba Ana Rosa Quinta, a quien acusó de haber «protegido y blanqueado» a Lecquio manteniéndolo varias décadas a su lado. «Me llamaron delincuente, me acusaron de falsificar documentos, de poner denuncias falsas», indicó. El propio aristócrata la denunció en su día por calumnias, una demanda que ganó con la defensa de la abogada Cristina Almeida. Finalmente, tras mucha lucha, Lecquio acabó siendo expulsado de Mediaset, y en eso Antonia le mandó un agradecimiento al nuevo presidente, Alessandro Salem. «Me dijo que no sabía nada, y yo le doy el beneficio de la duda», argumentó.

La modelo lo considera un triunfo personal y colectivo. «¿Está fuera de la televisión el señor Lecquio? Sí. ¿Ha mentido a la audiencia? Sí. ¿Él mismo ha dicho que es un maltratador? Sí. [...] ¿Hay un código de ética por el que los maltratadores no tienen que trabajar? Sí. Yo he conseguido esto; quien ha acabado con un maltratador he sido yo», se congratuló.

No fueron los únicos objetivos de sus críticas en el mundo de los medios. Poco después, Antonia recordó su participación en el concurso ¿Qué apostamos?, donde sustituyó a Ana Obregón como presentadora junto a Ramón García. «Hubo algo muy raro, y no estoy bromeando», deslizó la modelo, «me obstaculizaron en todo».

En ese momento, aprovechó para contar una anécdota con Julio Iglesias, en el foco de la actualidad más que nunca. «Llamaron a Julio Iglesias para que no se acercase a mí; le habían dicho que si me presentaban, él no debería estar a mi lado», narró sobre ese episodio con el cantante español. «Yo lo conocía, porque mi amiga era su secretaria; y cuando lo veo pasar por los pasillos, le dije: ¿Por qué tienes miedo y no quieres que te presente?».

A la hora de buscar culpables, no tuvo reparos en volver a dar nombres propios. «Ramón García, Susana Uribarri... ¿Qué me habéis hecho en este programa?», dirigió como pregunta retórica al que fue su copresentador y a la que era directora del concurso. Volvió a nombrarlos en una nueva interpelación directa aunque sin entrar en detalles. «Ramón García, es verdad; Susana Uribarri, es verdad lo que me habéis hecho». Con ambigüedad, concluyó: «Me putearon y yo tenía que desaparecer».