Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

La línea dura de Vox se consolida tras defenestrar Abascal a toda la vieja guardia del partido

Pablo Medina MADRID / LA VOZ

ACTUALIDAD

El líder de Vox, Santiago Abascal (en el centro) junto a su entonces secretario general Javier Ortega Smith , Macarena Olona, Rocío Monasterio, Iván Espinosa de los Monteros, Jorge Buxadé e Ignacio Garriga durante la asamblea del partido en Vistalegre en el 2020. Solo quedan los dos últimos en el partido, junto a Abascal.
El líder de Vox, Santiago Abascal (en el centro) junto a su entonces secretario general Javier Ortega Smith , Macarena Olona, Rocío Monasterio, Iván Espinosa de los Monteros, Jorge Buxadé e Ignacio Garriga durante la asamblea del partido en Vistalegre en el 2020. Solo quedan los dos últimos en el partido, junto a Abascal. Javier Lizón

La salida de Javier Ortega Smith de la dirección entierra definitivamente la influencia liberal en el partido y abre las puertas al dominio «neofalangista» interno, situando a perfiles más jóvenes como imagen exterior para captar ese voto

18 feb 2026 . Actualizado a las 22:21 h.

El efecto dominó en las filas de Vox no tiene un final a la vista. Han pasado seis años desde que la formación irrumpió en el Congreso de los Diputados y, desde entonces, las cabezas no han parado de rodar desde la guillotina política instalada en la sede del partido de la madrileña calle Bambú. La pugna interna por la influencia sobre Santiago Abascal y el rumbo del partido se ha resuelto a favor de la línea más dura e ideologizada. Un recorrido al que aún le faltan episodios que vivir.

El primer mitin del partido en Vistalegre del 2018 sumó entonces a José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones secuestrado por ETA; a la entonces lideresa del partido en Madrid, Rocío Monasterio; además de a Javier Ortega Smith. Todos arroparon a Abascal ante 9.000 congregados. Y se marcaron dos objetivos: «Hacer España grande otra vez» e impedir la irrupción en el Ejecutivo del Podemos con Pablo Iglesias al frente. Ya partían con algunas pérdidas. Entre los fundadores del partido (en el 2013), el exministro de la UCD Ignacio Camuñas y el exdirigente Alejo Vidal Quadras llevaban tres años fuera. Con ellos también se marchó el filósofo José Luis González Quirós después de que la activista Cristina Seguí le acusara de financiación irregular del partido antes de que este le cediera la silla de presidente al actual jefe del partido.

A pesar de todo, se formó la primera familia feliz de Vox: Abascal lideraba el partido junto a su secretario general, que entonces era Ortega Smith; Iván Espinosa de los Monteros ostentaba la portavocía parlamentaria apoyado por Macarena Olona, una dirigente incendiaria para sus opositores y rockstar para sus electores; y una Rocío Monasterio que haría de punta de lanza para romper la mayoría absoluta de una Isabel Díaz Ayuso efervescente en la Comunidad de Madrid. Pero entre ellos se coló un nombre determinante: el eurodiputado Jorge Buxadé.

En abril del 2019, llegaron las primeras generales para Vox y el partido se estrenó con 24 escaños en el Congreso. Sirvieron de poco: Pedro Sánchez, que venía de desalojar del Gobierno al PP de Mariano Rajoy con una moción de censura, no encontraba mayoría para formar Gobierno y seguir como presidente. En esos momentos, Vox capitalizaba el discurso de una derecha enfurecida por el procés y la huida a Waterloo del expresidente catalán Carles Puigdemont, el miedo a que Podemos «convirtiera España en Venezuela» si pactaba con el PSOE, el negacionismo de la violencia de género y el discurso antimigratorio, que desde entonces mantiene como su piedra angular. Ese discurso le valió ser el contrapeso del PP en Andalucía en el 2018 gracias a la campaña que diseñó otro de los veteranos de Vox, Víctor Sánchez del Real.

Iván Espinosa de los Monteros, Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara, Rocio Monasterio y Javier Ortega Smith cierran la campaña del 10-N.
Iván Espinosa de los Monteros, Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara, Rocio Monasterio y Javier Ortega Smith cierran la campaña del 10-N. Marta Fernández Jara - Europa Pr

La estratagema impulsó a Vox en las elecciones de noviembre del 2019 frente a un Ciudadanos dirigido por Albert Ribera que no consiguió convencer a Sánchez, que acabó pactando con Podemos. Abascal subió entonces hasta los 52 escaños, desbancó a la formación naranja y se presentó como la única alternativa al Partido Popular en el espectro conservador, en parte gracias al tono económico liberal que tejió Rubén Manso en el programa electoral. Un año más tarde, en el 2020, celebraban la cosecha de triunfos de nuevo en Vistalegre aquellos mismos nombres: Ortega Smith, Espinosa de los Monteros, Monasterio y Abascal. Y también Buxadé, que empezaba entonces su guerra interna.

La caída en Andalucía

Por su desempeño en las Cortes como azote del sanchismo, Abascal le reclamó a Macarena Olona que le disputara la Presidencia de la Junta de Andalucía a Juanma Moreno; era el 2022. Fiasco: el PP obtiene en ese momento una histórica mayoría absoluta con 58 escaños. Y pese a pasar de 12 a 14 escaños, Olona no consigue el objetivo de convertirse en agente de presión para Juanma Moreno.

Y ahí entra en escena Buxadé, que culpa al círculo de confianza de la candidata de su fracaso. Y si la estrategia de Víctor Sánchez del Real había sido motivo de orgullo cuatro años atrás, ahora su modelo se veía como un clavo en el ataúd del partido. El líder del partido comenzó a escuchar a su aliado exfalangista y comenzó a establecer un control rígido de la cúpula.

Olona se marchó del partido meses después alegando «motivos de salud», pero un año más tarde avisaría de que su caso se convertiría en tradición: «Me marché porque tenía claro que iban a apagar mi voz», dijo a Onda Cero. Con la salida de la dirigente valenciana, se abría la veda al cambio de visión, de modelo y de estrategia. Persuadido por Buxadé, Abascal aparta de la secretaría general del partido a Ortega Smith, quien había apostado por Olona como candidata (ajeno a la voluntad de esta), y sitúa en ese puesto estratégico a Ignacio Garriga, entonces látigo del partido en Cataluña, donde Vox buscaba afianzar el voto de la oposición voraz al independentismo. Smith, en todo caso, se quedaba en la dirección del partido para no abrir un frente de guerra interno.

De la eclosión había que pasar a la proyección. Los mensajes se endurecieron contra todos. Pedro Sánchez gobernaba ya con Sumar, impulsaba la ley de amnistía, gestionaba la pandemia y contaba como socios a formaciones tan señaladas por la ultraderecha como EH Bildu, ERC o Junts. Garriga llega para romper con todo: defenestra a los vicesecretarios Tomás Fernández (organización) y Marcos Cruz (afiliación) y al responsable territorial de Madrid, Jacobo Vázquez, para convertirlos en «los hombres de negro» de Vox.  

El fin del liberalismo

A lo largo del 2023, la cúpula original de Vox empieza a sufrir el hostigamiento de «los palmeros de Buxadé», como antiguas fuentes del partido consideran a los elegidos por la mano derecha de Abascal para sustituir a los que se considera perfiles «blandos» del partido. Empiezan a planear ideas que se materializarán en el futuro: menos mujeres en la toma de decisiones, más intervencionismo interno, más mando único. En definitiva: más ideología y menos pragmatismo. Y la línea dura del círculo de Abascal comienza a buscar sustitutos para ampliar su influencia.

Julio Utrilla, uno de los favoritos de Garriga y Buxadé, se queda sin escaño en mayo en la Comunidad Valenciana. Se le da un nuevo propósito: asesorar a Rocío Monasterio en Madrid, que también ha recibido el varapalo de la mayoría absoluta de Isabel Díaz Ayuso, para atraerla a la línea dura. A esta tarea se sumaría Marcos Cruz, reconvertido en adalid de Buxadé. La propuesta es simple: seguidismo o despedida. Esto enfada a su marido, Iván Espinosa de los Monteros, la primera espada de los liberales del partido y su figura más profesionalizada.

Tras los comicios del 23 de julio del 2023  y una campaña contra el sanchismo y el PP de Alberto Núñez Feijoo, Abascal sufre un serio correctivo y pasa de 52 a 33 escaños. Los culpables, de nuevo, los liberales. Al menos, a ojos de Buxadé. Espinosa de los Monteros no aguanta más y anuncia su salida del partido en agosto. Javier Ortega Smith, más crítico con la dirección, arremete contra Buxadé y traslada a su amigo saliente: «Siento mucho tu dimisión y mucho más las razones que la provocan». Olona también le da apoyo. Lo mismo que el expresidente de la formación verde en Madrid, José Luis Sánchez, que lanza otro dardo a Abascal: «Te has rodeado de aduladores y no de gente que quiere». Rocío Monasterio se marcharía semanas después. Juan Luis Steegmann, exdiputado defensor de las vacunas y del ala liberal, saldría del partido el año pasado con una acusación muy aclaratoria del sentir de la vieja guardia del partido: «Desde hace años Vox está prescindiendo de la parte más liberal de su programa, y de sus diputados. Es más, ha continuado un viaje nocturno que se acerca al neofalangismo».

A finales del 2023, la cúpula de Vox empieza a verse completada con perfiles de la línea ultra. Buxadé y Garriga se sostienen en Kiko Méndez-Monasterio, exdirector de La Gaceta y negociador de los pactos autonómicos con el PP; Enrique Cabanas, el fontanero de Bambú y hombre fuerte de Abascal; e Ignacio de Hoces. Este último sonó más que logró, ya que se postuló para sustituir a Espinosa de los Monteros en la portavocía parlamentaria y acabó relegado a dos portavocías en el Congreso: Vivienda y Relaciones con el Defensor del Pueblo.

Los tiempos cambian, y el discurso de Vox se ha adaptado al tiempo presente. Uno que, según el CIS, debe centrarse ahora en los jóvenes de entre 18 y 34 años, donde son la opción favorita de voto. La cúpula lo sabe, y por eso su vanguardia se ha dispuesto con figuras como la portavoz parlamentaria, Pepa Millán (nacida en 1995), José María Figaredo (1988), Carlos Hernández Quero (1990) o Júlia Calvet (2000), que es la sustituta de Javier Ortega Smith en la Ejecutiva Nacional. 

El peso de Javier Ortega Smith se ha desinflado considerablemente para Abascal por sus disputas con el resto de la cúpula y sus desafíos al partido. Acompañar a Espinosa de los Monteros en la presentación de su think tank o acudir al día de la Fiesta Nacional pese a la prohibición del partido no fueron gestos bien recibidos en la calle Bambú. En el 2024, Abascal ya le retiró de la Vicepresidencia de Vox para relegarlo a una vocalía junto a Buxadé y Reyes Romero.

Ayer, el líder acabó con el último de su vieja guardia. Y Smith se pronunció en la misma línea que sus predecesores pasados por la guillotina política: «El líder coloca a todos, determina las listas, y todos deben al líder su sueldo, su sustento». Abascal, no obstante, seguirá disfrutando de ser llave de Gobierno para el PP en Extremadura. Y las elecciones en Aragón y Andalucía están a la vuelta de la esquina. Pero el futuro de la cúpula de su partido también es una incógnita. Buxadé es el responsable jurídico e ideológico del partido, pero es Ignacio Garriga el secretario general y vicepresidente único del partido. Y en Vox, cuando se empieza a oler a veteranía, se afilan las espadas.