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Una sentencia sin culpables para la mayor tragedia minera de León

Carlos Peralta REDACCIÓN / LA VOZ

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La familia de Manuel Moure, uno de los seis mineros fallecidos hace doce años en el pozo Emilio del Valle, en La Pola de Gordón (León), en una marcha de protesta con motivo del aniversario del trágico accidente.
La familia de Manuel Moure, uno de los seis mineros fallecidos hace doce años en el pozo Emilio del Valle, en La Pola de Gordón (León), en una marcha de protesta con motivo del aniversario del trágico accidente. J. Casares

El fallo, que es recurrible, absuelve a los 16 investigados doce años después

15 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Los seis mineros muertos por asfixia en el Pozo Emilio del Valle perdieron la vida por un escape de grisú «imprevisible». El adjetivo es clave y definitorio. Destaca en el apartado que explica las causas del accidente en la sentencia del Juzgado de lo Penal número 2 de León. Las familias de los llamados seis de Tabliza —la mina en la que ocurrió el trágico suceso, en el término de La Pola de Gordón, en León— llevaban doce años esperando este fallo, que finalmente absuelve a los 16 acusados en esta causa, ante la que cabe recurso. El plazo inicial era de diez días, pero la jueza de la causa aceptó prorrogarlo tres meses para que las defensas puedan analizar las más de 200 páginas de sentencia. La magistrada, en este mismo texto, reconocía la «complejidad técnica de la materia».

El caso judicial llevaba listo para sentencia desde marzo del 2023, cuando acabaron las ocho semanas de sesiones. Pero una baja médica de la jueza propició un aumento la ya de por sí larga espera. Finalmente, y tras reincorporarse a finales de octubre, la sentencia llegó el 18 de noviembre. El fallo provocó la rápida indignación de los familiares de las víctimas y los mineros heridos afectados. Estos últimos son un total de nueve. Ocho de los profesionales afectados y con secuelas acabaron con una incapacidad total para su profesión. El restante cuenta con una incapacidad permanente.

La sentencia detalla que «la empresa empleó todos los métodos de prevención que actúan sobre los condicionantes de su aparición». También incide en que, aunque en el 2009 se consideró que existía un riesgo de desprendimientos en la trágica séptima planta, se realizaron las «medidas de desgasificación previstas». Además, el fallo añade que «se pudo constatar que no existían signos de sobrepresiones que indicasen el desprendimiento de cantidades de carbón suficientes como para provocar un desplazamiento de metano».

El escrito sentenciador establece por tanto que existió «una emisión brusca y masiva de metano que rebasó el 5 % del grisú y redujo los niveles de oxígeno al 1 % de manera inmediata». La jueza descartó la justificación de muchas de las defensas, que esgrimen que el desprendimiento de la bóveda de la séptima planta, a unos 700 metros de profundidad, provocó el accidente mortal. Los cuatro ingenieros de minas que realizaron el informe sobre la tragedia para la Junta de Castilla y León secundaron esta hipótesis tanto en los días posteriores como en el juicio. «Jugaron a la ruleta rusa. Podía haber pasado en otro relevo y con otras personas», destacó Abel de Prado, uno de los expertos. Los peritos de la empresa especializada en riesgos laborales en minas, Aitemin, descartaron esta posibilidad. En la misma tónica se manifestó Javier Toraño Álvarez, catedrático retirado de Explotación de Minas de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de la Universidad de Oviedo.

La publicación de la sentencia coincide con un año especialmente aciago para lo que queda de la minería leonesa. Seis mineros murieron en Asturias. Otra explosión de grisú acabó con la vida de cinco mineros leoneses en Degaña. Otros dos, uno de ellos de Villablino (León) murieron a causa de un derrumbe en Cangas del Narcea.

Manuel Moure, gallego y leonés de adopción, lleva años reclamando justicia.
Manuel Moure, gallego y leonés de adopción, lleva años reclamando justicia. J. Casares

Manuel Moure, padre de uno de los mineros fallecidos: «No esperábamos que fueran a la cárcel. Nos conformábamos con que la señora jueza dijera que son culpables»

Manuel Moure nació en el barrio santiagués de Angrois, pero gran parte de su vida la ha pasado en Ciñera de Gordón, pueblo leonés de estirpe minera. Entre su padre, su hijo y él pasaron 85 años al servicio de la Hullera Vasco Leonesa. Su querido Manuel, que ejercía de picador, es uno de los seis de Tabliza, los mineros que perdieron la vida por un escape de grisú en el pozo Emilio del Valle el 28 de octubre del 2013. Doce años después, la sentencia de la Audiencia Provincial de León absuelve a los 16 imputados.

—¿Cómo se siente después de conocer la sentencia?

—Nos sentimos muy mal. Imagínate el golpe que nos ha dado la jueza. Los seis mineros murieron dos veces. Una los mató el gas y otra los mató la sentencia. Doce años peleando para que dicte esta sentencia en la que no encuentra nada de culpa en los 16 procesados, cuando se saltaron las más elementales normas de seguridad.

—En el fallo de la Audiencia Provincial de León se argumenta que el escape de grisú era «imprevisible» y que no se incumplió ninguna norma.

—Era previsible. Hubo un montón de incidencias en la sexta planta: tuvieron explosiones, escapes de gas, heridos... Esto fue en la séptima, así que fíjate si era imprevisto. Los testigos que trabajaron allí y declararon decían todos lo mismo, que si se hubiese respetado la norma de seguridad, que consistía en que no se echara carbón en la bóveda, no hubiera ocurrido el accidente.

—¿Por qué considera tan importante la bóveda en las causas del accidente mortal?

—Cuanto más grande sea la bóveda más sitio hay para acumular gas. La única barrera que hay contra el gas es mantener el hundimiento del carbón. El problema fue el hundimiento. Llevaban 15 días sacando carbón cuando lo prohíben las normas de seguridad.

—¿Qué esperaban de este juicio, que se ha demorado 12 años desde el trágico accidente?

—Tenían todos los medios de seguridad a su alcance. Pero sí no los empleas, ¿de qué te sirve? Nosotros no esperábamos que fueran a la cárcel. Nos conformábamos con que la señora jueza dijera: ‘Son culpables'. Nos hubiésemos quedado satisfechos con esas palabras. Pero se ve que mi hijo y mis cinco compañeros fueron hacia el gas a morir, a suicidarse. Es la sensación que me queda a mí. Porque hubo una avería, si no se quedan 30 o 40 ahí abajo. Salieron 16.000 metros cúbicos de metano en un segundo. Se hubiese llevado a todos los que hubiese pillado. Varios testigos dijeron que eran castigados si se negaban a trabajar allí [en la séptima planta]. Como si estuviéramos en la Edad Media. Pero para la señora jueza, estas personas no tenían miedo.