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Los «nepobabies» toman el control

Paulino Vilasoa Boo
P. VILASOA REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Con su apellido como aval, y algunos de ellos también en base a trabajo y talento, los hijos de famosos colonizan más que nunca el cine, la música y la moda

13 oct 2025 . Actualizado a las 19:17 h.

Atrás han quedado los tiempos en los que Nicolas Cage tomaba su apellido artístico de un superhéroe de cómic para evitar que lo acusasen de nepotismo por ser sobrino de Francis Ford Coppola. En los que a Sofía, la hija del director de El Padrino, se le cuestionaba cada paso que daba. Incluso Dakota Johnson, hija de Melanie Griffith, empezó moviéndose un poco de puntillas por aquello del qué dirán.

Ahora todo ha cambiado. Los hijos de famosos —nepobabies—, aquellos cuyos padres aparecen en azul en la Wikipedia, toman el control. Sacan a relucir orgullosos sus apellidos y pueblan cada vez más películas, series, desfiles de moda y listas de éxitos musicales sin pudor alguno.

Algunos con razón, porque se les ha pegado del talento y carisma de sus progenitores. Ahí tenemos casos indiscutibles como Margaret Qualley (La sustancia), hija de Andie MacDowell; Jack Quaid (The Boys), nepo por partida doble como hijo de Dennis Quaid y Meg Ryan; Maya Hawke (Stranger Things), hija de Ethan y de Uma Thurman; Patrick Schwarzenegger (The White Lotus), cuyo apellido no deja lugar a dudas, o Lewis Pullman (Thunderbolts), que ha devuelto la emoción a los fans de Marvel con una interpretación heredera del estilo ambiguo e introspectivo de su padre Bill.

Hay quienes han incluso superado sus legados, como Miley Cyrus, hija del cantante de country Billy Ray Cyrus, que primero como Hannah Montana y luego al margen de seudónimos, se ha perfilado como un icono pop incuestionable.

Y ni siquiera todos han heredado el gusto por la misma disciplina. Gracie Abrams, hija de J. J. Abrams, ha destacado en la música. Lily Collins (Emily in Paris) se ha labrado una exitosa carrera como actriz, lejos del arte musical de su padre, Phil Collins. Lo mismo le ha pasado a Lenny Kravitz con su hija, Zoë, que, como actriz y directora, ha seguido el camino de su madre, la actriz Lisa Bonet.

Uno de los grandes valedores de los nepo babies —por si sus apellidos no fueran suficientes— ha sido el productor Ryan Murphy, que le ha cogido el gusto a incluirlos en series como American Horror Story. Con algunos casos de éxito, como Billie Lourd, hija de Carrie Fisher, o Emma Roberts, sobrina de Julia. Pero también otros talentos mucho más cuestionables. Hablamos de Kaia Gerber, hija de Cindy Crawford, o de Paris Jackson, descendiente del rey del pop.

Porque así como hay algunos de estos hijos de famosos que tienen más que merecido su lugar en el nuevo estrellato, hay otros que parecen estar casi impuestos. Will Smith ha intentado por activa y por pasiva meter hasta en la sopa a su hijo Jaden, que, aunque con buen desempeño, no se ha ni acercado al estatus de su padre. Deacon Phillipe, hijo de Reese Witherspoon y Ryan Phillipe, ha demostrado unas interpretaciones cuanto menos dudosas. Y lo mismo sucede con Scott Eastwood, hijo de Clint, que destaca más por su atractivo que por sus dotes artísticas.

Luego hay los que ni intentan disimular. Apple Martin, hija del cantante de Coldplay y de Gwyneth Paltrow, se pasea por todas partes como socialité. Y Brooklyn Beckham se vale de su apellido para abrirse camino como modelo y fotógrafo, a pesar de que los titulares que acapara tienen más que ver con la tensa relación con sus padres

Algunos incluso están en pareja con otros nepobabies. El antes mencionado Lewis Pullman se paseó sin miedo por el Lido de Venecia de la mano de la también citada Kaia Gerber. Y Sam Nivola (The White Lotus), hijo de Emily Mortimer y Alessandro Nivola, presume de su relación con la actriz Maude Apatow (Euphoria), primogénita del director Judd Apatow y de la actriz Leslie Mann.

El futuro, por lo que se ve, está en manos de aquellos cuyos padres salen en azul en la Wikipedia.