A vueltas con las «garantías de seguridad» para Ucrania

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

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Trump camina junto a Zelenski, Meloni, Macron, Stubb, Rutte y Merz por un pasillo de la Casa Blanca.
Trump camina junto a Zelenski, Meloni, Macron, Stubb, Rutte y Merz por un pasillo de la Casa Blanca. AARON SCHWARTZ / POOL | EFE

20 ago 2025 . Actualizado a las 12:04 h.

Como ocurre con tantas películas, en las cumbres diplomáticas de Donald Trump el trailer suele ser más prometedor que lo que luego se ve en la pantalla. Esto vale tanto para el encuentro de Washington del lunes como para el cara a cara con Vladimir Putin en Alaska de la semana pasada. Más o menos, seguimos en el mismo punto. En Alaska, Putin se limitó a proponer algo que sabe que los ucranianos no pueden aceptar, al menos de momento: entregar territorio que todavía no ha perdido en la guerra. No se comprometió a negociar un alto el fuego. No se comprometió a encontrarse con Zelenski. La única concesión que le arrancó Trump fue una vaga referencia a que aceptaría que se diesen «garantías de seguridad» a Ucrania tras la paz.

De ser así, se trataría de una concesión importante, porque eso es lo único que se le puede ofrecer a Volodímir Zelenski para que se trague la amarga píldora de la cesión territorial. Pero suena poco probable. Todo el discurso de la agresión rusa a Ucrania descansa, entre otras cosas, sobre la tesis (imaginaria, pero creíble para muchos rusos) de que este país se iba a convertir en una base de la OTAN para atacar a Rusia. Firmar ahora una autorización para que la OTAN se despliegue libremente allí tendría poco sentido. Cuando Putin habla de «garantías de seguridad» para Kiev posiblemente se refiere a la desmilitarización de Ucrania con observadores internacionales, como ya propuso en otras ocasiones. En la cumbre de Estambul, Putin incluso pretendía que uno de los garantes de la seguridad de Ucrania fuese la propia Rusia; ahora parece que se conformaría con que ese papel corresponda a China, lo que sería indigerible para Europa.

La reunión del lunes en Washington iba a ser un intento de disipar las brumas en torno a este asunto crucial, pero lo entorpeció otra preocupación más modesta: que el encuentro no se saldase con una bronca. Por eso, una impresionante corte de países europeos acompañó a Zelenski para blindarle de la ira y las presiones de Trump. Funcionó, pero a costa de evitar los asuntos espinosos. Es decir, lo sustancial. A Zelenski nadie le obligó a decir si está de acuerdo en ceder territorio en un acuerdo de paz y a Trump no se le pidió que aclarase qué tipo de «garantías de seguridad» se pueden esperar de Rusia. En los últimos días se había filtrado que Washington estaba considerando la posibilidad de enviar tropas de paz a Ucrania en caso de un acuerdo de paz, pero este martes su postura se desdecía. Solo Giorgia Meloni dejó caer algo que se ha insinuado estos días: que la OTAN podría ofrecer a Ucrania protección bajo el Artículo 5 de la organización sin pertenecer a ella. Pero es dudoso que eso sea posible legalmente y, en todo caso, ese artículo no obliga automáticamente a los países de la OTAN a ir a la guerra cuando otro es atacado. Hasta que este asunto no quede aclarado las negociaciones de paz no solo serán muy difíciles sino potencialmente peligrosas. Porque no se trata solo de poner fin a la guerra de Ucrania sino de impedir que a esta le siga otra mayor.