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Un ataque en la peor hora del régimen iraní

Ricard G. Samaranch DAMASCO / E. LA VOZ

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Un hombre pasa por un grafiti antiestadounidense en Teherán.
Un hombre pasa por un grafiti antiestadounidense en Teherán. Majid Asgaripour | REUTERS

El dúo Netanyahu-Trump podría animarse a intentar forzar un cambio de régimen en el país persa

14 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Después de dos décadas de especulaciones alrededor de un ataque a las instalaciones nucleares iraníes, la noche pasada, Israel, con el beneplácito de Estados Unidos, se atrevió a dar el paso. La opinión de la mayoría de los analistas siempre fue que tal ataque incendiaria Oriente Medio, provocando una gran guerra de consecuencias imprevisibles. Sin embargo, todos los cálculos y equilibrios han cambiado en la región tras los ataques de Hamás del 7 de octubre.

En estos momentos de gran tensión, la duda es hasta qué punto Irán tiene la capacidad de responder de forma contundente a la agresión, o incluso la voluntad de hacerlo. El año pasado, en los dos intercambios de bombardeos entre ambos países, en abril y octubre, el escudo antimisiles israelí fue capaz de neutralizar la práctica totalidad de los proyectiles y drones iraníes. Entonces, los analistas iraníes aseguraron que Teherán no había respondido con todas sus capacidades, sino que se guardó sus mejores cartas como elemento disuasorio ante un posible ataque contra su programa nuclear. ¿Estaban en lo cierto o se era otro farol del régimen de los ayatolás? Lo sabremos pronto. 

Hezbolá, debilitada

De lo que no hay duda es que la principal punta de lanza disuasoria de Irán, la milicia libanesa Hezbolá, se halla extremadamente debilitada y ya no puede cumplir su función. No solo salió claramente derrotada en su guerra contra Israel del pasado otoño, sino que el Ejército hebreo descabezó la organización, e incluso dañó muchos de sus cuadros medios con el audaz ataque de los buscas y walkie-talkies. Aunque Hezbolá quizás disponga de parte de su arsenal de misiles, no está claro que pueda utilizarlos sin sufrir duras represalias. 

La posición de la milicia islamista dentro del país de los cedros es la más precaria de su historia. Cualquier ataque a Israel, se traduciría en una dura represalia que podría afectar las principales infraestructuras del Líbano e inflamaría el conflicto entre la organización y el nuevo presidente, Joseph Aoun, apadrinado por Estados Unidos. De hecho, Aoun se ha comprometido en desarmar a Hezbolá, tal cómo exige Washington.

El hecho de que Irán no haya sido capaz de abatir a ninguno del centenar de aviones que han participado en los bombardeos de la madrugada del viernes da cuenta de la debilidad de su Ejercito, sobre todo después de que los anteriores ataques israelíes neutralizaran buena parte de sus defensas antiaéreas. Los cielos del país persa están ahora desnudos, un pésimo escenario para declarar una guerra total a Israel, y por añadidura, a EE.UU.

Por supuesto, el régimen liderado por el ayatolá Alí Jamenéi ya no puede contar con Hamás, que lucha por su supervivencia en una Franja de Gaza hecha ruinas. Una de las pocas cartas de las que todavía dispone Irán son las milicias chiíes en Irak, y los hutíes de Yemen, que han demostrado ser la más peligrosa milicia proiraní de la región.

Sin embargo, sumando todas las capacidades descritas, no parece que Irán pueda «incendiar la región», como se había temido. Así las cosas, es probable que el régimen se limite a llevar a cabo algunos ataques de limitado alcance y busque algún tipo de acuerdo con Donald Trump que le permita sobrevivir, su prioridad absoluta.

Ahora bien, habida cuenta de su extrema debilidad, el dúo temerario Netanyahu-Trump podría apostar por apretar las tuercas aún más e intentar forzar un cambio de régimen en Irán. Eso si podría desembocar en un estallido de violencia, aunque el corazón de tal deflagración sería en territorio iraní, no tanto en el resto de Oriente Medio. Como sucedió con su aliado sirio Bachar al Asad, si el régimen iraní ha de morir, lo hará matando.