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Así fue la historia real del crimen de Patraix en el que se basa «La viuda negra», de Netflix

P.A.

ACTUALIDAD

María Jesús Moreno, Maje, durante el juicio, en el 2020.
María Jesús Moreno, Maje, durante el juicio, en el 2020.

María Jesús Moreno, conocida como «La viuda negra de Patraix», y Salvador Rodrigo, uno de sus amantes, fueron condenados a 22 y 17 años respectivamente por el asesinato del marido de ella, Antonio Navarro. El crimen se cuenta en una película protagonizada por Ivana Baquero, Tristán Ulloa, y producida por los creadores de «El caso Asunta»

30 may 2025 . Actualizado a las 10:06 h.

El próximo viernes 30 de mayo, Netflix estrenará La viuda negra, una película basada en uno de los casos más impactantes de la crónica negra española: el asesinato de Antonio Navarro Cerdán, conocido como el crimen de Patraix. 

El caso conmocionó en su día a la opinión pública por su complejidad y, sobre todo, por el papel protagonista de su autora intelectual: María Jesús Moreno, conocida como Maje, enfermera en un hospital de Valencia. En agosto del 2017, su marido, Antonio Navarro, fue asesinado de siete puñaladas. La investigación revelaría meses más tarde que el autor material del crimen fue Salvador Rodrigo, compañero de trabajo de Maje y su amante. Después se desvelaría que ella tenía varias vidas paralelas.

Con este triángulo amoroso como telón de fondo de un asesinato, la cinta de Netlfix producida por Bambú Producciones —en concreto por Ramón Campos— y dirigida por Carlos Sedes, cuenta con Ivana Baquero en el papel de María Jesús Moreno Cantó, conocida como Maje, y Tristán Ulloa como Salvador Rodrigo Lapiedra, el amante y cómplice de Maje. Carmen Machi será la inspectora encargada de atraparlos.

¿Cómo fue el crimen de Patraix?

Los hechos sucedieron durante la mañana del 16 de agosto del 2017. Era temprano, las 7:40, cuando Antonio Navarro, ingeniero industrial de 36 años, bajó al garaje de la que era su residencia en el valenciano barrio de Patraix. Iba a coger el coche para irse al trabajo, pero jamás llegaría. Alguien lo esperaba en el garaje para apuñalarlo siete veces, una de ellas en el corazón. No hubo robo. No hubo huida apresurada. El asesino cerró la puerta del coche, dejó todo en orden y se marchó. Fue, según dictó más tarde el tribunal, «un asesinato frío, sorpresivo y planificado». La muerte fue «rápida» y a causa de la destrucción de los «centros biológicos vitales de la víctima»: el corazón y los pulmones.

El autor fue Salvador Rodrigo, el amante de Maje y su compañero en el hospital en el que ambos trabajaban. Se conocieron en el 2015, ella de enfermera y él, 20 años mayor, de auxiliar. Los dos estaban casados. Ella con Antonio —la víctima—, él con Inma, otra sanitaria con quien tenía una hija. Pero se enamoraron. «Lo ví... Allí estaba... Sonriente, con los ojos brillantes desde el control de enfermería de la tercera planta (...) Me gustaba, me atraía, ¡¡¡lo deseaba!!! (...) Su olor, su presencia, su mechita cayendo, su gorrito...», llegó a escribir la joven enfermera al celador, en una carta que se conoció durante el juicio. «Es la historia de amor más auténtica y apasionante que he vivido y la gente pueda escuchar», decía otra.

Tal era la obsesión de los amantes, que Salvador acabaría matando a Antonio por órdenes de Maje. Lo confesó él mismo al jurado«Me preguntó si podía hacerlo por ella y le dije que sí», dijo entonces. «Me comentó que tenían un viaje en septiembre y que no quería irse con Antonio y debía ser antes», agregó a preguntas de su abogado. Luego narró lo sucedido: «Lo preparamos para finales de julio, ella me diría los días que trabajaba él, me dijo el coche, la marca, la plaza y donde lo aparcaba Antonio. Ella me dijo que el garaje era buena opción, que en verano no había mucha gente y le dije que de acuerdo».

Salvador, durante el juicio.
Salvador, durante el juicio. Pool

La noche anterior, Maje le dijo a su marido que estacionara el coche en su plaza y no en el exterior. Por la mañana, Salvador se desplazó hasta la vivienda, se introdujo en el garaje usando las llaves de Maje y, tras localizar la plaza, esperó a la víctima. Cuando llegó, en torno a las 7.40 horas, salió de su escondite y abordó súbitamente a Antonio clavándole el cuchillo. Después, fue a un trastero que utilizaba en Valencia, se cambió de ropa, tiró la que portaban en el momento del crimen a un contenedor y se deshizo del cuchillo arrojándolo a un pozo de un terreno de su propiedad ubicado en el municipio valenciano de Ribarroja. Unas horas más tarde, sobre las 13.30h, Salvador y Maje se reunieron en el domicilio de la hermana de ella y él le relató los detalles del crimen. El cadáver de la víctima fue encontrado por un usuario del garaje aquel mismo mediodía.

 ¿Por qué lo hicieron? 

El día después del crimen, la policía interrogó a Maje. Según las agentes, la actitud de la viuda era «extraña». No paraba de usar el móvil y de mandar mensajes cuando había algún receso. El móvil quedó inmediatamente pinchado y al poco tiempo arrojó un dato fundamental: la joven tenía cuatro relaciones sentimentales al mismo tiempo. Ninguno de sus amantes conocía la existencia de los otros. Uno de ellos ni siquiera sabía que estaba casada. Además de Salvador Rodrigo, el celador que acabaría siendo su cómplice en el crimen, Maje se veía con un fisioterapeuta, un publicista —con quien pasó la noche anterior al asesinato de su marido— y un guardia urbano.

Fue al fisioterapeuta, Tomás, a quien primero le expresó su desprecio hacia Antonio Navarro. «Quiero que se muera, le deseo un mal, esto lo va a pagar caro», escribió en varios mensajes enviados dos meses antes del crimen. Los pinchazos telefónicos ordenados por la policía confirmaron las sospechas de los investigadores. Ante conocidos o familiares, Maje se mostraba abatida. En cambio, con personas de confianza, confesaba que la muerte de su marido había sido una «liberación». Tras el crimen, la relación con Salvador no se interrumpió. Ambos continuaron en contacto hasta que la policía decidió intervenir con una estrategia. Fue el hermano de la víctima quien le comunicó a Maje que había novedades en la investigación y avances en la gestión de la herencia. Ella, a su vez, trasladó la información a Salvador. En esa conversación, él acabó reconociendo su participación en el asesinato.

La detención y el juicio

Los dos fueron detenidos el 10 de enero del 2018. En un primer momento, Salvador asumió toda la responsabilidad y trató de eximirla de cualquier culpa. Sin embargo, ya en prisión y tras enterarse de que Maje mantenía una relación con otro interno del centro penitenciario de Picassent, Salva decidió cambiar su declaración. Solicitó declarar nuevamente ante el juez y expuso con detalle el plan que, según él, había urdido su amante: un crimen que evitara el divorcio y que, además, le asegurara el acceso a la herencia, las pólizas de vida y la pensión de viudedad.

Preguntado por qué aceptó matar a Antonio, ha señalado: «Estaba muy enamorado de ella y continuamente me decía los maltratos psicológicos que sufría. Temía por su vida. No sé por qué acepté. Insistió lo suficiente para convencerme», describió durante el juicio. «Me dijo que mientras estuviera Antonio, ella y yo no podíamos estar juntos», aseguró el celador.

Ella negó esa versión e incluso aseveró que jamás llegó a estar enamorada de Salvador, pese a las cartas de «amor» que le escribía y se han exhibido en el juicio: «Me cuidaba, me protegía, estaba encima de mí y así lo reflejaría en las cartas. Pero no he estado enamorada de él», ha subrayado. «No es cierto que yo planificara y acordara con Salva acabar con la vida de Antonio. Jamás, nunca hablamos de eso. Solo de problemas en mi matrimonio, pero nunca le he pedido eso. Imposible», mantuvo durante el interrogatorio.

 El Tribunal Supremo dictó sentencia firme en el 2022 y ratificó las penas impuestas por la Audiencia: 22 años de prisión para María Jesús Moreno y 17 para Salvador Rodrigo. Para entonces, el vínculo entre ambos ya se había resquebrajado. En prisión, Maje inició una nueva relación con otro recluso, David. De esa unión nació su primera hija, en junio de 2023.

El embarazo marcó un nuevo giro en su vida penitenciaria: fue trasladada al centro de Foncalent, en Alicante, donde se encuentra una unidad especial para madres reclusas. Allí podrá convivir con su bebé hasta que la niña cumpla los tres años.