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Caso Pelicot: un mensaje demuestra que al menos uno de los acusados sabía que Gisèle estaba drogada

María Viñas Sanmartín
maría viñas REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

EDGAR SAPIÑA | EFE

Dominique atrajo a varios agresores ofreciéndoles relaciones homosexuales

10 oct 2024 . Actualizado a las 08:57 h.

Por escabroso, pero también por abominable, porque supera todo límite imaginable —de ser ficción, no resultaría creíble—, el caso Pelicot no solo se juzga en el Tribunal de lo Criminal de Vaucluse: en la calle —y en las redes sociales— se desarrolla un proceso paralelo muy atento a cuánto de punto de inflexión puede suponer el coraje de Gisèle, dispuesta a acabar con la vergüenza y la culpa que históricamente recaen sobre las víctimas. Por eso se enfrenta estoica cada día, una y otra vez, a las imágenes de sus violaciones, de las que nada recuerda; por eso batalló con insistencia para que, además de ella, las viese el mundo entero, para que se supiese lo que le hicieron. No quiere que nadie pueda retorcer el relato, dejar lugar a dudas. Quiere que los vídeos —en los que se la ve completamente inerte, con la boca abierta, respirando profundamente e impasible ante todo tipo de contacto— hablen por sí mismos.

Desde el pasado viernes, este material explícito —grabado por su propio marido— complementa también en la sala anexa, donde público y prensa siguen los interrogatorios, las declaraciones de los acusados. Desmonta todo argumento, el deslizado por la defensa al insinuar que ella sabía lo que pasaba y la manera en la que el juez se refirió a las violaciones como «actos sexuales». Los agresores bajan la cabeza, el propio monstruo de Mazan se tapa los ojos.

A los perfiles psicológicos de cinco acusados más —y a su versión de los hechos— se dedica esta sexta semana del juicio, en la que ha quedado demostrado que al menos uno de los agresores sabía que Giséle había sido drogada. Además, varios testimonios han coincidido en que Dominique Pelicot se ofrecía como anzuelo: dos de los hombres que se sientan en el banquillo aseguran haber acudido a su casa para mantener relaciones sexuales con él, no con su mujer. Solo uno ha reconocido las violaciones.

De todas las edades y distintas procedencias, parecen, sin embargo, salidos del mismo molde: divorciados o con varias relaciones fallidas a sus espaldas, víctimas de traumas infantiles, abiertos sexualmente —tríos, intercambios de parejas— y, la mayoría, clientes de prostitución; casi todos, convencidos de no haber cometido crimen alguno. «Niega los actos para mantener a raya la culpabilidad», dijo ayer uno de los psicólogos forenses de Jean Marc L., de 74 años.

El mayor de los 51 acusados es un conductor de vehículos pesados ya jubilado. Tras separarse de su esposa, hace más de 20 años, «se entregó al libertinaje, con otras parejas, en dos o tres ocasiones»; matiza, sin embargo, que «no le gustó mucho, que no le gustan las cosas extravagantes». Sin embargo, entró en internet sabiendo lo que buscaba y quedó con Dominique en el aparcamiento de un supermercado, donde acordaron volver a verse esa misma noche. Durante el juicio mantuvo que, de haber sabido que su esposa era ajena a todo, no habría acudido a su casa. Ante los investigadores, sugirió una posible confabulación entre el matrimonio, pintándose como víctima de una conspiración.

También habló ayer Didier S., de 68 años, quien aseguró haber ido a Mazan para mantener relaciones solo con Dominique. Explicó que creyó que estaría solo y que, al encontrarse a su mujer, siguió sus instrucciones, siempre sin penetrarla y sin ninguna intención de violarla. «Quiero reiterar mis disculpas a la señora por no haber reaccionado», dijo. Le sucedió en el estrado Karim S., de 40 años. Sus mensajes, descubiertos durante la investigación, confirman que sabía que Gisèle estaba drogada. También en su ordenador se encontraron archivos de porno infantil.