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Ellos cocinan de madrugada para tomar el cocido a las 9 de la mañana

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Ponen el despertador a las 4. Encienden el fuego, poco después empiezan con las filloas con la idea de estar todos juntos y tener listo este imponente banquete a la hora del desayuno

11 nov 2023 . Actualizado a las 18:06 h.

Este grupo de amigos está mal de la cachola, la cacheira y la cachucha. Una vez al año se juntan para desayunar cocido. En lugar de café con leche toman lacón con grelos. A las nueve de la mañana comienza el festín gastronómico, porque la fiesta arranca de madrugada, y no son unos chavales. «Todo empezó como una locura. Cuando llega la temporada de cocidos nos juntamos varias veces y una vez empezamos a darle vueltas a la idea de prepararlo al revés de todo el mundo. Y hace tres años empezamos con lo del cocido a las nueve de la mañana», explica Eduardo Sabajanes, uno de los promotores del singular encuentro. Lo cocinan en una capilla propiedad de Orencio, un hostelero y artista de Ordes capaz de cualquier cosa. Y después lo toman a unos metros, en el café bar Uzal, también de Orencio. «Aunque los doce de la peña estamos en un comedor privado, los clientes que vienen a desayunar se acercan a nuestra mesa sorprendidos por la animación y nos sacan fotos», apuntan. A las nueve de la mañana se sentaron a tomar el cocido, pero ya llevaban varias horas de preparación. 

FUEGO DE MADRUGADA

Compran la materia prima cárnica en Prego, la carnicería de O Mesón do Vento. Su propietario también es miembro de la peña, pero este año no pudo ir a desayunar sus productos. Los grelos son de casa y las patatas de Coristanco. «Quedamos a las cuatro y media de la madrugada, aunque el día anterior dejamos los grelos limpios. Ponemos la tartera al fuego y nos tomamos un café», relata Eduardo. Todos son amigos, la mayoría empresarios de la zona, y se lo pasan en grande. A las cinco y pico de la mañana me cuentan que David se pone a hacer las filloas y antes de las siete alguien se acerca a por el pan recién horneado a la panadería de O Mesón do Vento. «A medida que se va haciendo el cocido empezamos a probar. Y claro, lo acompañamos de vino. A las ocho y media de la mañana ya llevábamos cinco botellas y alguno estaba con el vermú», confiesan. Tras semanas de organización y horas de preparación empieza a amanecer en Ardemil y el cocido está listo. Mientras los habituales del café bar Uzal desayunan, los doce integrantes de este grupo de amigos se sientan a la mesa. Eduardo muestra en su móvil la hora e inmortalizan el momento. No es para menos. La hora de inicio es poco habitual, la de finalización es complicado de detallar. Unos se quedan más y otros menos. Juegan a las cartas, toman dulces, alguno se atreve con un cubata. «A las tres y media tomamos la sopa. A media tarde nos fuimos yendo, aunque alguno se quedó», aseguran. Les llovió toda la noche, pero a ellos les dio lo mismo. Lo pasaron en grande y ya están pensando en el del año que viene. «Estaba muy bueno», destacan. Es posible que algunos piensen que este grupo de amigos que toma el cocido a las nueve de la mañana tienen grelos en lugar de neuronas, pero también existe la posibilidad de que se trate de unos pioneros. Ahora que empieza la temporada de cocidos, quién sabe si se pondrá de moda este desayuno-comida. Este cocido-brunch. Tiene la ventaja de que tienes todo el día por delante para hacer la digestión. Hay que pegarse el madrugón para después darse el atracón. De locos.