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A los padres ya les pesa el curso: «Después de trabajar, nos pasamos la tarde entre deberes, extraescolares... es otra jornada laboral»

ACTUALIDAD

Laura Leiras

Son padres, pero también chóferes, profesores de apoyo y malabaristas. Cuando salen del trabajo, viven una auténtica yincana. Y el fin de semana no mejora. Para los niños tampoco: «Sobrepasan las 40 horas semanales»

14 oct 2023 . Actualizado a las 10:38 h.

Cualquiera que tenga niños en edad escolar sabe de lo que estamos hablando. El verdadero trabajo empieza una vez que sales de la oficina. Allí es donde la paciencia y las prisas pueden llegar a jugar malas pasadas. Porque los padres también hacen de chóferes para llegar a las actividades extraescolares o a las pasantías; de profesores de apoyo al llegar a casa con los deberes; de cocineros para preparar las cenas; de amas de casa poniendo lavadoras y organizando duchas; de oficinistas consultando todos los canales de comunicación y plataformas del cole donde se dejan los deberes y notificaciones; de secretarios para agendar vía wasap los actos lúdicos y celebraciones de los pequeños, también los partidos del fin de semana y las convocatorias... Es una auténtica yincana contra reloj que en muchas ocasiones los sobrepasa y los estresa aún más de lo que ya de por sí están. Son superpadres o seres estratosféricos, capaces de estar en varios sitios a la vez y de hacer cuantas más cosas mejor en tiempo récord. Auténticos malabaristas que se dejan arrastrar por la realidad y la corriente que impera ahora: todo por y para el niño. Aunque también entonan el mea culpa al afirmar que, a veces, se debería priorizar y saber decir que no. Pero lejos de buscar culpables, se trata de mostrar una realidad y unas circunstancias que ahoga a padres y niños.

Carlos Presa es padre de dos hijos, de 11 y 16 años, también es profesor de carrera, aunque no ejerce. Reconoce que no tenía muchas ganas de que se iniciara el curso porque sabe todo lo que implica: «Ya estamos a pleno funcionamiento, pero con pocas ganas, la verdad, porque en cuanto empieza el cole es un no parar». Ese «no parar» es literal e implica estar toda la tarde de aquí para allá, haciendo cuadrantes de horas y encaje de bolillos para llegar a todo: «Acabas saturado. Tienes que conciliar la vida familiar con los horarios del trabajo, prestarles atención a ellos, después el tema de las pasantías... Eso es algo que siempre lo hablamos con otros padres. Desde pequeñitos ya van a pasantía cuando realmente no tendría que hacer falta. Además de lo que hacen en casa. Así que cuando digo que en verano se está genial, lo digo porque entre el estudio, las actividades extraescolares y las pasantías...».

Laura Leiras

Las clases de Apoyo

Ese refuerzo en las academias implica, en el caso de Carlos, que sus hijos le dediquen unas dos horas al día: «De diferentes asignaturas. El mayor va a Matemáticas, Física y Química e Inglés. Y la pequeña, a Matemáticas e Inglés. El mayor ya va solo, pero a ella tienes que llevarla y recogerla. Y luego, lo que hacen en casa». Además, comenta que con algunas asignaturas de su hijo se ve incapaz de ayudarle: «Me veo superado». También cuenta que hace años un docente le llegó a recomendar que su hija fuera a clases de Inglés porque todos sus compañeros iban y el nivel era muy alto: «No lo entendí, habrá que poner el nivel del curso, no el que tiene el resto de la clase porque todos vayan a una academia».

«Después de trabajar, llegas a casa y empieza otra jornada laboral. Esa es la tónica general. Haces un trabajo y luego tienes el otro, que es el de chófer, ajustar horarios para llegar a las extraescolares, los deberes... Y los fines de semana también: cumpleaños, actividades, partidos, exhibiciones.... durante nueve meses vives por y para los hijos. Son dos trabajos», asegura este padre, consciente de que es su responsabilidad, pero que explica que ese es el sentir común de los progenitores, independientemente del colegio al que vayan, tanto públicos como concertados.

Piensa que con lo que los niños hacen en clase debería ser suficiente: «A no ser que falte o no termine en el momento de hacer alguna actividad. Hay esa carencia de que salgan del cole con las cosas aprendidas. Que no sea que lleguen a casa y tengan que hacer otra vez repaso de todo. Salvo que tengan examen, como fue toda la vida. Porque eso de hacer deberes y trabajos... Esas cosas se podrían hacer dentro del horario escolar, porque la jornada que tienen ellos también es considerable».

Sobre ese aspecto, reconoce que sus hijos, aunque nunca han tenido problemas de estrés, «llegan al viernes reventados»: «Están cansados y con ganas de desconectar. Porque ellos hacen más de 40 semanales, sobrepasan la jornada de un adulto. Es una queja generalizada de los padres, es la tónica; también entre conocidos, vecinos y compañeros».

Sin tiempo para nada

Carlos y sus hijos tienen el horario tan medido que para hacer la foto de este reportaje tardaron en encontrar un hueco para estar en casa. «Mejor a las seis y media, porque a las seis llega el mayor del fútbol y luego a las siete ya nos vamos a otra actividad», comenta. Porque claro, también entiende que los niños deben tener alguna actividad lúdica y deportiva. Tanto él como su mujer, tuvieron claro que debían huir de la alta competición: «Siempre hemos buscado más la diversión. Y ellos han ido eligiendo y variando las actividades. Están donde les gusta y donde quieren. El mayor ahora va a fútbol. Empezó hace un par de años. No nos gustaba que fuera de pequeño, porque veíamos que era bastante esclavitud durante los fines de semana con madrugones y partidos. Ahora entrena dos días por semana. Y la niña hace ballet y baile moderno».

Uno de los aspectos que más le preocupa a Carlos y a la mayoría de padres es el gasto económico que implica esta vorágine diaria y la conciliación. «En la paternidad ya va implicado dedicarles el tiempo. Pero el gasto de los libros de texto es como mínimo de 300 euros, tirando por lo bajo. Entre 300 y 500 euros por niño. Luego, está el material escolar. Cuando no puedes conciliar, el gasto del comedor, que son unos 120 euros al mes. Y después las extraescolares y la pasantía. Si va seis horas son 60 euros. Todo son gastos». Por no hablar de la electrónica. «De momento no nos están exigiendo el tema de dispositivos portátiles y aplicaciones. En los colegios públicos, el Abalar todavía es gratuito, pero en los concertados hay que pagar la plataforma», comenta.

Otro de los aspectos que destaca son los canales de comunicación del cole y de los grupos de wasap: «Yo porque estoy metido en el mundo informático, pero no todos los padres entienden, manejan y pueden estar pendientes de las plataformas. Y lo que veo es que no se trabaja con los niños. Tanta plataforma y, al final, soy yo quien la está mirando, no ellos».