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El Gobierno polaco agita el fantasta antialemán por intereses electorales

Ricard G. Samaranch CRACOVIA / E. LA VOZ

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Donald Tusk, expresidente del Consejo Europeo y candidato de Plataforma Cívica a las elecciones generales en Polonia.
Donald Tusk, expresidente del Consejo Europeo y candidato de Plataforma Cívica a las elecciones generales en Polonia. KACPER PEMPEL | REUTERS

Los detractores del opositor Tusk le han acusado de tener vínculos con el nazismo

12 oct 2023 . Actualizado a las 08:40 h.

En carteles, debates y discursos, la presencia de Alemania nunca ha sido tan ubicua en otro país como en la campaña de las elecciones generales que se celebrarán este domingo en Polonia, seguidas con gran atención desde Bruselas y otras capitales europeas. Y es que uno de los ejes de la campaña de Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en polaco), el partido populista y ultraconservador en el Gobierno, es azuzar el sentimiento antialemán de la población y acusar al principal líder opositor, Donald Tusk, de ser una especie de agente alemán.

Durante semanas, la televisión estatal ha bombardeado a los televidentes con una grabación en la que se ve a Tusk diciendo «für Deutchsland» (para Alemania), extracto de un discurso en alemán del 2021, dirigido al partido Cristiano Demócrata germano, en el que le agradecía su papel para superar viejos conflictos al final de la Guerra Fría. Además, en un ya célebre anuncio electoral, un embajador informa al líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, que el canciller alemán le exige subir la edad de jubilación a los 67 años, a lo que él responde: «dígale que Tusk ya no está aquí y las costumbres han cambiado».

«Lo más destacado de estas elecciones es el elemento personal, los ataques entre candidatos. Nunca había visto algo así. Los partidos del PiS y la Coalición Cívica llevan 15 años disputándose el poder y sus líderes, Kaczynski y Tusk, sienten una verdadera animadversión mutua», comenta la analista política Marta Prochwicz-Jarowska. Por esta razón, además de una larga historia de conflictos entre los dos países vecinos, Kaczynski no ha dudado en explotar —y manipular— algunos aspectos de la biografía de Tusk, retornado a la política polaca después de haber sido presidente del Consejo Europeo durante cinco años.

Sus detractores han acusado a Tusk de tener vínculos familiares con el nazismo por el hecho de que uno de sus abuelos fue reclutado durante la II Guerra Mundial para luchar en el Ejército alemán. De nada ha servido que Tusk no se haya cansado de explicar que la leva era obligatoria en su ciudad, Gdansk, con una importante población alemana. Además, también se le achaca haber mantenido, cuando fue primer ministro polaco, una actitud demasiado acomodaticia con la canciller Angela Merkel, de su misma familia política y con la que mantenía una excelente relación.

Por otro lado, con la finalidad de resucitar viejas rencillas, el Gobierno ha vuelto a poner encima de la mesa la cuestión de las reparaciones de los daños causados por la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial. El Ejecutivo de Mora exige nada menos que 1,3 billones de euros, una cifra equivalente al PIB español durante todo un año. El Ejecutivo alemán ha rechazado categóricamente abrir una discusión sobre las reparaciones de guerra porque considera que el asunto ya quedó cerrado con una compensación abonada al régimen comunista polaco en los años cincuenta, un pacto reafirmado en el 2004. No obstante, según las encuestas, un 56 % de los polacos considera que las indemnizaciones de Alemania son insuficientes.

Tanto en Bruselas como en Alemania, la retórica del PiS genera inquietud pues puede complicar las difíciles relaciones con Varsovia. Algo parecido sucede en el cuartel general de la OTAN, sobre todo, habida cuenta de la situación en Ucrania. «Esto no ayuda porque tensiona las relaciones entre dos aliados, y por lo tanto, tensiona la cohesión de la OTAN», declaró a Reuters el general estadounidense Ben Hodges. De hecho, recientemente, se frustró un proyecto entre los dos países para reparar los tanques ucranianos averiados.