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Mara Mariño: «La clave para una relación feliz es un novio feminista»

ACTUALIDAD

Javier Grande Cortés

La escritora, que relata en el libro cómo ha sido víctima de malos tratos, asegura que lo que más le revienta es que un hombre no limpie los baños: «Como no es una profesión soñada, lo justo es repartirla», asegura Mara Mariño

25 sep 2023 . Actualizado a las 09:20 h.

Confiesa Mara Mariño, autora de Todo lo que mi novio debe saber sobre feminismo, que el timing de la presentación del libro ha sido «perfecto», porque se ha publicado en pleno escándalo Rubiales, y ha coincidido con la agresión que recientemente sufrió la reportera de Cuatro Isa Balado. Con un discurso directo y fresco, incluso duro cuando relata su propio testimonio, la activista feminista trata de desmontar la manera de relacionarnos más comúnmente generalizada, basada en el patriarcado. «Tenía claro que lo iban a leer más mujeres —señala— y ver que hay hombres que lo están comprando... Ahí está el cambio, no solo en que ellos nos escuchen, que también, sino en que se informen».

 —¿Qué le dirías a Rubiales si lo tuvieras delante?

—Que lea. Él ha hablado del falso feminismo, y es consciente de que existe un feminismo, pero, por cómo lo ha usado en sus intervenciones, no creo que tenga para nada claro qué es realmente. Creo que necesita mi libro u otro de cualquier autora feminista para enterarse de qué va la cosa.

—No lo tiene claro.

—Nada. No creo que tenga consciencia ni de lo que ha hecho ni de la responsabilidad de sus acciones. Se siente superatacado, pensando que hay una conspiración gigantesca en su contra para sacarle del puesto.

 —No solo es Rubiales, lo que le ha pasado a la reportera de Cuatro Isa Balado, el chat de Magisterio... La sociedad ha dicho: «Hasta aquí» frente a estas actitudes. ¿Algo está cambiando?

—Es que hemos llegado al límite, llevamos muchos años aguantando cosas, al final, lo que le ha pasado a Jenni o a Isa, de alguna manera lo hemos vivido o en primera persona o a través de amigas, de manera reiterada durante años, y esto ha sido la gota que ha colmado el vaso. Además, el hecho de que se hayan concentrado en la misma semana y hayan sido casos tan mediáticos nos ha permitido decir que no es un caso aislado lo de Rubiales, ni lo de esta periodista, ni las conversaciones de WhatsApp... Es un sistema machista en el que estamos viviendo, por desgracia, y estamos hartas, sobre todo nosotras, que somos las que sufrimos las consecuencias.

 —¿Hemos asumido durante años la cultura machista como propia?

—Justo, más que asumir lo que hemos hecho ha sido normalizarla, seguir haciendo nuestras vidas como si eso no hubiera pasado, porque somos muy conscientes de que en el momento en que nos quejamos de estas cosas, la primera reacción es o llamarnos locas o decirnos que nosotras hemos sido quienes nos hemos insinuado, «algo habrás hecho» o «ibas vestida de cierta manera». Y lo que ha pasado con Jenni y con Isa nos ha demostrado que no somos nosotras, que no es cómo vamos vestidas, ya no se le puede echar la culpa al maquillaje, a nuestra actitud... En el fondo, lo sabíamos desde el principio, pero estamos educadas de una forma que le quitamos peso a esto.

 —Se percibe un cambio en la mentalidad de la sociedad, pero todavía queda. Porque la reportera pide perdón por interrumpir la conexión.

—Es que hasta ese punto tenemos integrado el hecho de que lo primero es que seamos profesionales. Al final, lo que llevamos haciendo años es poner en una balanza qué es lo más importante: esto que me ha pasado con este chico o mi seguridad, esto que me ha pasado o mi carrera, esto o mi reputación...

 —¿Tu novio sabe todo sobre el feminismo?

—No te diría que todo, porque ni siquiera una feminista lo sabe, sino que es un proceso constante de aprendizaje, pero sabe un montón, y además, tiene ganas de aprender más. La clave para una relación feliz es tener un novio feminista.

—El prólogo es «heavy»: «Tuve un novio que quiso cambiar mi armario para que fuera más provocativa. Otro me avisaba cuando empezaban a asomarme los pelos de las axilas para que me depilara [...]. Otro se dedicó a controlar mi vida, me llamó loca, me forzó a tener sexo y me pegó».

—Sí, yo cuando hice un poco de retrospectiva de las relaciones de pareja que había tenido, pensaba que habían sido muy atípicas. Luego, hablando con otras mujeres, me di cuenta de que el maltrato, sobre todo el psicológico, es muy raro que una mujer no lo haya vivido. Yo no conozco a ninguna.

 —¿Quizás en ese momento no lo interpretas como tal?

—No. Esa pareja, mira que me hizo cosas, las cuento en el libro, tirarme por las escaleras, ir en el coche yo diciéndole que lo quería dejar y él meterse en el carril contrario y decir: «O estamos juntos o mi vida se acaba aquí», situaciones que te ponían la piel de gallina... Pero no fue hasta que salí de esa relación, que en terapia una psicóloga me dijo que había estado en una relación de maltrato, que yo pude llamarlo así. Yo pensaba: «Si yo he visto carteles del 016 y es una mujer con un ojo morado, y a mí nunca me puso un ojo morado...». Pero me cogió del cuello, me tiró al suelo... Pensamos automáticamente en una mujer a la que le han dado un puñetazo en el ojo, y el maltrato es un crisol de violencias y microviolencias, que van desde que te pega un chicle en la frente, que parece una tontería, hasta que coge un cuchillo y te amenaza.

 —¿Y en la base de esa pirámide estarían las actitudes machistas?

—Yo te estoy hablando de una fase que es heavy, pero eso no es de la noche a la mañana, que es lo que le cuesta entender a mucha gente. Cuando cuentas que has estado en una relación así, la gente te dice: «¿Y cómo sigues a su lado?». Porque eso no sucede nada más empezar.

 —¿Es idílico, no?

—Al principio son personas superencantadoras, te sientes como si fueras la protagonista de una comedia romántica, empieza con cosas muy pequeñitas: «Te voy a ir a buscar a la facultad porque te echo mucho de menos, o a la discoteca porque tengo miedo de que te pueda pasar algo...». Lo ves como algo bonito, cómo se preocupa mi pareja. Luego, un pasito más allá: «No quiero que vayas con tus amigas, hoy estoy de bajón y como buena novia, deberías quedarte... «Pues sí, para eso estamos...». O «yo me sentiría mejor si no tienes a tus ex en Instagram, ¿te importa borrarlos?» ¿Cómo no los voy a borrar, si es mi pareja, con quien quiero estar? Poquito a poco empiezas a saltar una serie de límites, que él no debería estar cruzando, pero que tú no ves que sea un abuso, sino algo normal. Llega un punto en el que no tienes a tus amigas, no tienes control sobre tus redes sociales, seguramente te haya aislado de tu familia, a mí me pasó, —dejé la casa de mis padres para irme a vivir con él y los suyos— consigue hacer el círculo cada vez más pequeñito, y cuando te empiezas a dar cuenta de que estas cosas han pasado, y de que estás sola, y solo está él en tu vida, es superdifícil salir.

 —¿Cuál es la actitud machista que más te revienta?

—El hecho de no responsabilizarse de su parte de las tareas del hogar, y no solo hablo de limpieza y cocina, también de logística y crianza. Hay equis cosas que «como a ellos les gustan menos y a nosotras no nos importa...», pues no limpian el baño nunca. Pero como a ti no te gusta, puedes hacer un ejercicio de empatía de que a tu pareja tampoco, y ser corresponsable. No es una profesión soñada, lo justo es repartirla.

 —El hombre que separa una silla no es un caballero, sino un machista.

—Sí, al final en el momento que tú consideras que tienes que darle un trato diferente a una mujer por ser mujer, el machismo se está colando. Entiendo que existe una educación y un civismo, y que si ves una persona cargada o con dificultades de movilidad, debes facilitarle en la medida de lo que puedas el paso, abrirle una puerta... Pero, ¿en qué momento tienes que cambiar por completo tu comportamiento y tratar a una mujer como si fuera un ser de cristal que se va a romper?

 —¿Cómo es un novio feminista?

—Es una fantasía, y lo definiría como una pareja que se libera de los estereotipos que desde pequeñitos se nos atribuyen, es decir, que no está esperando que tú te depiles, ni que te maquilles, ni te tiñas las canas, ni que tengas que estar en constante guerra con tu celulitis, te acepta y te quiere tal cual eres; empatiza con tus vivencias; está muy en contacto con sus emociones, sabe que puede expresar cómo se siente, emocionarse, que no tiene que estar siempre con esa fachada de hombre fuerte y rudo; que se corresponsabiliza no solo de las tareas, que tiene en cuenta la opinión de la otra persona, es decir, el reparto de poder en la pareja está equilibrado; y sobre todo, con una mentalidad de ponerse en el lugar de la otra persona, cómo se siente, cómo puedo apoyarla. Esto ha ayudado mucho al feminismo a despertar el lado empático de los hombres. Que no es que no lo tuvieran, que creo que es una queja que todas hemos tenido, «tienen cero de responsabilidad emocional», claro que la tienen, es que no han aprendido a expresarla.

 —¿Una falta de educación afectiva?

—Muchísima, y también de que en casa puedan sentirse libres de poder llorar con sus padres, de no escuchar comentarios de «llorar es de niñas», «estás llorando como tu hermana»... Ese tipo de feedback te construye el carácter.

 —Jose Coronado nos dijo que los hombres que no lloran no son hombres.

—¡Qué interesante reflexión! Yo creo que son hombres, pero no pueden ser hombres en su plenitud porque se les está arrebatando una parte de su ser, que es la de sentir, de permitirse expresarse.

 —¿Crees que los hombres pueden ser aliados efectivos en la lucha por la igualdad de género?

—Cien por cien. El feminismo es un movimiento social que necesita que estemos todos involucrados, remando en la misma dirección, y a la vista está de que en el momento en que ellos toman partido, los avances se logran mucho más rápido.