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Ritxar Bacete: «Muchos chicos temen ser cancelados y por ello se oponen al feminismo»

Javier Becerra
Javier Becerra REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

El especialista en género y masculinidad dice que «el cambio es más lento de lo que quisiéramos»

08 may 2023 . Actualizado a las 22:50 h.

Recientes estudios sobre la igualdad en jóvenes manifiestan que entre un 10 % y un 20 % de los chicos presenta notas de masculinidad tóxica. Ritxar Bacete (Vitoria-Gasteiz, 1973), autor de obras como Nuevos hombres buenos o El poder de los chicos, considera que sería un error ver esos datos aislados del contexto general. También que muestran una realidad más compleja de lo que parece.

—¿Qué lectura hace de que uno de cada diez chicos de 15 a 29 años diga que enseñar a un niño tareas del hogar es algo malo?

—Lo entiendo como un tema residual de un modelo que fue dominante y monolítico en generaciones anteriores. La de nuestros padres y abuelos. De ellos es de los que aprendes a ser quien eres y a ocupar un lugar en el mundo. Esto no es que vas a la escuela, te dan un taller y ya está. Tu abuelo jamás cogió una bayeta para limpiar. Tu padre la cogió un poco más. Y tú no te conviertes en un tipo absolutamente transformado de la noche a la mañana. Incluso a parte de los que expresan que un hombre no tiene que ser fuerte y no tiene que mandar les quedan residuos de lo de antes. El cambio es mucho más complejo y lento de lo que quisiéramos.

—¿Puede haber un componente de reacción al feminismo en ello?

—Si vemos la evolución como una línea ascendente, venimos de unas prácticas menos igualitarias, donde las mujeres estaban en un plano de subordinación claro. Eso va siendo cada vez más minoritario. Pero si vemos que la historia es un péndulo, podemos estar en un momento de giro. ¿Qué es eso? Pues que nos estamos encontrando cada vez con más resistencias por parte de chicos que tienen fundamentalmente miedo a la agenda feminista. Eso hay que ponerlo encima de la mesa. Estos chicos no se niegan a compartir y en su vida de pareja tienen prácticas más igualitarias. Pero, por ejemplo, tienen miedo a la cancelación. Hace poco participé en un documental de ETB con chicos. Ellos dijeron que no iban a contestar lo que pensaban, porque si lo decían podían quedar marcados para siempre. Eso genera resistencias. Por ejemplo, el tema del problema de acceso a un empleo de calidad y las políticas de igualdad hace que los chicos se vean con menos oportunidades que las chicas. Estas resistencias ahora son mucho más sofisticadas y asimétricas.

—¿En dónde son asimétricas?

—Los boomers son mucho más favorables a la igualdad en el ámbito salarial y que haya medidas de acción positiva para las mujeres que los chicos jóvenes, por ejemplo. Respecto a la ley de la violencia de género de Andalucía, un 62 % de la población, incluyendo hombres y mujeres, piensan que ante la ley los hombres quedan desprotegidos y no se garantiza la presunción de inocencia. Si más de la mitad piensa eso, significa que un porcentaje muy elevado de los chicos jóvenes lo piensa también. Muchos tienen la percepción de desprotección y temen ser cancelados, por ese motivo se oponen al feminismo. Son dos elementos que aparecen en chicos que han crecido en ambientes feministas, incluso hijos de mujeres que han liderado el movimiento. Las propias madres me han preguntado alguna vez qué pasaba, si su hijo era un chico majo con relaciones saludables con sus parejas. De repente, sale en él una emocionalidad que genera resistencias. Los chicos tienen miedos y, si no lo entendemos, no estaremos entendiendo el péndulo de la historia, que nos puede dar muchas sorpresas. Cuando analizamos el voto de la ultraderecha como fenómeno global, tanto en España como en Brasil y Estados Unidos, se nutre fundamentalmente de dar cobijo al miedo de los hombres a vivir en igualdad.

—¿Ve probable un rebrote de machismo más allá del actual?

—No creo que haya un rebrote en plan caverna, pero sí que puede haber un rebrote más complejo y que va a tender a una derivada política, que producirá una regresión de las políticas de igualdad. Al final, el voto más enfadado con estos temas se lo llevan las formaciones reaccionarias que no creen en la igualdad. Hay que tener en cuenta el impacto que el sexismo tiene en los chicos, que es un impacto legítimo. La pérdida de privilegios y el cambio de estatus genera miedo. O lo acompañas con propuestas positivas y abriendo conversaciones en positivo o genera reacciones. Una cosa es el modelo de masculinidad en el que hemos sido socializados y otra cosa son ellos. Ellos no han creado su propio sexismo, ni su propio machismo.

—Dice que las políticas de igualdad deben ser integrales.

—Los hombres tenemos género. Los accidentes de tráfico, los suicidios, la criminalidad, las adicciones y la violencia afectan más a los hombres. ¿Qué pasa con ellos? Hay problemas específicos de hombres y tienen que ver con el género. Hay que meter a los hombres en la agenda de la igualdad y el feminismo, pero en positivo. No solo hablando de privilegios y micromachismos, sino de cómo juntos construimos una agenda para un mundo en el que podamos ser más iguales, más libres y más felices. O metemos a los chicos en la agenda o nos estaremos convirtiendo en responsables del rebrote.

—¿Falta explicar las ventajas que para ellos tiene el feminismo?

—¿Cómo se trabaja la coeducación? A través de hitos. Tenemos el 8M y el 25N, fechas en las que es necesario, lógico y justo que el foco esté en las mujeres. Pero los chicos están observando. El 25N creo que, de una manera más errónea y peligrosa, nos equivocamos en cómo trasladamos el mensajes. Cuando tenía seis años mi hijo me habló del 25N como el día que nos dicen a los «chicos que somos malos». Les estamos trasladando el mensaje mal y confundimos a los hombres con la masculinidad tóxica, cuando hay masculinidades pacíficas, colaboradoras y cuidadoras. Y no podemos el foco en esa masculinidad.

—¿Su visión pone a los hombres como víctimas?

—Hasta que no nos planteemos superar el binarismo no hay nada que hacer. Estamos hablando de humanidad y esta avanza en comunión entre mujeres y hombres. O lo resolvemos de forma conjunta o no habrá solución. Ni siquiera la violencia contra las mujeres es un problema solo de las mujeres, sino que es de los hombres y lo sufren las mujeres. El problema de la doble y triple jornada de las mujeres tiene que ver con las desresponsablización de los hombres en los cuidados. Por una cuestión absolutamente práctica necesitamos cambiar a los hombres para que nuestras niñas vayan seguras por las calles y para que puedan desarrollar su carrera profesional, porque los chicos son corresponsables.