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La herida abierta de los abusos en Portugal: «Cuatrocientos casos no son tantos»

brais suárez LISBOA / E. LA VOZ

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YIANNIS KOURTOGLOU | REUTERS

Rebelo de Sousa pidió disculpas por sus palabras sobre la pederastia en la Iglesia, que no calan en la sociedad

14 oct 2022 . Actualizado a las 08:41 h.

No se veía venir: unas palabras del Presidente de la República de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, desataron una tempestad política y mediática en el país luso, que el Primer Ministro, António Costa, intentó aplacar casi al momento: «todos nosotros, en la vida política, no siempre usamos la mejor expresión». Pero, de hecho, las declaraciones de Rebelo de Sousa ocurrieron no solo no eran las más acertadas, sino que llegaron en el peor momento y sobre uno de los temas más delicados de la actualidad portuguesa.

Fue este martes, cuando, en un aparte, los periodistas preguntaron a De Sousa su opinión sobre los informes de la comisión independiente de la Iglesia que analiza los abusos a menores: «400 casos entre millones no es particularmente elevado», contestó el Presidente, y a continuación añadió que «nunca se está manchado cuando se intenta descubrir la verdad». Después pasó a lo más práctico: no cree que estas revelaciones pongan en peligro las Jornadas Mundiales de la Juventud que podrían llevar hasta un millón de personas a Lisboa el próximo año.

El tema surgió después de que la mencionada comisión de investigación revelara haber recibido 424 testimonios de abusos a menores, la mayoría de ellos ya prescritos. De hecho, aunque los investigadores creen que eso es apenas la punta del iceberg, solo 17 casos pasarán a la Fiscalía. En su intervención, De Sousa también se cubrió las espaldas aludiendo a su estrecha colaboración en las investigaciones de estos casos. Pero afirmaciones previas también ponen sobre la mesa su cercanía con la cúpula de la Iglesia portuguesa.

En julio, salió en defensa de los cardenales Manuel Clemente y José Policarpo, por presuntos encubrimientos de abusos en la diócesis de Lisboa. Hace solo unas semanas, avisó al presidente de la Conferencia Episcopal, José Ornelas, de que la Fiscalía abriría un caso contra él. Y cuando todavía se estaba justificando (ante Ornelas por tramitar la denuncia y ante el público por haberle avisado), la justicia anunció una nueva causa contra el presidente de la Conferencia Episcopal, también por encubrimiento de abusos.

Más allá del «desliz» que menciona Costa, el presidente puso sobre la mesa preguntas fundamentales durante un proceso tan doloroso para Portugal. Por una parte, parece intentar relativizar la repercusión de los hechos; por otra, despersonaliza el dolor de las víctimas al convertirlas en meras cifras. Pero, quizá, lo más difícil para los portugueses es encajar este cinismo y distanciamiento con la imagen imborrable de aquel Rebelo de Sousa desconsolado por los incendios, de ese Marcelo que siempre fue más persona (y creyente) que político.

Disculpas en público

El jueves, De Sousa compareció para pedir disculpas en público y reiterar su compromiso con la investigación. Se suman a los comentarios de António Costa, que dijo que todo respondía a una «interpretación intolerable» de las palabras del Presidente. Los opositores del Bloco de Esquerda, que ya habían tachado las palabras de «miserables», no tardaron en responder que ambos líderes políticos van de la mano para «lavar» sus polémicas.

La Iglesia portuguesa trata de recomponerse ante las revelaciones de la comisión de investigación independiente. Además de los más de 400 testimonios identificados, el presidente de este órgano advirtió de que otros 30 casos podrían sumarse a los 17 ya aceptados por la Fiscalía, así como podrían incluirse nuevos testimonios hasta finales de Octubre, de cara al informe final sobre abusos en la Iglesia que debe presentarse el 31 de enero de 2023.

En el horizonte, también está la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud y la Iglesia intenta expresar su compromiso con su remodelación. Además de las reiteradas peticiones de perdón, la comisión sugirió a la Conferencia Episcopal que elabore un símbolo que recuerde el arrepentimiento.