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Rafael Doménech: «Si EE.UU. entra en recesión, el BCE no necesitará subir tipos tan rápido»

Olimpio Pelayo Arca Camba
o. p. arca SANTIAGO / LA VOZ

ACTUALIDAD

PACO RODRÍGUEZ

El responsable de Análisis Económico de BBVA Research apunta a una aceleración del crecimiento por la recuperación del turismo

04 jul 2022 . Actualizado a las 13:35 h.

La economía española vive una compleja coyuntura. Rafael Doménech (São Paulo, 1962) analiza varias de sus claves principales.

—El IPC adelantado de junio ha sido del 10,2 %. ¿Como cerrará el año?

—Estamos en proceso de revisión. El pico de la inflación dependerá de cuándo se alcance el de materias primas tan importantes como el petróleo o el gas. En principio, nuestra previsión para el año era un 7 %, pero hemos visto alguna sorpresa negativa los dos últimos meses. Dependiendo del dato de junio es posible que tengamos que revisar al alza la previsión, y que la inflación termine siendo algo más elevada y persistente en el tiempo.

—El Gobierno asume ese mismo escenario. ¿Es una inflación estructural?

—No. Si conseguimos evitar efectos de segunda ronda y que la inflación se enquiste —y esto solo se daría en la medida en que todos los agentes económicos aumenten sus expectativas de inflación a medio y largo plazo y que los procesos salariales, de determinación de precios y de rentas empiecen a incorporarlas—, no estamos ante una situación de una inflación permanentemente más elevada. Es un proceso en que materias primas tan importantes como las energéticas, pero también otras, se han incrementado, lo que desencadena una actualización de precios con un efecto arrastre sobre todo el sistema productivo. Hasta que esos cambios en los precios relativos no terminen por producirse, la inflación no se estabilizará en tasas más bajas. Pero los bancos centrales actuarán de manera contundente para asegurar que a medio-largo plazo la inflación alcance el objetivo, que en el Banco Central Europeo (BCE) es un 2 % de media.

—¿Cómo debería actuarse con los salarios y las pensiones?

—Con mucha prudencia, en la medida en que esta inflación empobrece al conjunto del país. Cuando se encarece el petróleo y el gas, como importadores que somos tenemos que transferir más renta al resto del mundo. Esto nos empobrece a todos. La mejor manera sería un pacto de rentas lo más amplio posible, de manera que el coste se distribuyera de forma proporcional. Por eso es conveniente que las rentas salariales y de pensionistas, y los beneficios de las empresas, se vean proporcionalmente afectados. Cuanto más extensa sea esa redistribución social, también en el tiempo, menores tendrán que ser los costes que soportarán unos colectivos en beneficio de otros que ven cómo su poder adquisitivo se mantiene.

—¿Y los tipos de interés?

—Las previsiones apuntan el inicio de una subida. El BCE ha dicho que tendremos tipos de interés de intervención más altos de 100 puntos básicos a finales de año, y a finales del 2023 fácilmente alrededor de los 250 puntos básicos; en Estados Unidos incluso más elevados. Con esas expectativas, hemos visto ya cómo el euríbor ha empezado a subir, desde tasas negativas en que estaba el pasado año a acercarse ya a niveles de 100 puntos básicos (una subida muy fuerte), y en el bono a 10 años también se ha incorporado ya parte de la subida de tipos de interés. Lo normal es que la subida siga, y no sería un mal síntoma: el tipo de interés neutral para el BCE, para el tipo de interés de intervención, está entre 150-200 puntos básicos. Si no se alcanzan esos tipos será porque Estados Unidos o China han entrado previamente en recesión, y ante una caída de la demanda agregada a nivel mundial el BCE no necesitaría subir tipos tan rápidamente y a niveles tan elevados.

—¿Cómo compaginar el control de inflación y de prima de riesgo?

—Conforme el BCE acaba sus programas de expansión y sube tipos de interés, las primas de riesgo empiezan a ampliarse para algunos países. Hemos salido de la pandemia con niveles de deuda más elevados, con déficits públicos más persistentes, y eso se refleja en las primas de riesgo. Al final de la anterior crisis de deuda soberana enfrentábamos un problema de deflación, y las políticas para combatirla eran las mismas que para frenar el aumento de las primas de riesgo. Pero ahora la inflación exige retirar liquidez y aumentar tipos de interés, en contradicción con el necesario aumento de liquidez en mercados de deuda soberana para rebajar primas de riesgo. Se requiere un BCE más imaginativo en un instrumento que cumpla su prioridad de control de inflación y al tiempo, de primas de riesgo.

—¿Qué previsión de crecimiento de PIB manejan en este ejercicio?

—El 4,1 %. El primer trimestre, con la huelga de transporte, guerra en Ucrania, aumento de incertidumbre y precios de la energía que se disparaban, creció menos de lo previsto. En el segundo la economía ha aguantado bastante mejor, y todo apunta que el tercer trimestre presentará tasas de crecimiento muy positivas por la recuperación del turismo. También esperamos una aceleración muy significativa por la ejecución de unos 15.000 millones de fondos europeos, que podrían dar entre 1 y 1,5 puntos de crecimiento añadido al PIB de España, frente a las tres décimas que supusieron en el 2021.

«Es difícil aventurar hoy hasta dónde puede llegar el precio del petróleo»

—¿Puede pronosticarse un techo a la subida de unos carburantes ya por encima de los dos euros por litro?

—Es difícil aventurar hoy hasta dónde puede llegar el precio del petróleo o del gas, porque tampoco sabemos si se producirá una nueva escalada del conflicto en Ucrania, si puede haber algún tipo de embargo o sanciones adicionales... Y vemos que la demanda de petróleo y gas está muy por encima de los niveles prepandemia, al tiempo que durante la pandemia las inversiones en estos sectores se han visto reducidas. Por tanto, atender toda esa demanda costará tiempo. No es descartable, y algunos expertos así lo adelantan, que no hayamos visto todavía el pico de precios de la energía, que determinará en última instancia dónde y cuándo veremos el pico de los carburantes.

—El Gobierno intervino para rebajar la electricidad. ¿Cuál sería la fórmula en los carburantes?

—Es muy difícil. Porque oferta y demanda determinan el precio a nivel internacional. En la medida en que la demanda mundial, como consecuencia de la recuperación, está por encima de la oferta, el precio sube y no queda más remedio que pagar más. La única manera que tenemos de enfrentarnos al problema, que es relativamente estructural hasta completar la transición energética, es tratar de reducir el consumo y mejorar la eficiencia energética. Todo lo que hagamos de reducir imposición en los carburantes y consumo de energía alivia la factura, pero a expensas de un mayor consumo. La mejor estrategia es que los precios reflejen plenamente este problema de escasez a nivel mundial, y que eso nos obligue a racionalizar los niveles de consumo, y en todo caso, que aquellos sectores más vulnerables de la sociedad puedan recibir algún tipo de compensación. Ayudas puntuales, tanto por colectivos como en el tiempo.