Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

Óscar Alzaga: «El papel del rey Juan Carlos I en la Transición fue mínimo»

Nuria Guillermo A CORUÑA

ACTUALIDAD

Óscar Alzaga presentará su libro sobre la Transición en A Coruña.
Óscar Alzaga presentará su libro sobre la Transición en A Coruña.

El cofundador de UCD considera que la Unión Europea fue «la fuerza motriz» que contribuyó a la democracia en España

15 jun 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Óscar Alzaga (Madrid, 1942) fue uno de los cofundadores de Unión de Centro Democrático (UCD), el partido que ganó las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista, diputado y miembro de la comisión que aprobó la Constitución de 1978. El político y catedrático de Derecho Constitucional presenta este miércoles en el Ateneo Republicano de Galicia, en A Coruña, su libro La conquista de la Transición (1960-1978).

—¿Por qué decidió escribir sobre la Transición?

—En su día, la quema sistemática de la totalidad de los archivos policiales de diversos servicios, desde la Guardia Civil hasta la Brigada Social y otros servicios especiales de información, que se produjo en la sede central de la Guardia Civil en Madrid, fue una convulsión que sufrimos los que habíamos pertenecido a la oposición democrática. Estuvo organizada por el ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, y respaldada por el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. España ha sido el único país europeo con una dictadura en el siglo XX cuyos archivos de la represión policial se han destruido. Se han conservado los archivos que había en la Alemania nazi, en la Italia fascista, en otras dictaduras como la de Salazar en Portugal, en la Grecia de los coroneles... Cuando se reunificó Alemania, Helmut Kohl negoció con los otros partidos alemanes para que se pusieran como condición inexcusable que los dirigentes de la Alemania comunista conservaran los archivos de la represión política. Por tanto, el único país que los ha destruido ha sido España. Cuando uno lee lo que se escribe sobre esa época, percibe que no se conoce lo que realmente ocurrió y la forma en que la oposición democrática trabajó, que hizo inviable la continuidad del franquismo. Yo estuve en esa oposición, concretamente en el partido que se denominaba Izquierda Demócrata Cristiana, y tengo vivencia de aquello, pero, sobre todo, conservo muchos documentos e información, así que me comprometí a escribir una exposición de cómo trabajó la oposición democrática durante aquellos difíciles años y eso es lo que he publicado. Prácticamente todo lo que se va narrando está bien definido y complementado con información, con notas a pie de página o en anexos. Todo está probado.

—¿Por qué existe esa visión alterada de cómo fue ese período de la historia?

 —Porque la decisión de los antiguos franquistas de que la oposición no existía y de borrar los testimonios, pruebas y datos que había sobre ella ha conducido a que la generación más joven no haya podido obtener conocimiento de lo que se ha reducido a cenizas. Mi libro es extenso —y hay otra edición más extensa— y, a medida que uno va leyendo, va comprobando que hay muchas cosas que no se cuentan o no se conocen y que son muy importantes.

 —En su juventud, estuvo vinculado a grupos católicos que estaban en contra del catolicismo que se promovía desde el régimen franquista. ¿Cómo recuerda este movimiento?

—Pertenecí a dos congregaciones marianas, en las que se seguían con mucho interés y admiración las líneas que marcaba el cardenal Montini cuando estaba en Milán y, después, cuando fue elegido como papa y adoptó el nombre de Pablo VI. Había sido consiliario de la acción católica estudiantil en Milán durante el período de Mussolini y había respaldado las actividades de protesta de los estudiantes católicos frente a la dictadura fascista. Era un hombre convencido de que los valores cristianos de amor al prójimo y de respeto por los derechos y libertades de las personas no se respetaban por las dictaduras de carácter fascista. Consiguientemente, respaldó las actividades de la oposición demócrata cristiana en España de una forma que le agradecimos mucho. En el libro incorporo una foto en la que se ve una manifestación organizada por el SEU [el Sindicato Español Universitario, vinculado a la Falange] ante la embajada italiana en Madrid con una pancarta que dice «la democracia cristiana nos ha salido marrana». Era una manifestación en la que aquellos chicos del SEU gritaban «Sophia Loren sí, Montini no». Esto explica bastante el clima que había en aquella época.

—¿Cree que ha trascendido lo suficiente que, durante el franquismo, también existía este movimiento de oposición?

—Creo que lo que pasó durante el franquismo, sobre todo en la etapa desde 1960 hasta que fallece Franco —que es la etapa en que el franquismo se encuentra con una oposición muy respaldada por Europa— hoy no se conoce. Es necesario aportar los hechos con fechas y con citas. Mi libro está repleto de citas de documentos que se conservan en archivos privados importantes, que son consultables, y de prensa extranjera de la época. Son los corresponsales extranjeros en España los que daban información de lo que hacía la oposición democrática. En esos días, los periódicos que informaban de ello no tenían acceso a España porque la censura se lo impedía, pero hoy están en ciertas bibliotecas públicas españolas, como la hemeroteca nacional, y ahí está guardado día a día lo que hizo la oposición. No es una cita de un día, son miles de crónicas sobre miles de actividades. Yo he querido ofrecer a los historiadores un importante resumen y enseñarles las pistas por las que se puede acceder a nuestra verdad histórica.

—También fue uno de los fundadores de UCD y diputado en la Comisión Constitucional. ¿Cómo recuerda el proceso de creación de la Constitución de 1978?

—El proceso que conduce a la Constitución está precedido por una ley electoral. En 1974, cuando Franco ya está flojo de salud, el ministro de la Presidencia, Antonio Carro, me encarga que le digamos por escrito las garantías que queremos de la ley electoral para poder acudir a unas elecciones. Él sabe que la Comunidad Económica Europea [CEE, antiguo nombre de la Unión Europea] había dejado claro en el Congreso de Múnich que España no podía entrar en Europa sin aceptar una serie de condicionantes, entre ellos configurar previamente un Estado de derecho, con unas elecciones libres y un Gobierno provisional que se pusiese a promover una Constitución. Cuento en el libro como en ese año no es que le diéramos las condiciones que queríamos que cumpliera la normativa electoral, sino que se quedó sorprendido cuando meses después le entregamos un texto con más de 170 artículos, 4 disposiciones finales, una amplia exposición de motivos y una serie de anexos con el texto que proponíamos de ley electoral. Lo redactamos entre una comisión de juristas que, eventualmente, se reunían en mi despacho y en la que había representantes de diversos partidos de la oposición. La ley electoral que aprobó el Gobierno de Suárez coincide al 90 % con el texto que nosotros habíamos aportado. Tiene modificaciones que no pasan del 10 % del texto. Sobre la Constitución hay mucho escrito. Como catedrático de Derecho Constitucional, he publicado mucho al respecto y me parece que tiene algunos defectos menores que se deberían subsanar. Su principal problema es la alergia contra el reformismo. Alemania reforma su Constitución a razón de más de un artículo por año. Nosotros solo la hemos reformado tres veces porque nos lo ha exigido la UE. Hace falta más clima de convivencia de las fuerzas políticas para actualizarla cuando el cambio de circunstancias lo requiere. Fuera de esto, es una buena Constitución para su época.

 —Cuando se habla de la Transición, también se menciona con frecuencia al rey Juan Carlos I. ¿Cuál fue realmente el papel del monarca en este período?

—Fue mínimo. La fuerza motriz de nuestra Transición es el europeísmo. Europa nos había dicho las exigencias para entrar en la UE desde 1960, qué paredes maestras tenía que tener el Estado de derecho, qué requisitos tenía que cumplir, cuántas cosas había en el franquismo que no eran aceptables... Todo eso nos lo habían dicho desde 1960. No se trataba de otra cosa que no fuese poder abandonar el franquismo para construir un Estado democrático de derecho que cumpliera todos y cada uno de los parámetros que requería la CEE para ser país miembro de la comunidad. El rey Juan Carlos estaba sentado en la Jefatura del Estado, pero, en las monarquías de los Estados de derecho, los monarcas reinan, pero no gobiernan. Son instituciones altamente representativas que no toman decisiones políticas. En esa época, daba igual que hubiera un presidente de la república que un rey, ninguno de los iba a poder decidir nada concreto sobre política. El rey Juan Carlos no podía decidir nada sobre la Constitución ni sobre las decisiones que se tomaban en el Consejo de Ministros, al que no pertenecía. Por tanto, quienes han querido atribuir hazañas al monarca en la Transición nos tienen qué explicar de qué están hablando porque carece de fundamentos.

—Parece que ciertas cuestiones sobre la Transición están llegando a la actualidad de forma distorsionada. ¿Cómo podríamos mejorar esta memoria histórica?

—Hay que solicitar cariñosa y constructivamente a los historiadores profesionales, es decir, a los catedráticos de Historia de las universidades españolas y a los profesores de historia de los institutos y colegios, que asuman en sus tareas de investigación docente reconstruir la historia de ese período, no en base a narraciones verbales interesadas de unos y de otros, que les interesan para sus pretensiones políticas. Lo que nos interesa es reconstruir la historia en base a las pruebas documentales. Si yo he hecho eso, que soy catedrático de Derecho Constitucional, los historiadores lo pueden hacer mejor. Hay que rogarles que sigan esa pista de buscar los archivos, los documentos, las fuentes, la prensa extranjera..., e ir publicando monográficos sobre determinados períodos y facetas para poder reconstruir totalmente la Transición. No se transita cuando muere Franco, se ha empezado a transitar antes. Cuando fallece el dictador, la Transición jurídico-política es inevitable porque la sociedad española ha transitado. España necesitaba, por motivos sociales, económicos y de convivencia, ser una democracia incorporable a la UE y, para ello, había que cumplir con todos los requisitos para el acceso. Europa nos marcó el camino y el objetivo. Nosotros tomamos buena nota y seguimos ese camino, y alcanzamos el objetivo que nos exigía Europa. Esa fue la realidad de la Transición y es perfectamente reconstruible.