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Boris Johnson intenta reformar la norma que le obligaba a dimitir por el escándalo del Partygate

juan alonso LONDRES / E. LA VOZ

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Boris Johnson, durante una visita el 27 de mayo a una empresa en Stockton-on-Tess
Boris Johnson, durante una visita el 27 de mayo a una empresa en Stockton-on-Tess

Desde la oposición acusan al mandatario de maniobrar para «salvar su pellejo»

30 may 2022 . Actualizado a las 08:49 h.

Boris Johnson se aferra a su sillón en Downing Street con uñas y dientes. Así tras hacer oídos sordos al duro informe sobre el Partygate publicado la pasada semana, en el cual se le acusa de tolerar —cuando no orquestar— las fiestas ilegales celebradas en su despacho durante los confinamientos contra el covid-19 y se le exige asumir la responsabilidad en ellas, el primer ministro británico ha reformado la norma que le obligaría a renunciar al cargo por mentir al Parlamento sobre el escándalo.

«Es desproporcionado esperar que cualquier incumplimiento, por menor que sea, conduzca automáticamente a la dimisión o al despido» de un ministro o del propio jefe del Gobierno. Con estas palabras el mandatario conservador justificó este viernes su decisión de modificar el llamado Código de ética ministerial. De ahora en adelante cualquier alto cargo del Ejecutivo que se comporte o actúe de forma contraria a lo señalado en el texto podrá evitar perder su puesto con «una disculpa pública, una acción correctiva o una suspensión temporal de su salario».

Mentir al Parlamento solo será causa de destitución si se comprueba que ha sido intencionalmente. A medida que en los últimos meses se han producido nuevas revelaciones en la prensa y que las investigaciones policiales y la que condujo la subsecretaria de la Oficina del Gabinete, Sue Gray, sacaron a la luz la magnitud de las celebraciones, obligando a Johnson a desdecirse, este siempre ha sostenido que nunca mintió premeditadamente a los diputados, sino que habló según la información que tenía de primera mano.

Un adorno

Pero el premier no solo eliminó la disposición que lo obligaba a renunciar por falsear o desinformar a la Cámara de los Comunes, sino que de paso incluyó en el Código una disposición que impide a su asesor independiente para Asuntos de Ética, Christopher Geidt, la posibilidad de iniciar motu proprio investigaciones por presuntas malas conductas de altos funcionarios. Con esta reforma Johnson parece estarse blindando ante la última investigación sobre el Partygate que sigue abierta: la del Comité de Ética del Parlamento, la cual precisamente busca determinar si mintió y, por lo tanto, si violó el Código ministerial.

Desde la oposición acusaron al mandatario de maniobrar para «salvar su pellejo». «Esta reforma es una vergüenza (…) El mensaje es: ‘Si rompes las reglas, simplemente reescribe las reglas'», denunció el diputado del Partido Laborista Chris Bryant, quien precisamente encabeza la instancia donde está el último proceso contra Johnson por las fiestas ilegales.

Este viernes el mandatario recibió otro golpe, cuando el subsecretario de Interior, Paul Holmes, renunció a su puesto en «rechazo a la cultura tóxica que ha permeado en Downing Street».