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Seis pistas para detectar a un perfecto narcisista

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A esa persona que te pisotea, que va y viene para desestabilizarte y que es prácticamente incapaz de encajar una sola crítica hay que frenarla. Tres expertas dan las claves para identificarla

31 mar 2022 . Actualizado a las 08:56 h.

Todos llevamos, en mayor o menor medida, a un narcisista en nuestro interior. Es habitual que nos cueste mostrar los defectos y muy poco enseñar nuestra mejor cara. Esta tendencia tan alimentada por la cultura de las redes sociales no tiene por qué ser patológica, pero ojo con ciertas personalidades. Dejemos a un lado el trastorno como tal, que sí es una enfermedad mental psiquiátrica que conlleva una distorsión de la realidad en grado delirante, para centrarnos en esos rasgos de personas cuerdas que amenazan la estabilidad emocional y merman la autoestima de sus víctimas.

Las psicólogas Alejandra Dotor (facilitadora de cambio y desarrollo personal y colectivo), Aránzazu García (Clínica Vida) y Dolores Mosquera —directora del centro de psicología Intra-TP, Instituto de Investigación y Tratamiento del Trauma y los Trastornos de Personalidad—, los desenmascaran a través de algunos de sus rasgos más frecuentes. «Algunos son más evidentes y otros más sutiles y difíciles de detectar, porque están tapados por una fachada victimizada que inicialmente da pena», aclara Mosquera.

Parecen superiores

Pero no lo son. Quieren ser siempre el centro. Son egocéntricos y necesitan la atención y el protagonismo constante, por lo que generan relaciones desequilibradas con otras personas. Lo importante siempre son ellos, «y suelen criticar, menospreciar o infravalorar a los otros para destacar frente a los demás», indica Alejandra Dotor. No son nadie sin la admiración de la gente, y en realidad esconden un complejo de inferioridad que disfrazan con una actitud prepotente o paternalista. «Aspiran a roles de liderazgo y poder», indica Dolores Mosquera. A quienes tengan la mala suerte de tener que convivir con un jefe narcisista, Dotor les aconseja poner distancia emocional: «Al no ser un personaje afectivo, sino que la relación es profesional y se basa en un intercambio, hay que ser un poco listo. Si consigues trabajar más cómodo adulándolo de vez en cuando y teniéndolo contento, hazlo. Es observar un poco y probar». Coincide con ella Aránzazu García: «Si tienes que estar ahí, trata de llevarte bien, no ataques sus puntos vulnerables y vete cuando puedas». La psicóloga asegura que su última paciente narcisista es una alta funcionaria, «con mucha inteligencia y un megapuesto. Hay que mirarlos con cariño y tratar de sentirse seguros frente a ellos», añade. Otra que recuerda es una persona a la que cambiaban constantemente de departamento en su trabajo por problemas con los compañeros. «Y ella decía: 'Es que me tienen envidia'», señala. En realidad envidian a los demás, pero pueden llegar a creer que les envidian a ellos.

Todo en su vida es extraordinario

Nada en su vida es normal, ni los imprevistos más rutinarios y propios del día a día. O todo es magnífico o es un drama, no hay término medio. De ahí que puedan exteriorizar cambios bruscos de humor, una estrategia más para llamar la atención. «La persona con rasgos narcisistas es histriónica y exagerada. Una de las cosas que más pueden orientarlos hacia el enfado es su baja tolerancia a las críticas. «Responden con actitudes defensivas, porque en el fondo tienen un ego muy dañado, por eso tienen que protegerlo», apunta Mosquera. El narcisista no tolera que nadie, ni siquiera su pareja, le diga cómo tiene que hacer las cosas, ni que les indiquen modos alternativos o que les corrijan un error. «La seguridad extrema que aparentan no es saludable, bajo ella se oculta una autoestima frágil», asegura Alejandra Dotor. La inseguridad interna que sufren hace que necesiten sentir esa falsa necesidad de tenerlo todo controlado, opinan García y Dotor. «Si yo lo controlo todo me siento superior, capaz, hábil y válido», indica García. Alejandra Dotor apunta que, cuando hay evidencias de que les resulta imposible mantener la situación bajo control, «o realizan la negación de la misma o se alejan. Eso sí, es un 'me alejo, pero voy a volver'».

Fingen empatía

Pero en realidad no la sienten. Invalidan los sentimientos de sus víctimas y no tienen ningún tipo de responsabilidad afectiva, hasta el punto de que cuando hacen daño, no lo aceptan. «Se sienten atacados y se ponen a la defensiva cuando les dices lo que piensas», apunta Mosquera. «Se irritan, se defienden y atacan», añade Aránzazu García. «Para cortar ese vínculo hay que dejar de alimentarlo. Y a un narcisista le alimentas anulándote tú, lo que sientes, y tu participación en una relación o en una conversación. Siempre llevan la voz cantante, lo suyo es mil veces más importante que lo que te pueda pasar a ti, y se creen que sus problemas, opiniones y experiencias tienen más valor que las del resto. Habitualmente no recuerdan cosas que para ti son importantes», señala Dotor, que da un paso más: «No solo desaparecen, sino que como necesitan atención y tener su público, se van y luego regresan, pero sin reconocer su error». En este sentido, realizan un abuso emocional y, con frecuencia, manipulan al otro y le hacen sentir culpable, indica Mosquera. «Primero logran que sientas eso y después se acercan con la actitud de 'soy buenísima persona y te perdono'. Siempre quedan por encima». No hace falta imaginarse a un ser oscuro, el narcisista puede alimentarse y hacer gala de su falsa empatía en cualquier parte: «Puede haberlo en una oenegé y ser algo así: 'Yo soy el salvador, el que más ayuda, mira cuántas aventuras he vivido, ¿qué quieres que haga ahora por ti?'», dice García.

«Ghosting», silencio y bombardeo

El ghosting, la ley del hielo y el bombardeo amoroso son algunas de sus estrategias. Como avanzamos en el punto anterior, las idas y venidas son típicas de este tipo de personalidades. En el primer caso, desaparecen sin dar explicaciones, y muchas veces regresan en el momento menos esperado para volver a demandar la atención de sus víctimas y, de paso, comprobar que se la siguen brindando. «Con una personalidad tan frágil, podría ocurrir. También muestran actitudes de interés, sin compromiso afectivo», indica Aránzazu García. La ley del hielo, el silencio como castigo a sus víctimas, es otra de sus prácticas. «Puede llevarla a cabo porque está en sus trece, siente que no se ha equivocado y mantiene esa coraza para creérselo. Pero hay que recordar que en una relación desequilibrada, no recae todo el peso en el narcisista. También hay una persona que está permitiéndoselo y que no le pone límites por carencias que tiene», asegura Dotor, que indica que el llamado bombardeo amoroso —ensalzamiento exagerado del sentimiento hacia una persona con la que inician una relación— es también bastante común. Lo mismo opina García: «Tiende a vivirlo todo muy intensamente. Nadie tiene una pareja tan increíble como él, ni una relación tan diferente y especial, así que pueden hacer esos gestos de bombardeo porque son muy intensos en sí mismos. En ese contexto, le da igual lo que le pase a su ex, y piensa: 'Se estará muriendo de envidia viendo lo que se perdió'».

Descubre si lo es

Es difícil que una persona con rasgos narcisistas reconozca que los tiene, pero hay esperanza. En un paciente que sí tenga la patología mental es casi imposible conseguir avances. De hecho, se considera crónica, y quienes la padecen sienten que ninguna ambición es desmedida y que si son el centro de atención es porque lo merecen. Sin embargo, con aquellos que solo presentan ciertas tendencias más o menos acentuadas, sí se puede trabajar mejorando su autoestima verdadera. «A medida que lo hacen, necesitan menos ese autoengaño. Es una terapia que sabe amarga, porque vienen inflados y van bajándose, se vuelven más humildes, van reconociendo cosas, aceptando los autorrechazos... las reacciones narcisistas van a menos», indica Aránzazu García. Hay técnicas que podemos poner en práctica para comprobar si estamos ante un narcisista. «Hay que poner unos acuerdos y reglas nuevas. Y no vale con que las cumpla una vez, tiene que haber fluidez y notarse los cambios. Las palabras se las lleva el viento, lo que cuenta son las acciones. Si te has comunicado con esa persona y le has hablado de cómo te sientes, pero el otro no reacciona o lo hace dos días y al tercero su actitud es la misma, el narcisismo es potencial», manifiesta Dotor. Con una personalidad así, ¿cómo es posible que sean capaces de vivir en familia? «Porque hay personas que se dejan llevar por la inercia, no se escuchan, y eso les deja espacio a ellos dentro del matrimonio para tirar del carro», apunta la especialista. Un entorno doméstico estable y controlado por ellos es el caldo de cultivo ideal para cubrir sus inseguridades.

La táctica para alejarlo

Di lo que piensas y lo que sientes. Expresa todo aquello que no te hace sentir cómodo en esa relación. De esa forma, es muy posible que el narcisista se esfume. «Nada te asegurará que no vuelva, pero si lo hace, no sigas con ese contacto», señala Dotor, que insiste en que hay que mantenerse firme y no dudar, «porque la víctima después de una relación así tiene la autoestima dañada, y mucho. Lleva tiempo aceptando una posición muy secundaria y siendo muy pequeñita. Tiene que alejarse y pedir ayuda. Está saliendo de un puzle de dos piezas en el que una ocupaba casi todo el tablero, ahora tiene que descubrir que su parcela es mucho más grande que eso». «Si te has metido en una relación estrecha con una persona así, tienes que mirarte el ombligo para pensar qué buscabas y resolverlo», dice García. Dotor hace un llamamiento a todos esos potenciales narcisistas que se sientan identificados con estos rasgos: «El que lea esto y se identifique, por favor que pida ayuda. Ser narcisista es un estrés tremendo. Es como ponerte una corona, llevar un estandarte con el que van conquistando todo a diario». Y también una cruz para quienes caen en sus redes.