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El ictus mata las neuronas con ondas eléctricas, no por toxicidad química como se creía

La Voz

ACTUALIDAD

Un estudio internacional, en el que participa el CSIC, da con la que podría ser una nueva diana terapéutica para tratar los infartos cerebrales

08 mar 2022 . Actualizado a las 13:26 h.

El ictus cerebral no mata las células nerviosas por toxicidad química, como se creía hasta ahora, sino mediante ondas eléctricas letales, ha revelado un equipo internacional de investigadores en el que participa el doctor Óscar Herreras, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Los científicos han comprobado que tras la interrupción de aporte sanguíneo al cerebro, el primer evento en la cadena de sucesos que conduce a la muerte de las neuronas es la aparición de una onda de potencial eléctrica que circula por el tejido silenciando a las neuronas a su paso y haciéndolas perder su capacidad de generar electricidad y procesar la información.

Este nuevo análisis, cuyas conclusiones han sido publicadas en la revista Neurocritical Care, cuestiona la teoría dominante que explica cómo mueren las neuronas en casos de accidente cerebrovascular y apunta a que esas ondas eléctricas pueden ser una nueva diana terapéutica para tratar los ictus de una forma más eficaz.

Los accidentes cerebrovasculares son la segunda causa de muerte y la primera causa de discapacidad en el mundo. «Las neuronas son las células más sensibles a la carencia de oxígeno y glucosa, y mueren tras unos pocos minutos sin su aporte continuo desde el torrente sanguíneo», precisa Oscar Herreras. Sin embargo,los hallazgos obtenidos en laboratorio no han tenido una traslación a la clínica, observa el investigador. En la actualidad no existe una estrategia basada en la evidencia científica para tratar a este grupo de pacientes que ingresan en las unidades de cuidados intensivos, generalmente con un pronóstico muy negativo, dice.

Más de doscientos ensayos clínicos para la evaluación de fármacos que habían mostrado ser potencialmente útiles en modelos de ictus o en traumatismo craneoencefálico han resultado después infructuosos en pacientes, lo que, según Herreras, tiene a la comunidad científica «perpleja» y a la comunidad clínica «frustrada». «Han sido tres décadas de experimentación dedicada a probar una y otra vez que las neuronas mueren cuando son sometidas a un ambiente tóxico por exceso de glutamato, una molécula neurotransmisora que se derrama desde las células en gran cantidad en ausencia de oxígeno y resulta letal para sus vecinas», explica, pero ese «no es el primer ni el principal evento que ocurre tras un accidente cerebrovascular», añade.

«Ya desde mediados del siglo pasado se sabía que, tras la interrupción de aporte sanguíneo en el cerebro, el primer evento en la cadena de sucesos que conduce a la muerte de las neuronas es la aparición de una onda de potencial eléctrico», admite. ¿Por qué no se ha investigado antes por aquí? Razona Herreras, que ha trabajado más de 20 años en la biofísica de estas ondas, que el problema ha podido ser que los investigadores y las compañías farmacéuticas no sabían cómo utilizar o modular estas ondas eléctricas para impedir el daño y se han centrado en una de sus consecuencias químicas, suponiendo que son un paso intermedio en el que se podría atajar la deriva letal. «Una vez iniciadas las ondas se desencadenan, sin embargo, muchos procesos paralelos que conducen a la muerte -señala-. Y atajar solo la toxicidad del glutamato no es suficiente. Es necesario detener las ondas que desencadenan todo».