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¿Joven o mayor de 50? El estrés financiero se ceba con ellos

Sofía Vázquez
Sofía Vázquez REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

La angustia por no poder hacer frente a las necesidades económicas puede acabar en suicidio

20 feb 2022 . Actualizado a las 09:59 h.

¿Tiene usted estrés financiero? Le explico: aunque el término no corresponde con ninguna definición clínica, se le denomina así al estrés que genera la percepción subjetiva de una situación económica desfavorable o insuficiente, así como una autopercepción de falta de capacidad para hacer frente a las necesidades económicas consideradas imprescindibles por parte de quien lo sufre. De acuerdo con el profesor Enric Soler, colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad Abierta de Cataluña, se trata de un concepto construido en base a uno de los incontables factores estresores a los que se ve sometido el ser humano en una sociedad altamente centrada en la productividad, el consumo y las transacciones económicas. Por lo tanto, argumenta el experto, afectará más a aquellas personas que sientan que tienen menos recursos para hacer frente a las exigencias de este contexto. Los colectivos más castigados por el mercado laboral son los jóvenes, que se ven sometidos a empleos precarios con escasas perspectivas de estabilidad económica; y los mayores de 50 años, que no ven reconocida su experiencia profesional y viven bajo la amenaza constante de que una pérdida del empleo implicará una retirada agónica del mercado laboral. Según el profesor Soler, las dificultades económicas generan una gran tensión familiar que se manifiesta en forma de discusiones y proyecciones de malestar emocional de unos contra otros. «Los miembros de un hogar —subraya— estarán más irritables cuando la familia está sometida a un problema económico al que se siente incapaz de hacer frente».

El estrés financiero no aparece a partir de ningún importe, porque no es una cuestión de cantidad sino de percepción personal de la amenaza económica y de los recursos personales para hacerle frente. Habrá, dice Soler, quien no pueda conciliar el sueño porque le ha llegado una factura de electricidad con un sobrecoste de cincuenta euros por encima de lo que es habitual en su hábito de consumo eléctrico, del mismo modo que puede haber quien invierte 50.000 euros en criptomonedas sin inmutarse, sabiendo que al día siguiente puede haberlos perdido. Sí es posible identificar cuándo hay un problema: en el momento que no podemos hacer o mantener alguna o varias de las actividades básicas de la vida diaria, como alimentarse, dormir, trabajar, estudiar, etcétera.

Ante la pregunta de si estas situaciones pueden acabar en suicidio, el experto es rotundo: «Sin duda alguna. Si bien en las conductas autolíticas inciden distintas variables individuales, verse atrapado en una situación económica percibida como insalvable ha sido siempre un desencadenante. Aunque haya una buena dosis de leyenda urbana, el jueves negro del 24 de octubre de 1929 se acreditaron 3 suicidios en la crisis de Wall Street».

Los afectados pueden optar por la negación al problema, y hay que entenderlo como un mecanismo de defensa que ponemos en marcha cuando no nos sentimos capaces de abordar una situación que nos desborda. Negar es humano, pero ningún problema se puede abordar sin no se reconoce que lo es, recuerda Soler. Así, lo primero que habrá que hacer es concederse tiempo para asumir la problemática, y posteriormente evaluar los recursos que están al alcance de uno para hacerle frente, y de este modo poder tomar decisiones para revertirlo. ¿No conoce a ninguna persona que haya sido despedida de su empleo y sigue simulando que trabaja ante sus familiares y amigos?. Si la quiere o aprecia, escúchela. Ella es un ejemplo de a dónde nos pueden llevar el estrés financiero.