La retirada de tropas norteamericanas altera la geoestrategia en suelo europeo

Patrick Donahue

Las repercusiones del último ataque de Donald Trump contra Alemania han llegado hasta Moscú. La decisión del presidente de retirar una cuarta parte de las tropas estadounidenses destinadas a ese país ha sido celebrada en la capital rusa y ha dejado expuesta a la canciller alemana, Angela Merkel, en un momento en el que esta había endurecido su presión contra las políticas de Vladimir Putin.

«Trump está escupiendo en la cara de Merkel», señaló Vladimir Frolov, un exdiplomático y actual analista de política exterior. «Pero lo está haciendo en defensa de nuestros intereses».

Tres días después de que el movimiento de Trump se filtrara por primera vez, la oficina de Merkel aún estaba esperando por la notificación oficial del Gobierno estadounidense, y un responsable de prensa de la Casa Blanca se negaba repetidamente a confirmar la decisión. Pero los medios hicieron sonar las alarmas, tomándolo como otra señal del enfriamiento en la relación trasatlántica y de las cambiantes prioridades en Washington. Más allá de que el presidente de Estados Unidos tuviera o no intención de socavar los esfuerzos de Merkel para enfrentarse a Rusia, este episodio es el último ejemplo de su capacidad para perturbar a los líderes europeos con políticas impredecibles.

A principios de este año, mientras la pandemia del covid-19 se expandía por Italia, Trump prohibió los vuelos desde la Unión Europea sin previamente avisar a sus líderes. Además, en el pasado ha manifestado de forma reiterada sus dudas sobre la cláusula de defensa mutua de la OTAN, que apuntala la seguridad del continente.

Dos personas familiarizadas con el asunto aseguraron que el exembajador norteamericano, Richard Grenell, había manifestado últimamente su deseo de lograr que Estados Unidos redujera la presencia de tropas en Alemania, posiblemente trasladando algunas de sus fuerzas a Polonia o directamente reduciendo su tamaño. Pero los principales líderes del Departamento de Estado se enteraron de que el plan se había formalizado gracias a las noticias que anunciaban el recorte.

Peter Meyer, diputado de la Unión Demócrata Cristiana de Merkel y coordinador en la OTAN en representación de Alemania, dijo el lunes 8 de junio que aún no estaba seguro de si los informes eran un «globo sonda» o una estratagema de campaña de Trump. Si el presidente sigue adelante con ello, estaría «debilitando la alianza trasatlántica», indicó en una entrevista. «Si es así, no estaría jugando a favor de los intereses de la Alianza Atlántica y de sus miembros, incluyendo a EE.UU., sino de los intereses de China y Rusia», aseguró.

Retirada de efectivos

La retirada de 9.500 efectivos estadounidenses crearía un entorno geopolítico tóxico para Merkel, con Trump buscando orquestar una reunión cara a cara con el presidente ruso en una cumbre del Grupo de los Siete durante el próximo otoño y presionando a Alemania para que adoptase una postura más dura con China, su mayor socio comercial. Rusia fue expulsada del G-7 en el 2014, después de invadir la península de Crimea en Ucrania.

Putin, por su parte, ve a la canciller como un pato cojo, una vez es conocido que no se postulará para la reelección cuando termine su cuarto mandato el próximo año, señaló Frolov.

Merkel, siempre pragmática, lleva años intentando desplegar una relación con Putin y, desde que Rusia fuera sancionada por la UE sobre Crimea, se ha esforzado en mantener los lazos con el Kremlin, impulsando el gasoducto Nord Stream 2 a través del Báltico, a pesar de la creciente hostilidad de Washington. Ahora hay dudas sobre si la canalización de 15.000 millones de dólares alguna vez se completará, debido a las amenazantes sanciones anunciadas por EE.UU. hacia las empresas que se involucren. Los funcionarios alemanes aseguran estar frustrados por haber podido recuperar tan poco de su inversión en Putin.

Ahora, la canciller se enfrenta a las presiones internas debido a las últimas revelaciones sobre el rol que tuvo la inteligencia militar rusa en el ciberataque al Parlamento Federal Alemán en el 2015, así como en una ejecución al mejor estilo mafioso que se produjo en Berlín el verano pasado.

Enfriamiento

En un discurso de política exterior pronunciado el mes pasado, Merkel subrayó el nuevo enfriamiento en las relaciones. «Rusia apoya a los regímenes títeres en partes del este de Ucrania y ataca a las democracias occidentales, incluida Alemania, con recursos híbridos», indicó. Mientras tanto, Estados Unidos enviará oficiales a Viena el próximo 22 de junio para dialogar sobre el control de armas con representantes rusos. La administración de Trump quiere que la de Moscú le ayude a reconducir a China a negociaciones más amplias para limitar las reservas de armamento nuclear en los tres países.

Ataques rusos a las redes informáticas del Bundestag 

Las relaciones de Merkel con Putin alcanzaron su punto más bajo a finales de mayo. El ministerio de Exteriores alemán convocó al embajador ruso después de que fiscales del Estado concluyeran que la operativa de la inteligencia militar rusa estaba involucrada en los ataques a las redes informáticas del Bundestag. Merkel dijo que el papel de Rusia en la operación era «indignante» y el Ministerio de Exteriores aseguró que Alemania desarrollaría una nueva herramienta de ciberseguridad para la Unión Europea con el objetivo de imponer sanciones selectivas contra sospechosos.

Pero el ministerio tenía más asuntos que discutir con el embajador Sergei Nechayev. El asesinato de un hombre de Georgia el pasado 23 de agosto, a plena luz del día, en el parque berlinés de Kleiner Tiergarten, a pocos pasos del despacho de Merkel, desencadenó expulsiones de diplomáticos de Berlín y de Moscú, y el fiscal federal de Alemania, que se hizo cargo de la investigación en diciembre, afirmó que también hay evidencias de la participación del Estado ruso en el ataque. Mientras los funcionarios esperan los resultados de la investigación, el ministerio afirma estar «expresamente preparado para aplicar mayores sanciones» contra Moscú.

Para continuar con los problemas, las conversaciones destinadas a reducir la lucha en el este de Ucrania no avanzan hacia ningún lado, con funcionarios alemanes quejándose de que Rusia insiste en presentarse como un mediador en el conflicto en lugar de como participante, según dos personas familiarizadas con las conversaciones. Esa postura socava el proceso de Minsk, que durante los últimos cinco años ha intentado establecer un marco para las negociaciones.

Asesinato en Tiergarten

Merkel ya interpeló a Putin sobre el asesinato en Tiergarten en una cumbre en París el pasado diciembre, demandado que el Kremlin facilitara cualquier información que pudiera ayudar a la investigación. Pero no tuvo ningún éxito.

Putin dijo que la víctima, que tenía varios alias y se cree que había luchado contra la Armada rusa en Chechenia, era «un activista rudo y sangriento». Por lo que la colaboración de Rusia no ha sido la esperada, dicen los funcionarios alemanes.

Los socialdemócratas, el socio menor de la coalición de Merkel, han tenido tradicionalmente un enfoque más conciliador con Rusia que los demócratas cristianos. Pero incluso ellos exigen ahora que la canciller se enfrente a Putin. «No podemos permitir que tales cosas sucedan en suelo alemán», dijo en una entrevista Nils Schmid, un diputado del SPD en el comité de asuntos exteriores del Bundestag. «No vamos a aceptarlo».

--------

(c) 2020 Bloomberg News. Distribuido por Tribune Content, LLC. Traducción: Lorena Maya