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Johnson reta a la oposición a presentar una moción de censura en su contra

Juan francisco Alonso LONDRES / E. LA VOZ

ACTUALIDAD

El «premier» insiste en adelantar las elecciones en la sesión de apertura del Parlamento británico tras el fallo judicial

26 sep 2019 . Actualizado a las 08:42 h.

«La mejor defensa es un buen ataque». El primer ministro británico, Boris Johnson, parece haber leído el Arte de la guerra, del estratega militar chino Sun Tzu. En la primera sesión del Parlamento, tras el fallo del Tribunal Supremo que permitió que retomara sus actividades, no hizo más que embestir a sus oponentes, a los que llegó a calificar de «cobardes» y les desafió a presentar una moción de censura para destituirlo.

«Dejen a este Gobierno que cumpla por fin con la promesa del brexit o háganse a un lado y permitan a la ciudadanía pronunciarse [en las urnas]», le espetó en la sesión de ayer al dirigente laborista, Jeremy Corbyn, el cual fue blanco de sus ataques más mordaces.

«El líder de la oposición y su partido no confían en la gente», apuntilló el premier, quien sabe que de producirse un voto de no confianza (moción de censura) tendría difícil ganarlo, porque perdió la mayoría absoluta en agosto pasado. Ese escenario abriría las puertas a unas elecciones generales anticipadas, lo cual desea el líder conservador, pero no sus opositores, al menos de momento. Todo el arco parlamentario opositor prefiere esperar a que el riesgo de una salida de la Unión Europea sin acuerdo haya pasado para convocar a los votantes.

 

Tras reiterar que consideraba que el Supremo se había equivocado al anular su iniciativa de suspender las actividades legislativas -a su juicio, se inmiscuyó «en una cuestión esencialmente política»-, Johnson cargó contra la institución en la que reside la soberanía popular.

«Este es un Parlamento paralizado», dijo nada más comenzar su intervención. Acto seguido agregó: «Estamos discutiendo un nuevo acuerdo [con Bruselas], a pesar de los esfuerzos del Partido Laborista y de la mayoría del Parlamento. Este Parlamento no quiere que haya brexit en absoluto. El pueblo puede ver lo que está sucediendo y es que este Parlamento no quiere un acuerdo, quieren sabotear un acuerdo».

Corbyn, por su parte, respondió al reto con otro. «Usted dice que quiere unas elecciones generales. Yo quiero unas elecciones generales, por eso es muy simple. Si quiere elecciones, pida una prórroga [a Bruselas] y tengamos una elección general», soltó, mientras desde los escaños laboristas gritaban al jefe del Gobierno: «¡Renuncia!».

El líder opositor fustigó a Johnson no solo por su decisión de cerrar el Parlamento, la cual tachó de «intento por silenciar la democracia», sino también por su inacción para evitar la quiebra del turoperador Thomas Cook y por las denuncias de favorecer a una amiga modelo durante su paso por la alcaldía de Londres.

«El alcalde [actual Sadiq Khan] debería gastar menos en oficinas de prensa y más en oficiales de policía», replicó el premier. 

Como si nada hubiera pasado

«¡Orden! ¡Orden! Bienvenidos de nuevo, colegas, a nuestro lugar de trabajo». Con estas palabras el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, dio inicio a la sesión parlamentaria. También explicó que, para reflejar el fallo judicial, en el boletín parlamentario constará que las sesiones fueron «aplazadas» desde el 10 septiembre hasta el miércoles y y no suspendidas.

El primer debate, tras casi tres semanas, fue de alto voltaje. Los diputados pasaron casi dos horas haciendo preguntas al canciller del ducado de Lancaster, Michael Gove, sobre los preparativos para un brexit sin acuerdo. Horas antes en una entrevista radiofónica el funcionario calificó a Johnson como «el Pep Guardiola de la política británica».

La división de la oposición, el mejor aliado del «premier» 

J. F. A. LONDres / E. La Voz

El fallo del Supremo británico que declaró ilegal su decisión de recomendarle a la reina Isabel II que suspendiera las sesiones del Parlamento durante cinco semanas ha representado un duro golpe para Boris Johnson y para su estrategia para el brexit. Sin embargo, eso no significa que el primer ministro esté amortizado.

El líder conservador ya dejó claro que no tiene pensado dejar el número 10 de Downing Street como la oposición le viene reclamando desde el minuto posterior a que el dictamen judicial del Tribunal Supremo se diera a conocer. Por el contrario, Johnson está dispuesto a aferrarse al poder y se muestra confiado en que de celebrarse las elecciones anticipadas, que viene reclamando desde finales de agosto, conseguirá recuperar la mayoría absoluta en el Parlamento, que perdió por su manejo del espinoso tema de la salida de la Unión Europea.

La división que reina entre sus adversarios juega a su favor. El líder laborista, Jeremy Corbyn, ya anunció que no presentará una moción de censura mientras exista el riesgo de un brexit sin acuerdo, lo cual le da unas semanas más a Johnson en el poder, pero en el supuesto de que esta opción se ponga en marcha la brecha entre los laboristas, los liberal-demócratas y los nacionalistas escoceses se ha ensanchado desde que este fin de semana Corbyn lograra imponer en su partido su tesis de que en eventual segundo referendo la formación debería mantenerse neutral.

Por otro lado, el dictamen y los ataques que el conservador está recibiendo podrían terminar favoreciéndolo como lo advirtió el columnista de The Guardian, Simon Jenkins, porque podrían victimizarlo ante los electores por intentar cumplir su palabra de ejecutar el brexit «con acuerdo o sin él». Y si a esto se le suma que las encuestas siguen colocando al dirigente conservador en primer lugar en la intención de voto y a que los liberal-demócratas han descartado una coalición con los laboristas, se puede concluir que, por ahora, hay Boris Johnson para rato.