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El desacuerdo entre los líderes de la UE dinamita el reparto de los altos cargos

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

Macron acusa a algunos compañeros de bloquear el reparto por «ambiciones personales»

02 jul 2019 . Actualizado a las 07:16 h.

«Hay algunos individuos que no facilitan los acuerdos porque tienen ambiciones personales». Fue la acusación que lanzó ayer Emmanuel Macron después de ver cómo los Veintiocho dinamitaban las negociaciones para repartirse los altos cargos de la UE. El presidente francés abandonó la sede del Consejo Europeo conteniendo su ira y lanzando dardos hacia algunas cancillerías y al propio presidente de la institución, Donald Tusk, por no haber preparado bien la cita. Tras 20 horas de tensas negociaciones, el Consejo Europeo fue incapaz de desbloquear el reparto de poder en las instituciones comunitarias. «Todo este proceso se ha planteado mal», se quejó Macron antes de criticar la «agenda oculta» de algunos líderes. Las conversaciones se retomarán esta mañana, pero se podrían prolongar hasta la cena.

Todas las fórmulas propuestas para encajar el puzle de la UE cayeron en saco roto. Aunque el candidato de los socialdemócratas Frans Timmermans apuntaba alto en las quinielas para tomar el relevo de Jean Claude Juncker al frente de la Comisión Europea, una tormenta perfecta de rivalidades políticas, enemistades e intereses personales barrió todas sus opciones. Aunque el partido del holandés quedó segundo en las elecciones europeas, Timmermans contaba con más apoyos en el Consejo y en la Eurocámara que el candidato de los conservadores, Manfred Weber.

Consciente de que las negociaciones podían enquistarse, el alemán se reunió, según reveló Pedro Sánchez, con su rival socialdemócrata en los días posteriores a la cumbre del 20 de junio para cederle el timón a cambio de la presidencia del Parlamento Europeo. «Se reunieron y dieron salida al enredo (…) Ese acuerdo contó con nuestro respaldo, el de los liberales y pensábamos que con el del PPE. Pero nos dimos cuenta de que no. Merkel sí cumplió y defendió esa posición. Se lo agradezco», admitió Sánche, quien dejó la cumbre con una «sensación enorme de frustración».

¿Por qué se torcieron las cosas? Macron apuntó en primer lugar a la «división política en el seno del PPE». Y es que mientras una minoría en la familia conservadora respalda la postura de la canciller alemana, quien está dispuesta a ceder el timón a la alianza progresista (socialdemócratas y liberales), muchos han cerrado filas con quienes, como el primer ministro húngaro, Víktor Orbán, creen que ceder sería una «humillación». Merkel es consciente de que se acabó el monopolio conservador en la UE. «No fuimos lo suficientemente diligentes presentando la propuesta de forma adecuada, pero no es la única razón por la que no hemos logrado el acuerdo», reconoció.

En esa ecuación del fracaso también tuvieron protagonismo algunos «países pequeños» y tres miembros de Visegrado (República Checa, Hungría y Polonia). Budapest y Varsovia detestan a Timmermans porque bajo su vicepresidencia Bruselas les abrió expediente por poner en riesgo la democracia. La calculadora también se volvió en contra. «Alrededor de 10 u 11 países se oponen», deslizó el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, para sacudirse responsabilidades. A Roma no le convence el paquete de cargos del que se habría caído la conservadora búlgara Kristalina Georgieva. Al Gobierno de su país no le parece bien que le den el cargo de jefa de la diplomacia europea. Tampoco en Bélgica ha sentado bien el rumor de que su primer ministro saliente, Charles Michel, vaya a ocupar ese puesto tras el fracaso electoral de su partido y el ambiente de tensión por la formación de un nuevo Ejecutivo en fase embrionaria.

Por delante quedan 24 horas escasas antes de que la Eurocámara someta a votación al candidato propuesto por los Veintiocho para presidir la institución, que se constituye esta misma mañana. Si los líderes no se aclaran, la Eurocámara podría verse obligada a dar un «salto al vacío» y designarlo por su cuenta.

La élite política de la UE dilapida su credibilidad 

C. P.

Pidieron a los ciudadanos que acudieran a las urnas el pasado 26 de mayo, prometiendo que su voz sería escuchada, que lo importante era el proyecto europeo, no los cargos. Pero a la primera de cambio, las viejas rencillas políticas y las ambiciones personales han salido a relucir, adornadas con altas dosis de dramatismo.

La Unión Europea se ha convertido de nuevo en rehén de los cálculos mezquinos de sus líderes políticos, quienes ayer protagonizaron uno de los episodios más vergonzosos del año al poner las sillas por delante de los asuntos urgentes que atañen a la gobernanza del bloque: el empleo, el clima o la seguridad.

Los Veintiocho dieron muestra de irresponsabilidad y «falta de seriedad», como reconoció el propio Emmanuel Macron, abochornado por la imagen que dio ayer la UE: la de una familia desestructurada y mal avenida.

«Creo que es una muy mala imagen la que hemos dado, tanto del Consejo como de Europa […]. Ninguna persona puede estar satisfecha con lo que ha pasado. Esto revela que tenemos problemas extremadamente profundos que resolver», admitió el francés, entonando el mea culpa. No se quedó ahí el francés, quien tuvo palabras duras para definir los esperpénticos malabares políticos que emplearon algunos líderes para sacar tajada del río revuelto en el que se convirtieron las negociaciones. «Nuestra credibilidad está profundamente mermada con estas reuniones demasiado largas que no llevan a ninguna parte. Damos una imagen de Europa que no es seria», advirtió el liberal.

Croacia y Hungría

No mencionó a nadie, pero en la cabeza de todos había varios nombres. Entre ellos el del primer ministro croata, Andrej Plenkovic, quien llegó a exigir la vicepresidencia primera de la Comisión, según reveló Europa Press. También el de su homólogo húngaro, Víktor Orbán, quien no desaprovechó la oportunidad que le brindó el acuerdo París-Berlín para arremeter contra sus líderes y ahondar aún más en la herida abierta dentro de su familia política. El psicodrama de los conservadores europeos, inmersos en una crisis de indefinición (más hacia la derecha o hacia el centro), trasladó su campo de batalla a las negociaciones.

Sánchez trató de ser más cauto que Macron al criticar la cerrazón de sus socios europeos. España ni siquiera dio la batalla por uno de los altos cargos de la UE, pero manifestó a través de Sánchez su decepción por ver cómo «la disparidad de criterios e intereses dentro del Consejo hace muy difícil el acuerdo». En las próximas horas los líderes políticos deberán sortear el riesgo potencial de una crisis interinstitucional con el Parlamento Europeo por la falta de consenso entre los Veintiocho. «Debemos evitarlo y trasladar a la opinión pública europea que somos capaces de lograrlo», urgió Sánchez. Tienen 24 horas por delante para recuperar la credibilidad que han dilapidado a lo largo de dos cumbres fracasadas.