Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

«Instinto»: De aquellos polvos, estos lodos

ACTUALIDAD

La nueva serie de Mario Casas intenta ser algo que no es. Y ni siquiera lo necesitaba

31 may 2019 . Actualizado a las 16:00 h.

Hemos sido estafados. Y vaya por delante que Instinto no cuenta una mala historia -y que tampoco la cuenta mal-, pero no es lo que Movistar+ se cansó de prometer en una promoción milimétricamente trazada para vender su serie como un estimulante thriller erótico: anticipó brevísimos clips de estética harto artificiosa evocando descaradamente referentes como Cincuenta sombras de Grey y Eyes wide shutse atrevió incluso a comparar la producción de Bambú con Shame, ese largometraje de Steve McQueen sobre la adicción sexual frente al que este drama se queda, siendo generosos, en entrañable parodia, y paseó a su carnoso anzuelo por revistas y platós de televisión presumiendo de salvajes escenas sexuales y tamaño de genitales. Tanto se forzó la maquinaria que Mario Casas llegó a decir que este había sido su trabajo más arriesgado. 

Pero uno arranca Instinto y lo que se encuentra es una retahíla de clichés malavenidos -máscaras venecianas con gemas engarzadas, terciopelo, cuerdas de esparto y cuero, neones rojos, jadeos, tacones altos y lencería de encaje, coches de alta gama, diván de psicoanálisis, arquitectura de diseño-, un protagonista anestesiado, emocionalmente ortopédico, y un argumento correcto que atrapa, interesa e inquieta, lo suficiente como para no necesitar de tal esperpéntico truco: le sobra esa promiscuidad lujosa, tanta piel y tanta embestida, su sobredosis de intensidad.

La serie se va viniendo arriba a medida que avanza el metraje: el actor gallego mejora y, por momentos, descuida tanto su gesto aburrido que el espectador es capaz de desviar la atención de sus oblicuos; y la trama gana enteros cuando prescinde de saltos de cama, de lámparas lágrima, de cruces, patíbulos y contrabajos, cuando se desnuda, dejando de lado esa carcasa hortera e innecesaria para centrarse en el trauma que perturba al protagonista. A ello hay que sumarle una cuidada fotografía, unos secundarios que están fabulosos -especialmente Óscar Casas, que le da mil vueltas a su hermano en el papel de adolescente discapacitado, pero también Lola Dueñas en el de mujer vulgar y madre reconcomida por los remordimientos- y un final sorprendentemente satisfactorio.

[[@embed::00121558451834723813359]]

Instinto no necesitaba parecer lo que no es, queda pobre y cutre fingiendo, carece de morbo y de temperatura, y uno siente que lo han timado. Si le dan una oportunidad, enfréntense a sus ocho episodios sin pretensión de escandalizarse, mucho menos de excitarse; no esperen que con esto expandirán los límites de su imaginación ni que desoxidarán su relación de pareja en un arranque de líbido. Sean cautos, poco exigentes. Y quédense con esa tragedia familiar y con su conclusión, tan potente como impredecible