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«Fronteras seguras, barrios seguros»

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

HANNIBAL HANSCHKE | reuters

Grupos de jóvenes ultras se organizan disfrazados de activismo para infiltrarse en la UE

14 oct 2018 . Actualizado a las 14:01 h.

Generación Identitaria, Hogar Social Madrid o Schild & Vrienden. La estética, el lenguaje y las formas los distinguen, pero hay algo que estos tres grupos de ultraderecha tienen en común. Es el convencimiento de poseer el oligopolio de la identidad nacional y la defensa de una Europa sin inmigrantes.

«La gente europea está muriendo porque somos tolerantes hacia aquellos que no respetan nuestra identidad», reza la cabecera de Generation Identity, el movimiento de jóvenes contrarios a la «utopía multicultural» que, según ellos, han impuesto las élites políticas y empresariales. Tienen seguidores en 15 países europeos, entre ellos Alemania, Reino Unido, Austria, Francia, Italia, España, República Checa y Eslovenia. Apoyan consignas como «nosotros somos la juventud sin origen inmigrante». No portan ni ondean banderas de ningún partido porque buscan una base amplia para sostener el movimiento, al que envuelven en un halo de activismo con la ayuda restringida a los nacionales. Eso sí, abrazan la causa ultra hasta las últimas consecuencias, como la de interceptar a inmigrantes en el mar para alejarlos del continente. «Fronteras seguras, barrios seguros», claman una y otra vez en sus manifestaciones.

Su vertiente española también ha retorcido los argumentos para victimizarse y sacar rédito. «No al racismo antiespañol», se lee en algunas pancartas de Generación Identitaria. Aunque ningún organismo internacional ha detectado tal discriminación en España, los cachorros ultras insisten en proteger un legado aparentemente en peligro por la globalización.

El fenómeno ha arraigado en buena parte de Europa. En España solo es incipiente, pero preocupa a los expertos por las simpatías y «emociones» que despiertan entre una parte de la población, excluida por la precariedad laboral y la falta de oportunidades.

El germen de Schild & Vrienden, cantera de la independentista N-VA belga, es bien diferente. Sus miembros son jóvenes, flamencos, la mayoría con estudios superiores y procedentes de buenas familias. Sin embargo, bajo esa fachada de normalidad esconden un ideario misógino, xenófobo y racista. «Cuando estás viendo un documental sobre el Holocausto y el profesor te pregunta por qué te estás masturbando», es uno de los mensajes más crudos que circulaban por el chat de la agrupación.

Todos estos grupúsculos y brazos activos de los partidos ultra instan a sus miembros a cultivar su forma física aunque el líder de Generation Identity, Martin Sellner, llama a «reconquistar» el continente y «preservar su identidad cultural y étnica» mediante un «activismo no violento». En ocasiones acaban formando parte de patrullas ciudadanas en países como Hungría o Bulgaria, donde los inmigrantes acaban siendo blancode sus hostilidades.

Utilizan las redes sociales y emplean todo tipo de fórmulas argumentales para embaucar al público apelando al «sentido común» y soluciones simplistas. «Hay que reconocer que algunas de las denuncias de estos populistas a lo mejor son reales y hay que abordarlas, no tener un actitud paternalista», advirtió a Efe Miguel Otero, del Instituto Elcano. Hace poco tiempo que la UE reconoció el error que cometió al intentar minimizar a los populistas en lugar de contraatacar sus falacias con argumentos y datos.

Esa ausencia la han aprovechado fuerzas como la Liga Norte, Agrupación Nacional (antiguo Frente Nacional) o el AfD alemán para ocupar un espacio que los partidos tradicionales dejaron vacío. Y no parece que la tendencia se vaya a revertir de cara a las elecciones europeas del 2019. Los expertos temen la «voladura desde dentro» de la UE si los peores pronósticos se materializan y las fuerzas eurófobas suman el 40 % de escaños en el hemiciclo.