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¿Se tambalea la era de Juncker?

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

Rutte, de espaldas, y Costa, ayudan a Juncker
Rutte, de espaldas, y Costa, ayudan a Juncker CHRISTIAN BRUNA

Su debilidad y falta de lucidez desatan dudas sobre su futuro

14 jul 2018 . Actualizado a las 09:02 h.

Vacilante, flemático y torpe. Así se presentó Jean Claude Juncker en la cena convocada por la OTAN el pasado miércoles. La imagen del presidente de la Comisión Europea sostenido por el primer ministro portugués, Antonio Costa, y su homólogo holandés, Mark Rutte, ha dado la vuelta al mundo.

Sus movimientos oscilantes y su evidente incapacidad para avanzar solo sin precipitarse al suelo desataron todo tipo de rumores y especulaciones sobre su estado de salud. El luxemburgués está en el disparadero. No es habitual ver a un cargo político de ese rango en una situación tan deplorable. ¿Había bebido o está realmente enfermo?, se preguntaba la prensa internacional. Y lo realmente importante: ¿Está en condiciones de seguir en el cargo representando a la UE? ¿Aguantará hasta el final de legislatura?

El portavoz de la Comisión, Margaritis Schinas, aseguró este viernes que los problemas de Juncker se limitaron a «una crisis de ciático en un momento específico», ese instante exacto en el que varios líderes lo tuvieron que asir por el brazo para evitar que se desplomase. Rutte trató de mostrar naturalidad en los gestos y Costa, de taparlo, pero fueron incapaces de normalizar la escena. Schinas insiste en que fue algo puntual: «Luego se sintió mejor y asistió a la cena» sin necesidad de asistencia médica. El luxemburgués está tomando la medicación prescrita para este tipo de dolencias.

¿Mezcló la medicación con el alcohol? «No, no lo hizo, al menos que yo sepa», explicó el sufrido portavoz. «El ciático afectó desafortunadamente a su trabajo. Quiere agradecer públicamente a Costa y Rutte por ayudarlo en ese doloroso momento. Ahora está bien. No le deseo a nadie sufrir un dolor así», deslizó antes de repasar la apretada agenda semanal a la que se enfrenta Juncker. El lunes estará en China, el martes en Japón, el miércoles en Bruselas y el jueves y el viernes próximos en Madrid. «Seguirá con su programa de trabajo», apostilló para aclarar las dudas sobre su continuidad al frente de la Comisión.

No es la primera vez que el estado de salud de Juncker levanta polémica por diferentes motivos, pero esta ocasión viene precedida de antecedentes más preocupantes. En los últimos meses se ha notado un cambio radical en su ánimo y su retórica. Sus escasas comparecencias son cortas, a menudo inconexas o fuera de lugar. La lucidez y agilidad mental que solía tener han desaparecido. Apenas responde a preguntas y, cuando lo hace, se limita a articular monosílabos o frases simples. Juncker admitió en una entrevista del 2016 al diario Liberation que estaba sufriendo «fatiga» por el trabajo de 14 y 15 horas diarias. A eso se le suman los problemas físicos que arrastra desde hace tiempo. «Tengo un problema de equilibrio en mi pierna izquierda», confesó. Su origen está en un accidente grave de coche en 1989 que lo dejó tres semanas en coma.

Pero nadie esconde sus dudas. ¿Sufre un problema de alcoholismo? Aunque Juncker acusó a la prensa conservadora británica y al ex presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, de propagar ese bulo, lo cierto es que en Bruselas es un secreto a voces que el alcohol le ha pasado factura. «Fue un problema político en Luxemburgo en 2012 y 2013. Sus propios ministros se quejaban de que no podían trabajar con él», aseguran fuentes periodísticas de ese país.