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Italia no cede en la crisis migratoria

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

YVES HERMAN | Efe

Francia y Alemania proponen acuerdos bilaterales al margen de los países del Este, mientras Roma responde con su receta: exige enviar a los demandantes de asilo a centros de Libia y Níger

25 jun 2018 . Actualizado a las 08:01 h.

«Esta es una crisis política, más que migratoria». Fue el oportuno diagnóstico que deslizó este domingo el presidente francés, Emmanuel Macron, al comenzar la reunión de urgencia convocada por Bruselas para tratar de parchear la política migratoria de la UE.

Acertó el galo. A pesar de que las llegadas de demandantes de asilo han caído un 77 % en el Mediterráneo central, el Gobierno derechista italiano ha dicho «basta» y se niega a mantener abiertos sus puertos a los migrantes rescatados en alta mar si no recibe ayuda de sus socios para reubicarlos. También es un problema político de primer rango para la canciller alemana, Angela Merkel, quien necesita un acuerdo urgente que ponga fin a los desplazamientos secundarios de migrantes dentro del espacio Schengen. Si no lo consigue esta semana, sus socios bávaros de Gobierno la dejarán caer.

Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) ha saboteado todos sus esfuerzos. Este domingo ni siquiera acudieron a la cita. «Desafortunadamente no tendremos una solución en el Consejo Europeo. Por eso habrá que sellar acuerdos bilaterales y trilaterales. Ayudarnos unos a otros, no siempre esperando por los Veintiocho», aseguró con resignación la alemana.

Pero, ¿cómo cuadrar el círculo? ¿Cómo poner coto a los flujos internos, aliviar la presión sobre Italia y blindar las fronteras externas? El nuevo primer ministro italiano, Giuseppe Conte, no se fía de las promesas de acuerdo y de buena voluntad del eje europeísta (Alemania, Francia y España). Los Veintiocho fallaron a la hora de cumplir con sus compromisos de reubicación del 2015. El italiano llegó este domingo a Bruselas con una propuesta nueva y radical «escrita de su puño y letra», según fuentes diplomáticas. Un decálogo para reducir la inmigración de forma «estructural» y no «urgente», como necesita Merkel, quien este domingo se fue de Bruselas con las manos semivacías.

Dinamitar Dublín

Frente al parche que Macron y el presidente español, Pedro Sánchez, propusieron para el actual sistema de asilo europeo, Conte sugirió su voladura controlada. Italia quiere desterrar el principio por el que el país de llegada es el responsable de gestionar la acogida de los migrantes. «Quien desembarca en Italia, desembarca en Europa. Los naufragios son responsabilidad común», sostuvo el italiano, quien quiere devolver a todas las personas rescatadas en el mar a «centros de protección internacional» en países terceros y de origen como «Libia y Níger», dejando al margen los convenios internacionales. Y los pocos migrantes que lograsen alcanzar territorio continental serían repartidos. «Cada Estado establece una cuota de entrada que deberá respetar», indica el documento.

Macron, Sánchez y Merkel se inclinan por desembarcar a los migrantes en «puertos seguros» antes de trasladarlos a grandes plataformas cerradas desplegadas en países de la UE. Una solución «metódica y humana», según el francés. ¿Dónde se ubicarían esas instalaciones similares a los CIE españoles? A voluntad. Bruselas trata de refundir las dos opciones. Lo que está claro es que «la noción de plataforma ha llegado para quedarse», aseguran fuentes comunitarias.

Sin solución para los barcos

Por el momento las negociaciones no han servido para desatascar el problema de los barcos que siguen en alta mar pendientes de llevar a puerto a los migrantes rescatados. «La situación escalará si no se toman decisiones», advirtió el luxemburgués Xaver Bettel. El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, no cede. Insiste en negarles la entrada. Quiere garantías de que otros se los llevarán. La oenegé Lifeline invitó al xenófobo de la Liga Norte a subir bordo del buque para ver que los inmigrantes «son humano, no trozos de carnes», como él los catalogó.

No hubo fricciones en la discusión sobre el refuerzo de las fronteras exteriores de la UE, fronteras que ya no son nacionales, son asunto de los Veintiocho. «Pediremos apoyo a los países miembro para controlar los flujos que sufrimos actualmente en el Mediterráneo occidental», aseguró Sánchez. España ha recibido 8.200 migrantes en los últimos seis meses, un 59 % más respecto al 2017. El español obtuvo respuesta: se reforzará Frontex, EASO se convertirá en una agencia de asilo y la UE extenderá cheques a terceros países para contener los flujos. «El acuerdo con Turquía es un ejemplo a seguir», declaró Merkel. La UE deberá abonar 500 millones de euros más al fondo para África y preparar otro tramo de 3.000 millones de euros para Ankara.

A pesar de los esfuerzos, la discusión sobre quién debe gestionar las solicitudes de asilo sigue empantanada. Tanto que Bruselas ha aplazado el debate al mes de septiembre. No hay manera de desbloquear la reforma del asilo europeo. Y no hay visos de que se logren avances en la cumbre europea del 28 y 29.

Y pese a todo, mensaje optimista en público

Se notó, y mucho, la ausencia del Visegrado en la minicumbre sobre migración. Sin la presencia de sus agitadores habituales, el clima fue mucho más relajado, sin exabruptos ni dardos envenenados. A pesar de las diferencias políticas que persisten, las conversaciones fueron mucho más fluidas. La mayoría de los líderes que acudieron a la cita abandonaron Bruselas optimistas ante la perspectiva de que tarde o temprano se pueda cerrar un acuerdo. Conte admitió salir «decididamente satisfecho» de la reunión y fuentes de la Comisión aseguraron que sus planes convergen en un 80 % con los de Roma. Queda por delante la tarea más difícil: cerrar las fisuras que siguen abiertas en materia de flujos intracomunitarios y la responsabilidad en la tramitación de las demandas de asilo. «Hasta que todo está acordado, nada está acordado», suele decir Bruselas. Está por ver si los avances son lo suficientemente ambiciosos para levantar el veto del Ejecutivo italiano a los desembarcos y para salvar a Merkel de la ofensiva de sus socios de Gobierno.

Sánchez, un estreno europeo al lado de Merkel

Hubo «sintonía» en la primera toma de contacto entre Pedro Sánchez y los líderes europeos, en su debut en Bruselas. El jefe de Gobierno español rompió por primera vez la barrera idiomática arrastrada por sus predecesores en el cargo para intercambiar opiniones con sus colegas en un inglés fluido. Especialmente entusiasmada se mostró la canciller alemana, Angela Merkel, quien aprovechó un lance de la reunión para hablarle con entusiasmo y «pasión» de sus vacaciones en la Gomera, isla canaria donde también veranea el dirigente socialista. Roto el hielo, ambos líderes ocuparon asientos contiguos en la cumbre de trabajo y posaron uno al lado del otro en la foto de familia.