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Rusia vuelve a la Luna 40 años después

Europa Press / La Voz

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NABIL MOUNZER | efe

Enviará una sonda automática el año que viene con el objetivo de indagar en el Polo Sur del satélite terrestre

25 ene 2018 . Actualizado a las 19:41 h.

Rusia pisó el satélite terrestre en 1976 por primera vez. Envió al cuerpo celeste de aspecto gris-blanquecino una sonda bautizada como Luna-24 que, tras aterrizar suavemente sobre su superficie, tomó muestras de suelo, en realidad oscuro como el carbón, y puso de nuevo rumbo a la Tierra. No regresó desde entonces. Lo hará ahora, 40 años después, retomando su aventura espacial con una misión planeada para el próximo 2019 -y no para el 2020, tal y como se especulaba-.

Planean para entonces los rusos enviar a la Luna el módulo de aterrizaje de investigación Luna-25. Dos años más tarde mandarán el orbitador Luna-26 y en el 2022, el módulo Luna-27. El primero de ellos y más inminente tiene como objetivo indagar en el Polo Sur del satélite sirviéndose de una sonda automática. Se espera que el módulo aterrice en el cráter Boguslavsky para analizar la composición del regolito, el polvo lunar, realizar una estereofotografía con la idea de preparar el mapa tridimensional de la superficie e identificar las coordenadas del módulo de aterrizaje con precisión milimétrica utilizando un reflector láser en ángulo.

«La sonda de descenso aterrizará bajo el escenario de las últimas misiones de aterrizaje soviéticas, es decir, el módulo se moverá a lo largo de la órbita baja polar alrededor de la Luna y luego se desacelerará y realizará un descenso vertical. Comparado con los descensos de las naves automatizadas soviéticas, la última de las cuales tuvo lugar en 1976, Luna-25 será enviado por primera vez en la historia de la cosmonáutica al área polar de la Luna», ha explicado la Asociación de Investigación y Producción de Lavochkin, empresa rusa de diseño e ingeniería aeronáutica y aeroespecial.

¿Y cómo se llevará a cabo el aterrizaje? Las condiciones del descenso y el trabajo del módulo en la superficie de la Luna requieren ingeniería específica: la pendiente de la superficie no debe exceder el 7 %, la iluminación del Sol no debe ser menor al 40 % del día lunar y la constante visibilidad del vehículo espacial desde la Tierra debería estar asegurada. «Desde el punto de vista de los objetivos científicos de la misión, las áreas seleccionadas deben tener un contenido suficientemente alto de hidrógeno, lo que indica la presencia de agua congelada en el suelo», apuntó el mismo organismo.