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El bloqueo empuja a Holanda a las urnas

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

BART MAAT | EFE

El liberal Mark Rutte amenaza con convocar elecciones

16 jun 2017 . Actualizado a las 07:34 h.

Tres meses han pasado desde las elecciones holandesas y tres veces han fallado los líderes de los principales partidos para formar gobierno en Holanda. No hay forma de cuadrar el rompecabezas. Hasta siete formaciones están involucradas en esta misión imposible. Ninguna de ellas ha querido ceder ni un ápice para tratar de encontrar un terreno común y sacar al país del bloqueo que ya dura 92 días. La tarea es de tal envergadura que la anterior negociadora, Edith Schippers, decidió, desesperada, tirar la toalla dos meses y medio después de asumir la labor.

El nuevo timonel, Tjeenk Willink, no lo tiene nada fácil. Además de encontrarse en el mismo callejón sin salida donde capituló Schippers, sobre su cabeza se cierne la impaciencia del primer ministro, Mark Rutte, quien ha sugerido que se podrían convocar nuevas elecciones en un plazo breve de tiempo si la oposición no se pone de acuerdo. «El votante nos dio un resultado y tenemos que hacer algo con él. De lo contrario, sería un signo de incompetencia», indicó antes de advertir a sus rivales de que no es realista pensar que pueden lograr el visto bueno a todas las promesas de su programa electoral. Negociar y ceder es la consigna, pero todos se resisten a pesar de las presiones de Rutte. «¿Qué es lo que quieren? No se puede tener todo», se quejó Willink. 

Y es que los partidos siguen enrocados. Los liberales del VVD, los democristianos de la CDA y los liberales de centroizquierda del D66 son incapaces de designar conjuntamente a la cuarta pata que necesita el nuevo Ejecutivo. El D66 lo intentó con los Verdes, pero sus otros dos socios los rechazaron por no estar de acuerdo con su laxa política migratoria. El VVD y la CDA probaron con la Unión Cristiana (UC), pero el D66 se negó en rotundo, no solo por su posición retrógrada en cuestiones éticas y sociales como la eutanasia sino por el riesgo a asumir en solitario la factura de compartir Gobierno con un núcleo de derechas. Todas las opciones han fracasado y en el horizonte se atisba una solución a la española: nuevas elecciones. Una situación poco común en un país como Holanda, acostumbrado al consenso y a la formación de coaliciones muy heterogéneas.