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El presidente recupera la iniciativa política pero se desmiente a sí mismo

adriana rer NUEVA YORK / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

YURI GRIPAS | reuters

En agosto y septiembre del 2013, Trump lanzó una serie de tuits desaconsejando a Obama atacar Siria y exigiéndole la aprobación previa del Congreso

08 abr 2017 . Actualizado a las 13:44 h.

La contradicción volvió a empañar ayer la decisión más importante de Donald Trump desde que está en la presidencia. Esto no significa que supusiese un fracaso, más bien todo lo contrario, ya que, por inesperada, su primera acción militar le ha concedido jugosos réditos de imagen. Al menos, de momento.

La decisión de atacar a Al Asad supone un importante giro en la política que había venido defendiendo hasta ahora. Dio un paso que él mismo desaconsejó en el 2013 a su predecesor, Barack Obama, cuando este se encontraba en una situación similar. «Una vez más le digo a nuestro estúpido líder, no ataque Siria», escribió Trump en septiembre del 2013 en uno de los numerosos tuits que escribió tras el ataque químico en la periferia de Damasco. «¡Si lo hace, pasarán muchas cosas malas y Estados Unidos no consigue nada con esa pelea!», añadió en un mensaje escrito íntegramente en mayúsculas. Días antes el magnate afirmaba: «El presidente debe conseguir la aprobación del Congreso antes de atacar Siria. ¡Gran error si no lo hace!». Algo que ha pasado por alto en su bautismo bélico.

¿Qué ha cambiado para Trump entonces?

Para justificar el ataque se escudó en que el dictador sirio había cruzado muchas líneas rojas, pero aquí nadie ignora que la decisión tiene también una clave interna. Parece el revulsivo de un presidente con una aprobación popular bajo mínimos, y le proporciona una baza para escapar de los conflictos internos en los que estaba empantanado. Hizo sentir a los estadounidenses el peso y el orgullo de ser la primera potencia mundial y marcó distancias con el Kremlin, en medio de las investigaciones sobre el papel de Rusia en su victoria electoral.

¿Es el primer presidente que reconsidera sus posturas?

No, pero este giro de 180 grados sin haber cumplido los 100 días de gobierno puede significar una de las transformaciones más rápidas en la historia reciente. El ataque intenta ser un mensaje de fuerza y una advertencia a países como Irán o Corea del Norte, cuyos líderes continúan tensando la cuerda con Washington.

Así, y a pesar de lo contradictorio del mensaje con las consignas aislacionistas que tanto brillaron en su campaña electoral, Trump consigue la iniciativa después de semanas de decepciones dando la impresión de que estaba atrapado en una guerra de poder en la Casa Blanca. El ataque se produce después de la salida del ultraconservador Steve Bannon del Consejo de Seguridad Nacional, quien, junto con el general Michael Flynn, pasaba por ser uno de los mejores amigos del Kremlin. La operación estuvo bajo las órdenes del general Herbert Raymond McMaster, el sustituto de Flynn tras ser forzado a renunciar por ocultar contactos con funcionarios rusos. Algunos observadores han querido ver en esto una nueva perdida de influencia política del polémico ideólogo.

¿Tenía que haber informado al Congreso de EE.UU.?

El factor sorpresa fue la base fundamental de la operación y una de las justificaciones que ya maneja la Administración Trump para defender la unilateralidad del presidente. Y es que aunque la Casa Blanca avisó de sus planes a más de dos docenas de congresistas -entre los que estaba el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan-, no solicitó la autorización formal del Congreso. No quería ni retrasos, ni rechazos al uso de la fuerza militar. El debate enfrenta a quienes consideran que la Constitución respalda la autoridad presidencial por ser el comandante en jefe y los que no. Es esta, por ejemplo, una de las principales quejas de congresistas como Rand Paul, ferviente opositor al intervencionismo militar. Sus críticas sin embargo, quedaron opacadas por el cierre de filas general.

La consigna fue que el presidente hizo lo correcto respondiendo con contundencia y proporción a la barbarie de Al Asad. Pero los actos tienen consecuencias. La parte difícil llega después de los misiles. ¿Qué acciones emprenderá ahora para mantener su gesto? Deberán hilar fino la nueva Administración y el Congreso para no meterse en un avispero sin salida.