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El racismo de la policía envenena la campaña electoral en los Países Bajos

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

La Policía del país ha puesto en marcha una aplicación móvil para facilitar denuncias por actuaciones racistas de sus agentes

28 ene 2017 . Actualizado a las 11:42 h.

Chaka Laguerre es abogada, estadounidente y negra. Trabaja para el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) de la Haya y esta semana ha protagonizado el último de una larga serie de episodios de supuesta discriminación racial a manos de la policía holandesa, según reporta la prensa del país. 

Laguerre circulaba con su bicicleta por las calles de La Haya cuando dos agentes la pararon al verla cruzar en rojo un paso de peatones. Tras una confusión a la hora de identificarse, los policías obligaron a la letrada a acompañarles a comisaría: «Se negaron a escucharme. Me empujaron contra el coche, me doblaron los brazos detrás de la espalda golpeándome y dándome patadas. Lloraba y les suplicaba, pero me metieron en los calabozos y acabé en el hospital linchada, magullada y herida». Así relató la letrada los hechos en sus redes sociales, donde denunció haber sido víctima de «brutalidad policial por motivos raciales». Indignados por sus imputaciones, los dos agentes no dudaron en presentar una denuncia ante el organismo para el que trabaja la abogada. Después de conocer la existencia de un vídeo donde se demostraría que Laguerre se resistió a colaborar con la policía, el tribunal se disculpó por las «falsas acusaciones» de racismo.

A pesar de este caso fraudulento de violencia racial, el debate en los Países Bajos sigue abierto después de la reciente y polémica detención de un niño negro de 12 años en Ámsterdam al que se llevaron esposado a comisaría por no identificarse. La policía holandesa también está en el punto de mira por otro caso de excesos en relación a la muerte de un demandante de asilo de 35 años con problemas mentales que fue rociado con espray pimienta. El caso está siendo investigado. La policía reconoce que en ocasiones aplican criterios étnicos en sus controles y han puesto en marcha medidas para evitar comportamientos racistas por parte de los agentes en un país con una larga tradición de acogida de extranjeros.

Las señales de alarma de han encendido en un país que atraviesa un momento político muy delicado. El próximo 15 de marzo se celebran elecciones generales y los sondeos apuntan a que el partido PVV del xenófobo Geert Wilders se alzará con la victoria. Sus discursos racistas, antiinmigración y su agresiva retórica contra los musulmanes lo han convertido en el Donald Trump holandés. Lejos de hacer contrapeso a su tóxico mensaje, el segundo partido en la carrera electoral, el VVD del primer ministro liberal, Mark Rutte, trata de arrebatar voto útil en el vivero de la ultraderecha populista, a donde han emigrado votantes desencantados con partidos como la CDA de centroderecha y los socialistas, mostrando públicamente mano dura con las políticas de asilo y cerrando la puerta a una mayor integración europea. No tendrá fácil Rutte repetir en el cargo. La carrera electoral se le está haciendo cuesta arriba, especialmente tras la dimisión de su ministro de Justicia, Ard van der Steur, tras reconocer que ocultó información sobre un acuerdo secreto entre la fiscalía y un narcotraficante. 

También aquí el Parlamento no está a favor de más Europa

Una muestra bien representativa del espíritu dominante en el país la proporciona el retroceso europeísta que experimentan sus principales formaciones. Se tradujo en el anuncio de que Holanda no formará parte de los planes para desarrollar una fiscalía europea porque la mayoría del Parlamento «no está a favor de más Europa», según una fuente del Consejo de Ministros. El partido de centro derecha CDA, los socialistas y los pequeños partidos cristianos consideran que una oficina de este tipo es un ataque directo a la ley nacional y «un nuevo drenaje de la soberanía» por parte de Bruselas. La futura fiscalía se creará para combatir el fraude con dinero de la Unión Europea (UE), pero, según la prensa local, «el Parlamento no quiere más intervención de Europa» en asuntos nacionales y menos en tiempos de elecciones.