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«No he podido visitar a mis clientes»

ACTUALIDAD

El tráfico descendió de forma considerable con la medida aplicada por el Ayuntamiento.
El tráfico descendió de forma considerable con la medida aplicada por el Ayuntamiento. BENITO ORDOÑEZ

División de opiniones de los ciudadanos ante la restricción del tráfico

30 dic 2016 . Actualizado a las 08:15 h.

Parecía un domingo o un festivo por el poco tráfico. Por la mañana, no había apenas coches en la vía más emblemática de Madrid, la Castellana. Algo a lo que también contribuían las fechas navideñas y las vacaciones escolares. Pero no era un día cualquiera, sino muy especial por la situación excepcional que se vivió. Por primera vez en España se restringía la circulación por los altos niveles de dióxido de nitrógeno. Los vehículos con matrículas pares, salvo excepciones, fueron sacrificados en aras de la salud pública. A los impares les tocó la pedrea, un consuelo para los que no pillaron nada en el sorteo de la Navidad. Pudieron transitar por la almendra central de la capital, pero, eso sí, sin poder aparcar. La Voz recorrió algunas de las zonas prohibidas (el interior de la M30) a distintas horas y comprobó que los madrileños cumplieron mayoritariamente la norma. Costaba ver un vehículo con placa par y casi todos llevaban tres o más ocupantes, lo que estaba permitido.

Conductores despistados que no se habían enterado de la restricción ordenada por el ayuntamiento, coches desviados por los agentes para evitar que pasaran al centro, atascos en las vías de acceso, aumento del uso de los transportes públicos, multas selectivas, dudas, quejas y división de opiniones entre los ciudadanos. Por un lado, los que sostenían que la salud es lo primero; por otro, los que no ocultaban su enfado porque se les impedía hacer su trabajo; e incluso quienes señalaban que se trataba de una medida ideológica, en la línea de las críticas que han hecho los portavoces del PP.

«Está bien, así nos concienciamos todos», asegura Carmen, de la facción impar. «Tendrían que haberlo hecho antes, el aire está más limpio», manifiesta Carla, que habitualmente va a la oficina en su coche y hoy lo ha hecho en metro. «En Madrid se respira veneno, apoyo cualquier medida para solucionarlo», sostiene Carlos, que va caminando solo por la calle.

En el bando contrario, algunos echaban humo y no salía precisamente de sus coches. «Me parece fatal, porque si no hay unos límites de contaminación extraordinariamente altos no se puede dejar Madrid aislada completamente», señala Antonio desde dentro de su coche. «Soy autónomo y hoy no he podido visitar a mis clientes», dice Alberto, que se queja de que le han hecho perder un día de trabajo. En los comercios también hay descontento. «A estas horas el bar está lleno y hoy está casi vacío», asegura Román.

Los escépticos dudan de la efectividad de la prohibición. «Hay otras cosas que contaminan mucho más, como las calefacciones, y no hacen nada», dice Aurora. «Habrá que ver si sirve para algo, pero de momento nos han fastidiado a todos», argumenta Raúl, que ha tenido que dejar el coche en casa. «Habría que controlar de verdad las emisiones de las grandes empresas y mejorar el servicio de transporte público, que cada vez es más caro y más lento», afirma Manuel, que pasea tranquilamente con su familia por la Castellana.

También los hubo que se arriesgaron a circular aunque les estuviera prohibido a sus coches. «Pensaba que me iban a multar y ya está, pero no que me iban a obligar a dar la vuelta», afirma una joven.