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La UE cuestiona el compromiso de Londres con el «brexit»

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

OLIVIER HOSLET | EFE

Seis meses después, los británicos demoran el proceso de divorcio porque no tienen garantías de éxito

18 dic 2016 . Actualizado a las 10:05 h.

Medio año. Es el tiempo que ha perdido la Unión Europea esperando con paciencia a que el Reino Unido extienda los papeles del divorcio. Los británicos así lo quieren. Lo dejaron claro cuando votaron no a la permanencia el 23 de junio. Algo nada extraño si se tiene en cuenta que solo el 15 % de los ciudadanos se sienten europeos. «Brexit es brexit», reconoce la primera ministra, Theresa May, pero su equipo negociador no se siente preparado. Londres quiere demorar los plazos hasta tener garantías de éxito. 

¿Por qué tanta demora?

May ha tratado de jugar varias bazas, sin éxito, para poder allanar el camino de salida y hacerlo lo menos doloroso posible. Desde que tomó la batuta en julio, su estrategia política para cercar a la UE ha sido errática. No funcionaron ni sus amenazas de brexit duro ni sus maniobras estivales para dividir a los líderes europeos. Los 27 permanecen firmes y atrincherados tras los tratados para mantener en pie uno de los pilares fundamentales de la UE: la libre circulación de personas.  

Al Reino Unido se le cierran las puertas de acceso a su tesoro más codiciado: el mercado único. Si Londres quiere vetar a los trabajadores comunitarios, deberá sacrificar su fuente de ingresos más potente o vislumbrar una solución «a la suiza». Esto es mantener las puertas abiertas a la circulación de personas mientras se impone en el terreno laboral la ley de «los británicos primero». Por el momento ha quedado desestimada la opción de obligar a las empresas británicas a extender listas con los nombres de sus empleados extranjeros. 

La sensación de que May está dando palos de ciego está generando incertidumbre. En el terreno económico se ha traducido en una pérdida de casi el 20 % del valor de la libra respecto al euro. En el ámbito de las finanzas, se han paralizado grandes inversiones a la espera de ver la hoja de ruta que tiene (o no) diseñada la británica y la reacción de sus socios continentales. «Le toca al Reino Unido explicar qué espera de las negociaciones, qué es lo que quiere», aseguró en la última cumbre europea el presidente del Consejo, Donad Tusk. May no quiere dar el primer paso y revelar sus cartas. 

Londres está contra la espada y la pared. Tiene previsto apretar el botón de salida a finales de marzo. Una vez que activen el artículo 50 de los Tratados de la UE, arrancarán las negociaciones. A uno y otro lado del canal de la Mancha existen dudas sobre la intención de May de cumplir el calendario. Para empezar ya ha protestado por que Bruselas le exigiese dejar listos los términos del divorcio en 18 meses, dejando seis para las ratificaciones en los Parlamentos nacionales. Una maniobra que permitiría a los 27 evitar que el brexit interfiriera en las elecciones europeas previstas para el 2019.

El tiempo apremia y algunos ya sugieren un «acuerdo de transición», para sortear los problemas principales y la incertidumbre a corto plazo. La UE debate a puerta cerrada donde pondrá el umbral de dolor. Los 27 necesitan mantener una buena relación con el vecino insular, pero deben garantizar que las condiciones serán muy duras para disuadir a nuevos desertores del coste de abandonar el barco.