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La Habana enmudece

Héctor estepa LA HABANA / E. LA VOZ

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PEDRO PARDO | Afp

Las Damas de Blanco decidieron no salir a la calle para que el Gobierno no viese el gesto como una «provocación»

28 nov 2016 . Actualizado a las 07:52 h.

Pocas veces se había dado tanta expectación en Cuba. La muerte de Fidel Castro ha llevado a La Habana a periodistas de los cinco continentes. Chinos, japoneses, italianos, norteamericanos, australianos y por supuesto españoles no han querido perderse la despedida de uno de los líderes más carismáticos, odiados y amados por igual, del siglo XX. Las calles de la capital son transitadas estos días por cámaras con todo tipo de logos, mezcladas entre los coches de época que recorren la ciudad.

Graba, eso sí, el que puede. La mayoría de los alrededor de 200 periodistas que han acudido, por ahora, a cubrir el evento, han viajado con visado de turista. Cambiar el permiso por el de periodista supone, a pesar de la buena disposición de los funcionarios, un auténtico calvario. Más de ocho horas en pie tuvieron que aguantar ayer algunos de los plumillas y cámaras enviados al evento. Los protocolos son rígidos y quienes trabajan en las instituciones, reacios a saltarse el guion establecido.

La ciudad parece, a pesar de los nuevos visitantes, inusualmente tranquila, invadida por un silencio que contrasta con la estampa sonora habitual, dominada por el barullo de la música constante que corre por sus venas. Los cubanos están sorprendidos, pero no nerviosos. «Estamos tristes. Fidel ha sido un compañero, un maestro y un amigo. Yo todavía no me creo lo que ha pasado. Hay que resignarse», comenta abatido Pedro Contreras, un funcionario mientras pasea por el barrio del Vedado, donde se aglutinan algunos de los hoteles más famosos de la capital y que ha explotado por el bum del alquiler de habitaciones en casas particulares. Nadie diría, paseando por sus calles, que acaba de morir la persona que dirigió al país casi seis décadas: «Hay mucho que lamentar», explica Daniel López, un transportista cuya furgoneta es, por supuesto, del Estado. Se hace difícil escuchar una crítica a Fidel.

En La Habana falta el ruido de bares y discotecas. El Gobierno ha decretado un período de luto nacional de más de una semana. Como consecuencia de la prohibición de dispensar alcohol son muchos los lugares que no lo ofrecen, aunque todo se consigue con un poco de insistencia. Los restaurantes funcionan con un horario reducido y la mayoría de salas de baile están cerradas. Sobreviven algunas en las zonas más turísticas. Quienes han acudido a ellas en las últimas noches parecen veinteañeros, precisamente el sector de la población más desapegada de Fidel por cuestión de edad.

«Granma», con tinta negra

Aún no se sabe cómo murió Fidel, si en su casa o en un hospital, ni cuál fue el motivo, pero su figura empieza a dominar el paisaje urbano y se hace dominante en balcones, negocios y fachadas. El exmandatario monopoliza también la programación del canal estatal de la televisión, donde los presentadores visten de riguroso luto. El duelo contagia asimismo la prensa del país. Granma, órgano oficial del Partido Comunista, no se publica los domingos pero ayer sí salió a la calle y lo hizo impreso solo con tinta negra, sin la llamativa tipografía roja que lo caracteriza.

En cambio, contrariamente a su costumbre, que consiste en manifestarse precisamente todos los domingos, las Damas de Blanco, punta de lanza de la disidencia, decidieron no salir ayer a la calle para que el Gobierno no interpretase su gesto como una «provocación».