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Así se blindan las pensiones en Europa

Gabriel Lemos REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

M.MORALEJO

El desafío económico y demográfico es común, pero las soluciones adoptadas no son homogéneas

27 nov 2016 . Actualizado a las 12:35 h.

España no es el único país que ha tenido que replantearse la sostenibilidad de su sistema de pensiones en estos años de crisis. Y es que, aunque acentuado por la recesión, que destruye empleo y reduce las cotizaciones, el problema no es tanto de ciclo económico (que también) como de cambios demográficos. Una sociedad, la europea, cada vez más envejecida y en la que nacen menos jóvenes de los que se necesitan para sostener un sistema basado en la solidaridad entre generaciones.

«Todos los sistemas de pensiones son formas de solucionar el problema de cómo vivir sin trabajar a partir de una determinada edad y de hacerlo con garantías», recuerda el profesor del IESE Javier Díaz-Giménez, en un informe elaborado para el Instituto BBVA de Pensiones. En él aborda los cambios recientes acometidos en los países de nuestro entorno para dar respuesta a ese reto.

En el análisis, el experto analiza dos grandes desafíos. Por un lado, el demográfico, derivado tanto del aumento de la duración esperada de las jubilaciones como de la esperanza de vida. Se espera que en medio siglo el tiempo de retiro aumente entre 4 y 5 años, por la mayor longevidad de la población. En España el período de cobro de pensión, que está ahora en 18,3 años de media, pasaría a 22,6, lo que elevaría más de un 23 % los costes del sistema. Una tendencia que va acompañada de una reducción de la natalidad, que reduce el número de trabajadores en activo por cada pensionista, de forma que la tasa de dependencia (mayores de 65 en relación a personas en edad de trabajar) se va a doblar en España, pero también en Portugal o en los Países Bajos, en los próximos 50 años.

El segundo gran desafío es el económico. Tanto por la reducción del número de cotizantes que provocó la crisis como por otras tendencias más estructurales, como la deslocalización industrial hacia países con menores costes laborales. Pero es que, además, los controles cada vez más estrictos sobre la estabilidad presupuestaria también influyen en los sistemas de pensiones, al limitar el déficit que se puede asumir para financiar las prestaciones.

En este escenario, los países de la UE han tenido que meter mano en las jubilaciones, para garantizar su sostenibilidad. Aunque con diferencias, hay tendencias comunes, como el retraso de la edad normal de retiro, la mayor vinculación de las pensiones al historial de cotización o el desarrollo de sistemas complementarios de capitalización privada, con aportaciones realizadas por el propio trabajador o por la empresa.

Esta es la situación en los países de nuestro entorno y los cambios que han introducido.

Portugal

La edad de retiro se vincula a la esperanza de vida. Aunque en un primer momento se retrasó la edad normal de jubilación hasta los 66 años, en el país vecino se ha establecido una norma que la vincula a la esperanza de vida, por lo que se incrementará en los próximos años. Eso sí, los trabajadores que hayan cotizado más de 40 años podrán adelantar su retiro cuatro meses por cada año de trabajo por encima de esos 40. En Portugal, donde los planes de pensiones privados con marginales (apenas cubren a un 8 % de la población activa), no hay tope de cotización. Es decir, se paga por todo el salario, no como en España, donde se fija un límite de 43.704 euros anuales a partir de los cuales no se tributa más. También se ha modificado el período de cálculo de la pensión. Si antes se elegían los diez mejores años de los quince previos al retiro, ahora se tiene en cuenta toda la vida laboral, con un máximo de 40 años. 

Italia

Un nuevo sistema que permite la jubilación a la carta. Es, quizás, la reforma más radical de las aplicadas en Europa, junto a la de Suecia. Ambos países han adoptado un sistema, denominado de cuentas nocionales, que vincula la prestación a lo aportado por el trabajador, ya que las cotizaciones se anotan en una cuenta virtual y generan unos derechos que, en el momento del retiro, se actualizan y se dividen por la esperanza de vida, determinando la cuantía de la pensión anual que recibirá la persona. Lo que se busca es un sistema en el que cada uno reciba en función de lo que ha aportado, por lo que los expertos entienden que incentiva más el trabajo, a diferencia de sistemas de reparto de prestación definida, como el español, donde los ingresos no están tan vinculados a las cotizaciones.

El nuevo sistema de pensiones italiano establece, además, una edad de jubilación flexible, de forma que cada trabajador puede decidir en qué momento, entre los 62 y los 70 años, quiere retirarse, sabiendo, eso sí, que como la pensión se calcula en función de la esperanza de vida esto desincentiva las jubilaciones anticipadas. De hecho, la edad normal de retiro entre los hombres estaba ya en los 66 años en el 2013.

Francia

Dos prestaciones en una. Particular es también el sistema de pensiones francés. Hay por un lado una prestación obligatoria básica que proporciona una paga de hasta el 50 % de la renta media de sus 25 mejores años de cotización, actualizada según la inflación. La pensión máxima era, en el 2014, de apenas 1.560 euros, casi mil euros inferior a la española. Pero además del sistema básico, en Francia hay otro complementario, gestionado por agencias controladas por sindicatos y patronales que supervisa el Gobierno. A los trabajadores se les asignan cada año unos puntos en función de lo que coticen, que luego canjean en el momento de jubilación, con un tope de algo menos de 116.000 euros para los asalariados.

Alemania

La pensión, por puntos. En Alemania se utiliza también un sistema de puntos para calcular la cuantía de la pensión obligatoria, a la que se puede acceder con solo cinco años de cotización. En cuanto a la edad de jubilación, una de cal y una de arena, ya que aunque se aprobó un retraso gradual hasta los 67 años, también se ha modificado la ley para permitir la jubilación a los 63 en ciertos supuestos, como acumular 45 años cotizados. Eso sí, el sistema alemán es uno de los más desiguales de Europa, ya que la baja cuantía de las prestaciones hace que 904.000 jubilados necesiten un minijob para complementar sus ingresos y que un 71 % de los trabajadores hayan recurrido a planes de pensiones privados.

Países Bajos

Una pensión básica garantizada. Que los Países Bajos tenga el índice más bajo de pobreza en la tercera edad no es casualidad. El sistema de pensiones del país garantiza una prestación básica de cuantía fija para los holandeses que han cumplido los 65 años (67 a partir del 2021), que equivale al 70 % del salario mínimo (que este año está fijado en 1.537 euros al mes) si vive solo o del 50 % si convive con otra persona. Esta pensión básica es una red de seguridad que se suele complementar con las rentas de planes de empleo cuasiobligatorios, que cubren a un 91 % de los trabajadores y que pueden generar una prestación complementaria de hasta un 70 % del salario medio con 40 años de aportaciones.

Los expertos piden cambios en la viudedad

Todavía es una incógnita qué propuesta de reforma saldrá de los trabajos de la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, que tras escuchar a los expertos prevé elevar un informe al Gobierno la próxima primavera. Pero, por lo escuchado por ahora, no parece que vaya a haber un cambio radical en el actual modelo de reparto de pensiones garantizadas. Así, la ministra de Empleo ha deslizado la idea de permitir compatibilizar el cobro íntegro de la jubilación con un empleo y el pago de las pensiones de viudedad y orfandad con cargo a impuestos.

La medida, que supondría reducir en más de 20.000 millones al año la carga de la Seguridad Social (aunque trasladándola a los Presupuestos), se da casi por descontada entre los expertos que, sin embargo, empiezan a alzar la voz sobre la necesidad de una reforma en las prestaciones de supervivencia.

En su último informe, el Grupo de Investigación en Pensiones de la Universidad de Valencia destacaba la oportunidad que se abre para «rediseñar la prestación de viudedad, debido al gran cambio que ha habido en la situación laboral de la mujer desde que se concibió el sistema en los 60», de forma que las pagas vitalicias se reserven para casos de extrema necesidad y el resto se atiendan con prestaciones temporales.