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El gin tonic... de capa caída

ACTUALIDAD

maría pedreda

ADIÓS A LA FIEBRE Ahora que habíamos aprendido el nombre de cuarenta referencias de ginebra y que sabíamos distinguir las tónicas por el grosor de sus burbujas, resulta que el combinado que reinó sin competencia en los últimos años está demodé. ¿Qué vamos a hacer con todos los tarros de bayas, especias y demás aderezos que hemos ido acumulando para dar ese discutible toque maestro a nuestras copas? ¿Le irán bien al vodka? ¿Sirven para algo más que para molestar al beber?

13 nov 2016 . Actualizado a las 12:55 h.

Parece que comienza el fin del reinado tiránico de ese brebaje tan fresquito y digestivo que nos ha acompañado durante los últimos años. Podremos decir ahora, por fin, unas cuantas verdades sobre el asunto y desmontar en cierta medida el castillo de aderezos y botánicos que construyeron a su alrededor los infinitos connoisseurs que nos ha dado el gin tonic. Su consumo ha descendido enormemente en las últimas fechas. Pero estén tranquilos todos los fieles, tanto aquellos que descubrieron un nuevo mundo de color con este combinado como aquellos a los que jamás les gustó que les amargasen los postres, pero que a fuerza de insistir se terminaron convirtiendo al culto del junípero. Tranquilos porque aún le queda una larga y tediosa agonía a esta copa mientras desciende de los altares a los que se le elevó. Como si fuera una receta de la más alta coctelería, y no una mezcla con idéntica ciencia que un cubata. ¿O acaso tenía o tiene algo más?

«Sí que se nota una bajada en su consumo, pero diría que se trata de una estabilización», asegura Manuel Arias, legendario maestro de cocteleros que desde El Pirata de Santa Cristina (Oleiros) lleva años luchando por imponer algo de raciocinio en el fenómeno gin tonic. «Siempre ha habido y siempre habrá bebedores de gin tonic. Y estos han apostado por el clásico, con su ginebra seca y sus cítricos y poco más. Lo que está condenado a pasar de moda es esa copa cargada de ingredientes que nunca tuvieron mucho sentido», asegura. Y es que una cosa es personalizar la copa y otra servir una ensalada con ginebra.

En términos semejantes se explica David Ortiz, del Baobab Cocktail Bar de A Coruña: «Ha bajado el consumo de determinadas ginebras premium, pero es que llegó un momento en que había demasiada oferta. Era una locura. La gente se cansó del mareo de tanta marca, de unos precios cada vez más altos... Entre todos lo hemos matado», afirma.

Lo que sí perdura es el consumo de ginebra, pero de otras maneras: «Ahora se pide más con Sprite, con limón... Pero ginebras clásicas, sobre todo», cuenta Ortiz. Kingsley Amis, en su genial tratado alcohólico Sobrebeber, propone como único modo válido de degustar la ginebra «olvidando la tónica, el limón y hasta el hielo, aceptando en todo caso solo un poco de agua». Este consejo lo da tras afirmar: «Tras muchos años de exponerme a la influencia del gin tonic he llegado a considerar que no es una bebida muy de fiar». Y lo dice un inglés. ¿Ha servido al menos esta fiebre del gin tonic para aprender a apreciar la ginebra? «Ha tenido un efecto educador, sin duda. La gente se volvió algo más exigente a la hora de beber», afirma Arias. Y no solo los consumidores. «Los hosteleros tuvieron también que aprender a hacer un servicio perfecto, y eso queda más allá del gin tonic», asegura Ortiz. Algo es algo.

LLEGA EL WHISKY DE MALTA

Cabe ahora preguntarse cuál será la siguiente copa de moda. «Se intentó meter el vodka como alternativa, pero no cuajó, al menos por estos lares», cuenta Arias, que asegura haber detectado un repunte en la coctelería en general: «Hacía años que no me lo pasaba tan bien detrás de la barra. Se está haciendo imprescindible en cualquier lugar tener una carta de cócteles». Desde el Baobab, Ortiz apunta al whisky de malta: «En los últimos meses nos ha sorprendido el auge de una bebida tan especial, y no solo entre los veteranos, sino también entre un público más joven. Botellas de algún whisky japonés de las que apenas vendíamos dos al año han pasado a consumirse una por semana».

Sea como fuere, nada comparado con el fenómeno que surgió alrededor del gin tonic. «Es que ahí entraron a jugar factores demográficos. La generación del baby boom cumplió cierta edad en la que el paladar abandona sabores más dulces. Además, el gin tonic siempre fue un trago bien visto, se podía consumir de día y nadie te miraba mal», explica Ortiz.

De todos modos, y a pesar de esta crónica de una muerte anunciada, basta ver los lineales de los grandes almacenes llenos de tónicas de mil y una marcas para darse cuenta de que todavía le queda un largo recorrido al gin tonic. Aunque sea sin gominolas, pétalos de rosa ni pimientas varias de todos los colores. Y las que nos han quedado en casa, mejor usarlas en una ensalada.

El gin tonic perdurará, lo que ha pasado de moda es la copa cargada de ingredientes sin mucho sentido”