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El gigante japonés de la publicidad, bajo la lupa tras el suicidio de varios empleados

m. h. REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Issei Kato

El Ministerio de Trabajo nipón abría una investigación en las sedes de la agencia Dentsu por varias muertes debido a un exceso de trabajo en su plantilla

08 nov 2016 . Actualizado a las 07:39 h.

En poco más de diez días, el gigante japonés de la publicidad Dentsu ha pasado de la gloria a los infiernos. Un nuevo caso de fatiga laboral extrema con resultado de muerte -conocido con el nombre de koroshi- se suma a otro fallecimiento por estrés en las oficinas niponas de este coloso internacional fundado hace más de 115 años, con una plantilla que supera los 47.000 empleados por todo el mundo y 132.000 millones de dólares (119.000 millones de euros) de beneficio neto.

Casi al mismo tiempo que el Gobierno de Japón reconocía los esfuerzos que este gran holding hacía por el bienestar de sus empleados reduciendo las horas extras para incentivar la conciliación familiar, el Ministerio de Trabajo nipón abría una investigación en las sedes de la agencia por varias muertes debido a un exceso de trabajo en su plantilla. La última, la de una joven de 24 años que contabilizó 105 horas extras al mes, no reconocidas en los registros de la compañía.

Es el más reciente ejemplo de una política empresarial muy arraigada en el país, pese a los intentos del actual Ejecutivo por modificar unos hábitos de trabajo que rozan la extenuación. El japonés acude puntual cada día a su trabajo, no protesta jamás y dobla sin rechistar las 40 horas semanales que estipula la legislación japonesa en materia laboral.

Las autoridades de la tercera economía mundial -recientemente superada por China- persiguen mejorar la productividad y elevar los niveles de natalidad modificando sustancialmente las condiciones de trabajo: limitar las horas extras y disfrutar de vacaciones.

Pero ninguna de esas aspiraciones se cumple. Sobre todo porque los ingresos extraordinarios que perciben los trabajadores aumentando la jornada laboral les permiten aligerar la hipoteca y afrontar los gastos de una familia en la que habitualmente solo trabaja uno de sus miembros, por lo general el hombre. El sentimiento de compromiso con la empresa y la consideración de los superiores, por encima incluso de la estima personal, dificulta el cambio de mentalidad en las condiciones de trabajo.

De ahí que reducir los más de dos mil casos de koroshi reconocidos por el Ministerio de Trabajo japonés al año parezca, visto así, una utopía.