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La encarnación misma de Israel

Miguel Anxo murado

ACTUALIDAD

ABIR SULTAN | Efe

Fue un personaje contradictorio que albergaba en su interior un halcón y un idealista

29 sep 2016 . Actualizado a las 07:33 h.

Previsiblemente, los obituarios de Simón Peres le presentarán hoy como un hombre de paz, la antítesis de otros políticos israelíes como el actual primer ministro Benjamin Netanyahu o el fallecido Ariel Sharon. Es una simplificación que resta riqueza a un personaje cuya carrera fue mucho más larga y compleja de lo que se suele pensar. Y también más contradictoria.

Por una parte está, efectivamente, el Peres que trabajó infatigablemente para cerrar los acuerdos de Oslo de 1993 con los palestinos, el diplomático sutil e idealista. Pero por otra está el Peres que se inició en la política como un halcón, el arquitecto del programa nuclear militar israelí, el ideólogo de la cínica operación de Suez de 1956, el responsable de la masacre de Qana de 1996. Todo eso era Peres, y de hecho a menudo la política de un Peres ha consistido en corregir al otro. Un Peres fue el primer promotor de los asentamientos en Cisjordania y Gaza; otro Peres fue uno de sus críticos más duros. No se trataba, exactamente, de cambios de opinión o de arrepentimientos. Gestionar la contradicción con fineza era su arma secreta de estadista.

Desgraciadamente para Peres, ser demasiado hábil en política se puede convertir en un defecto, y esto es lo que le pasó a él. Apenas gozó del afecto de los votantes, que le consideraban demasiado ambicioso e inescrutable. Su incapacidad para ganar elecciones era legendaria (perdió cinco). Pero el hecho es que aún así llegó a ser primer ministro tres veces, ministro muchas veces y, al final, presidente. ¿Su secreto? Sin duda la tenacidad, y una energía que le mantuvo activo hasta prácticamente el mismo día en que le ingresaron en el hospital donde falleció ayer.

Esas eran las singularidades de Peres. En otros aspectos, sin embargo, era típico de su generación, la que los israelíes llaman «de los fundadores». El más importante de ellos, David Ben-Gurion, fue su padrino político, y gracias a su protección llegó a ser director general del ministerio de Defensa con tan solo 29 años. Pero esa suerte inicial dio paso a un suplicio de Tántalo: durante décadas casi siempre estuvo ahí como ministro (de Defensa, de Absorción de Inmigrantes, de Información, de Finanzas, de Exteriores), pero la jefatura del gobierno se le escapaba una y otra vez. En 1977 la disfrutó durante unas semanas. Una década después logró retenerla apenas dos años; en 1995, tras el asesinato de Rabin, tan solo durante unos meses.

Este fue el origen de Peres el pacificador. Su interés por lograr un acuerdo con los palestinos nacía sobre todo de su convicción de que la paz era indispensable para el progreso de Israel; pero también fue su manera de seguir siendo relevante. Y funcionó: compañeros y rivales pronto comprendieron que necesitaban la imagen positiva que Peres lograba proyectar en el exterior. En todos los gobiernos, generalmente dirigidos por generales, tenía que haber alguien que hablase de paz, y nadie lo hacía mejor que Peres, que logró el premio Nobel de la Paz sin haber logrado la paz.

Siguieron sin votarle. Todavía en el año 2000 Peres tuvo que vivir la humillación de verse rechazado por el Parlamento para el puesto de presidente. Lo consiguió siete años después, ya casi como un homenaje póstumo en vida. Y fue, sin embargo, en ese puesto de presidente, que en Israel es puramente ceremonial, cuando, finalmente, pareció que los israelíes se reconciliaban con el viejo Peres.

En parte era el homenaje que siempre merece la veteranía, pero quizás había también algo más profundo: el reconocimiento de que Peres, con sus idealismos y sus errores, con su energía y sus graves contradicciones, era la encarnación misma de Israel.

Una veintena de líderes de todo el mundo estarán en el funeral de Estado

Más de una veintena de líderes de todo el mundo despedirán mañana a Simón Peres, fallecido a los 93 años al no superar la hemorragia cerebral sufrida hace dos semanas. Será enterrado ese día en un funeral de Estado en la parcela de los «Grandes de la nación» del monte Herzl de Jerusalén, donde reposará a la izquierda de Isaac Shamir, el líder nacionalista, y a la derecha de Isaac Rabin, el asesinado primer ministro con el que compartió el Nobel de la Paz. Dirigentes de EE.UU., Francia, Rusia, la UE, Alemania y España, entre otros, le rindieron ayer tributo, alabando su tenacidad por lograr la paz con los palestinos. Era una de esas personas que «cambian el curso de la historia», dijo Barack Obama. Un «genio de gran corazón», según Bill Clinton, artífice de los acuerdos de Oslo en 1993. Vladimir Putin elogió su «valentía» y su «sentimiento patriótico», y el alemán Joachim Gauck, destacó que «tendió la mano» al país culpable del Holocausto.

Los israelíes se despertaron ayer en duelo. Los palestinos no derramaron ni una sola lágrima por Peres, responsable para muchos de sus desgracias, entre ellas la expansión de las colonias judías. El presidente Mahmud Abás, tras varias horas de silencio, se refirió a la muerte de Peres y dijo fue «un socio valiente para la paz» e hizo «esfuerzos constantes e ininterrumpidos para alcanzar la paz desde Oslo».

En el funeral estarán Obama, Bill Clinton y John Kerry, así como François Hollande y el príncipe Carlos. España enviará al ministro de José Manuel García-Margallo. Ningún país árabe había confirmado ayer la presencia de un representante en las exequias, aunque se espera que estén los de Egipto y Jordania.