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La UE apuesta por reforzar la seguridad y la defensa para permanecer unida

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

YVES HERMAN | reuters

Los 27 cierran filas en Bratislava ante el temor a que el «brexit» hunda el proyecto europeo

17 sep 2016 . Actualizado a las 09:01 h.

«La Unión Europea no es perfecta, pero es el mejor instrumento que tenemos para afrontar los retos a los que nos enfrentamos», o lo que es lo mismo, es el menor de los males. Así trataron de convencer los 27 líderes de la UE a los ciudadanos de que el proyecto europeo, herido de gravedad por el brexit, es irreversible e indispensable para los que siguen a bordo. La crisis existencial abierta tras el portazo británico de junio obligó ayer a los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión a mover ficha e insuflar energía al bloque. Ironías del destino, lo hicieron amotinados en el castillo de Bratislava, una de las capitales que más tensiones ha generado entre sus socios durante la crisis de refugiados. 

A orillas del Danubio se citaron los 27 con la ausencia notoria de la británica Theresa May. Londres ya no tiene voz para cambiar el futuro de la UE, pero su ausencia pesa. «Los europeos quieren protección en sus fronteras, protección de sus intereses económicos y comerciales, de sus valores y cultura», exclamó François Hollande. El presidente francés y Angela Merkel, esbozaron un plan conjunto alejado de grandes pretensiones y ambiciones políticas para evitar más divorcios en la familia. «Estamos en una situación crítica. De lo que se trata es de mostrar que podemos mejorar y Bratislava ha sido un buen punto de partida para ello. Alemania y Francia se implicarán intensamente en los próximos meses para conseguir que todo sea un éxito», aseguró la canciller alemana.

París y Berlín están dispuestos a abanderar la agenda de trabajo que perfiló ayer el Consejo Europeo. Un programa de propuestas concretas en el terreno del empleo, el control de fronteras externas e internas, el crecimiento económico, la defensa, la seguridad y lucha contra el terrorismo, únicos terrenos donde no hay graves fisuras con los socios del este. El plan se extenderá hasta la cumbre de Roma, en marzo del 2017, en el 60 aniversario del Tratado que dio origen a la UE.

Hollande pidió apoyo a sus socios para tratar de aumentar la cooperación militar ahora que el Reino Unido, su principal obstáculo, dirá adiós a la Unión. «Tenemos retos de seguridad y defensa. No hay espacio para la fragmentación», exclamó la presidenta lituana, Dalia Grybauskaité. Todos se alinearon tras el mensaje de unidad del primer ministro eslovaco, Robert Fico, quien instó a relanzar el proyecto. Su homólogo griego, Alexis Tsipras, exigió un cambio de rumbo de las políticas económicas. De igual modo se manifestó el italiano, Matteo Renzi: «Mi país está cansado de recibir listas de cosas que hacer». 

Migración, el gran escollo 

Los problemas de cohesión interna salieron a relucir de inmediato cuando el debate giró hacia la política de migración. He aquí la barrera que separa a los socios europeos. Los países de Visegrado (Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa) están dispuestos a «aumentar» sus compromisos materiales y financieros para controlar las fronteras externas e internas de la Unión Europea y las zonas de acceso de migrantes, pero no quieren ni oír hablar de acoger a los que ya se encuentran en Grecia e Italia. «La política migratoria debería basarse en el principio de solidaridad flexible. Cualquier mecanismo de distribución debería ser voluntario», reclaman.

Su propuesta de repatriar competencias desde Bruselas a los Parlamentos nacionales fue acogida con resignación. Los líderes europeos han acordado echar el freno al proceso de integración durante los próximos seis meses y se han comprometido a concentrar los esfuerzos en aquellas áreas donde se pueda recuperar la confianza de los ciudadanos. 

Miedo e incertidumbre ante el avance del populismo

Si algo deja claro el «proceso de Bratislava» es que no son buenos tiempos para estrechar más los lazos en la UE. Los Gobiernos de los 27 han preferido pisar el freno de la integración en vista de las enormes divergencias internas y ante el temor a que el brexit siente un peligroso precedente en las citas electorales de los próximos doce meses. 

¿Por qué la UE renuncia a una mayor integración?

Lo admitió el propio Juncker: «Existe mucha fragmentación y poca convergencia». Los países del norte y del sur batallan para imponer sus respectivas fórmulas sobre la recuperación y el crecimiento económico. Los socios del este siguen enfrentados con la vieja guardia por el reparto obligatorio de refugiados y las críticas que hace Bruselas en torno a la mala salud democrática de países como Polonia y Hungría. La presión de euroescépticos y populistas mantiene contra las cuerdas a algunos Gobiernos que prefieren esperar a que amaine la tormenta y los ciudadanos recuperen la sensación de seguridad y confianza en la UE para acometer reformas de calado.

¿Cuándo se retomará el pulso? 

No será pronto. El calendario de los próximos doce meses son un campo de minas. Hungría someterá a referendo las cuotas de refugiados. Austria repetirá la vuelta de las presidenciales con la ultraderecha disputando la victoria. Renzi buscará en octubre el apoyo de los italianos a los nuevos cambios constitucionales. Marine Le Pen peleará por el primer puesto en las presidenciales del 2017 y amenaza con otro referendo de permanencia si gana. El xenófobo holandés Wert Wilders pueden poner en aprietos al actual Gobierno de coalición, al igual que el AfD en Alemania. Si la UE consigue salir de una pieza, aún habrá que esperar al resultado de las negociaciones del brexit.

¿Cómo puede afectar la negociación con Londres?

Es la gran prueba de fuego para la Unión. Hay países como Francia que adoptarán un perfil más duro. A países del Este de Europa, como Polonia, les conviene un divorcio más conciliador para proteger los intereses de los miles de ciudadanos polacos desplazados al otro lado del canal de la Mancha. Si la UE no consigue aunar posturas perderá poder de influencia. Cualquier propuesta de reforma ambiciosa puede desestabilizar la frágil unión entre los Veintisiete. Otra cuestión es cómo acomodar el principio de libre circulación en las nuevas relaciones entre Londres y el Viejo Continente. Cualquier cesión puede ser aprovechada por otros socios de la Union Europea para demandar un trato especial.