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La UE empezará a reconstruir hoy su futuro tras la marcha del Reino Unido

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

YOAN VALAT | efe

París y Berlín pretenden que el nuevo proyecto esté en marcha el próximo marzo

16 sep 2016 . Actualizado a las 09:23 h.

«Solo tiene sentido hacer una evaluación brutalmente honesta de la situación». No se anduvo ayer con paños calientes el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, al instar a los 27 líderes europeos, hoy reunidos en Bratislava, a hacer una radiografía fiel de la crisis abierta en la UE tras el divorcio británico. 

El brexit ha dinamitado la frágil cohesión interna del bloque y ha hecho emerger la enorme desconfianza que separa a los ciudadanos de los Gobiernos y Bruselas. No obstante, el adiós británico no explica por sí solo el temblor europeo, explicó ayer en París el presidente francés, François Hollande, tras reunirse con la canciller Angela Merkel. «Tenemos que ser conscientes de la situación que vive Europa. Esta puede ser la crisis de su existencia, la de su fundación misma», aseguró el líder galo quien exigirá hoy, junto con Alemania, que la nueva agenda esté lista el próximo marzo.

La falta de seguridad en las fronteras internas y externas, el terrorismo, el mediocre estado de salud de la economía y las incertidumbres en defensa son parte del cóctel de problemas a los que tratarán de buscar soluciones los 27, en ausencia de la primera ministra británica, Theresa May. «Debemos reconstruir la reputación de la UE como sinónimo de protección y estabilidad», aseguró Tusk en su carta de invitación. 

Los países de Visegrado [Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa] han sabido imponer su visión ultranacionalista en la nueva hoja de ruta de la UE. Se acabó el pulso integrador. Bruselas y el propio Tusk asumen que será necesario echar el freno de mano: «La concesión de nuevas competencias a las instituciones europeas no es la fórmula adecuada», admitió el polaco. Por si quedaban dudas de las intenciones de Visegrado, el ministro de Gobernación húngaro, Janos Lázar, advirtió ayer de que Hungría no admitirá la imposición de cuotas de refugiados y exigirá en Bratislava despojar de competencias a Bruselas. ¿Cederá la UE? Según fuentes diplomáticas europeas, ya se empiezan a «oír ecos» de cara a una reformulación de la política de acogida. La crisis migratoria, «punto de inflexión» para Tusk, mantiene enfrentados a los países del este y los del oeste. El ambiente es tan tóxico que ayer Merkel tuvo que recordar que lo fundamental es «mantener la cohesión de la sociedad».

Los expertos del think tank Carnegie Europe, Stefan Lehne y Heather Grabbe, aseguran que el calendario electoral en Francia, Alemania y Holanda y las profundas divisiones impedirán que se adopten decisiones de gran envergadura hasta dentro de dos años: «Los líderes deberían concentrarse en proyectos que demuestren el valor añadido que aporta la UE y en cómo garantizar la cohesión interna con una mayor flexibilidad en la integración». Las  negociaciones con el Reino Unido serán una prueba de fuego: «Podrían dividir a los Estados miembro si alientan a otros miembros a demandar tratos especiales, por ejemplo con la libertad de movimiento de personas». 

En la carta de invitación de Tusk se vislumbran pasos inquietantes en esa dirección. En el texto expresa la necesidad de analizar las consecuencias de aplicar ese derecho en la UE. «No nos gustó. La idea de que el principio de libre circulación tiene consecuencias inesperadas es cuestionar el propio principio», lamenta una fuente española.