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«Todas las partes del conflicto necesitan esta tregua»

Laura Fernández Palomo AMÁN / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

AMEER ALHALBI | AFP

En las horas posteriores al anuncio del alto el fuego 97 personas murieron en Idlib, Alepo y la periferia de Damasco, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos

12 sep 2016 . Actualizado a las 07:26 h.

Al atardecer de este domingo, cuando el mundo musulmán esté celebrando el primer día de la fiesta del Sacrificio (Eid el Adha), un «cese de hostilidades» entre Gobierno y oposición, debería dar un respiro a la población civil en Siria. Rusia y EE.UU. apuestan por otro intento más para un país sin tregua desde hace más de cinco años. Pero las facciones armadas opositoras han recibido el acuerdo con reservas, cuando en las horas posteriores al anuncio 97 personas murieron, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), en Idlib, Alepo y en la periferia de Damasco por bombardeos gubernamentales.

«En la primera tregua los grupos armados se comprometieron a respetarla, pero el régimen de Damasco la rompió», recuerda recién llegado a Turquía desde Alepo, el periodista sirio, Kousay Hayani, antes de regresar a su ciudad natal para testar la veracidad del alto el fuego. «La gente ha perdido toda confianza y ya no creen en la comunidad internacional. Se sienten abandonados; lo puedes ver en sus caras», reseña. «Pero lo cierto es que todas las partes, tanto rebeldes como gubernamentales, necesitan esta tregua», alude a los civiles atrapados por la guerra.

El Gobierno sirio ha aceptado cumplir con las condiciones de no lanzar ofensivas militares desde hoy, al igual que la milicia libanesa de Hezbolá e Irán, firmes aliados y sustentadores del poder del presidente sirio Bachar Al Asad. Por su parte, Arabia Saudí y Qatar, financiadores de la oposición, han asumido por el momento los planes ruso-estadounidenses.

Los grupos opositores, sin embargo, se mantienen divididos. Mientras un portavoz del prominente grupo rebelde Ahrar al Sham declaraba que la coalición de milicias suníes Yaish Al Fatah (Ejército de la Conquista) no participará del acuerdo, el resto de interlocutores aseguraban a última hora de la tarde que todavía la estaban estudiando. «No han dicho si la aprueban o no, de momento están meditando la propuesta», confirmó Hayani.

El pacto excluye al Frente Fath al Sham (nombre que tomó el Frente Al Nusra en julio tras desvincularse de Al Qaeda) y el Estado Islámico (EI). Ante esto, el OSDH, un grupo de monitoreo con base en Londres, pidió a los países implicados que la excepción no sirva como «pretexto para atacar a civiles sirios», a colación de las anteriores treguas en las que Al Qaeda y el EI también quedaban al margen y que sirvieron para que la aviación oficial atacara barrios rebeldes donde reside población civil.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que lanzó a finales de agosto una intervención unilateral en el norte de Siria, confirmó que continuará con sus operaciones contra el EI y, también, contra la «peste» del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) que personaliza, en su rama siria, en las Unidades de Protección Popular (YPG), que luchan contra los yihadistas con apoyo de EEUU. 

Claves de la tregua en Siria 

Diferenciar a los rebeldes opositores de los grupos terroristas. EEUU y Rusia se han comprometido a combatir tanto al Estado Islámico como al Frente Fath al Sham, antigua filial de Al Qaeda. Washington presiona para que los grupos armados que apoya se distancien de los extremistas, consciente de que la contraofensiva que rompió el asedio gubernamental de Alepo en agosto estuvo liderada por Fath al Shams. 

Cese de los bombardeos 

Como el presidente estadounidense, Barack Obama, recordó en la reunión con su homólogo ruso, Vladimir Putin, Damasco debe parar sus ataques aéreos, que suele apoyar Moscú, porque el hostigamiento en las zonas rebeldes fomenta la radicalización y el trasvase de combatientes o la alianza con grupos terroristas. 

¿Fin de la guerra? 

El objetivo inmediato es reducir la violencia y con ello posibilitar la lucha para la erradicación de los grupos extremistas. Aunque quedarían muchos fuegos que apagar, el acuerdo busca a su vez reactivar las negociaciones políticas entre Gobierno y oposición que contemplan un Ejecutivo de transición y unas elecciones presidenciales.