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Las separaciones y los divorcios se disparan en el cuarto trimestre del año

Victoria Robles / J. A. REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

Las vacaciones de verano suponen una puesta a prueba a la convivencia en pareja

04 sep 2016 . Actualizado a las 12:25 h.

Las vacaciones de verano son un arma de doble filo para las parejas. Por un lado es el momento perfecto para recuperar el tiempo perdido tras la rutina, sin embargo estar pegado a la otra persona puede suponer un agotamiento que termine por acabar con la relación. De hecho, desde hace varios años se viene confirmando una tendencia que apunta a que se producen más disoluciones de matrimonio a partir de septiembre, justo después del periodo vacacional por excelencia: el verano.

A diferencia de lo que se podría pensar, según los datos publicados por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), fue el tercer trimestre del año pasado (julio, agosto y septiembre) cuando se produjeron menos disoluciones matrimoniales, con 26.658 casos. Sin embargo, estas repuntaron en el último trimestre del año llegando a alcanzar los 34.140 divorcios, separaciones y nulidades, de un total de 130.100 producidas en todo el 2015.

Este hecho confirma una tendencia que se viene manteniendo desde hace varios años. El psicólogo y psicoanalista Manuel Fernández Blanco considera que hay una explicación «sencilla» para este fenómeno, y es que el periodo vacacional supone «la puesta a prueba de una convivencia continua» que cuando una situación de pareja ya está deteriorada hace que se desencadene «una crisis que no se puede resolver» provocando «conflictos o discusiones debido al desencuentro o la apatía generalizada».

Concretamente en Galicia, en el cuarto trimestre del año pasado se produjeron un total de 1.795 demandas de disolución matrimonial; siendo A Coruña, con 777, la provincia con más casos, seguida de Pontevedra, con 688, y finalmente Lugo y Ourense, con 167 y 163, respectivamente.

Por todo esto, es normal que tras el verano una mayor cantidad de gente quiera acudir a terapia. Fernández Blanco asegura que a pesar de que acude gente de ambos sexos, la mayor parte de las consultas son de mujeres que se ven atrapadas en «una relación de pareja totalmente insatisfactoria que no consiguen abandonar». Sin embargo, estas mujeres, según el psicólogo «nunca se plantean dejar a ese hombre», ya que de ser así acudirían a un abogado. «Las vacaciones son un momento ideal para solucionar los problemas de pareja, siempre y cuando exista deseo», afirma Manuel Fernández. Por ello, si esto no funciona, tras el verano algunos acuden a terapia y posteriormente, al ver que la relación no mejora, optan por pedir la separación. De hecho, según el balance anual que ofrece el CGPJ, se presentaron 123.330 demandas de divorcio, un 2,4 % menos que el año anterior, de las que 73.389 fueron de mutuo acuerdo; mientras que, en cuanto a las separaciones, fueron 4.616 las que se presentaron consensuadas, frente a las 1.979 contenciosas.

La figura del progenitor

Asimismo, otro problema que provoca el deterioro de la pareja en verano viene condicionado porque el rol de padre o de madre termina por eclipsarlo todo. “Acaban siendo papá o mamá y dejan de ser hombre y mujer”. Por ello, Fernández Blanco entiende que en ocasiones es necesario que los padres disfruten de momentos a solas «siempre y cuando el deseo siga ahí». El experto también quiso recalcar que esta situación no entiende de economía, ya que puede afectar a todo el mundo por igual, y es que asegura que «tiene que ver con el tipo de satisfacción o no en la relación». Sin embargo, apunta Fernández Blanco que en el periodo más acentuado de la crisis se produjo un fenómeno de menos rupturas, ocasionado por «un tema puramente pragmático» al no poder garantizar la seguridad económica con la pareja separada. Estas personas también decidieron continuar con la convivencia, explica el psicólogo, pero considera que en estos casos «suele ser peor el remedio que la enfermedad», porque, una vez que la ruptura en el plano del deseo se ha producido, a lo que lleva es a un «deterioro» mucho mayor en la convivencia y a problemas importantes incluso para los hijos.

Buscar en el interior

Por último, Fernández Blanco cree necesario que aquellas personas que no estén a gusto con su pareja o sientan que algo no va bien se vuelvan hacia sí mismos y se pregunten «¿qué es lo que está en juego en la relación de pareja?» y a raíz de esto valoren si realmente coincide con su «apuesta de vida» o no. Señala que la auténtica pregunta en el amor se suele formular equivocadamente al preguntarse «¿qué soy para ti?» en lugar de «¿cómo puedo ser contigo?». Y continúa: esto tiene más que ver con «¿cómo quiero amarte?» y no con «¿cómo te amo?». Según el psicólogo, las personas llegan a «extenuarse» con estas cuestiones y es este el motivo por el cual, a partir de este momento, todo lo que hace la otra pareja molesta.