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Erdogan comienza a segar cabezas

espe abuín REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

El presidente turco califica de «regalo de Dios» un golpe que le permitirá limpiar el Ejército y purga la judicatura, con la destitución de 2.745 jueces y la detención de diez magistrados

17 jul 2016 . Actualizado a las 12:57 h.

Si el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, «ha restablecido la situación, y creo que es el caso, vamos a tener un período de mucha calma pero sin duda también habrá represión». El augurio que hacía ayer desde Niza el presidente francés, François Hollande, no ha tardado en confirmarse. Pocas horas después de que el primer ministro turco, el islamista Benali Yildirim, anunciara que el Gobierno había recuperado el control del país tras el fallido intento de golpe de Estado, comenzó la purga. Una limpieza que no se contentó con depurar el Ejército, sino que también se adentró en la judicatura, estamentos ambos en los que los detenidos y destituidos se cuentan por millares.

Al menos 2.839 militares han sido apresados por su presunta colaboración con el golpe, dijo Yildirim, en unos arrestos masivos que no han reparado en rango, ya que desde soldados rasos hasta oficiales de mayor graduación han ido a la cárcel. Uno de ellos es el excomandante del Estado Mayor de la Fuerza Aérea turca, Akin Ozturk, detenido en la capital, Ankara, por ser presuntamente uno de los de la intentona. Asimismo, han caído el número dos del Ejército de Tierra, el general Adem Huduti, apresado en la provincia de Malatya, y el comandante del Tercer Ejército, Erdal Ozturk. Han sido suspendidos varios militares y han rodado las cabezas de cinco generales y 29 coroneles.

Destitución de jueces

La purga ha sido de mayor calado en la judicatura, y ha alcanzado hasta la cúpula. Un total de 2.745 jueces fueron destituidos por la Junta Superior de Jueces y Fiscales del país (HSYK). No se ha librado de la limpieza ni la propia junta. El ministro de Justicia, Bekir Bozdag, que preside ese órgano, destituyó a cinco de sus 22 miembros, al tiempo que ordenó la detención de diez magistrados del Supremo. Los arrestos han llegado hasta el Constitucional, con el apresamiento de Alparslan Altan, uno de sus 17 miembros, y están en busca y captura 140 miembros del Tribunal de Casación.

A todos, destituidos y arrestados, se les culpa de estar relacionados con el clérigo turco Fetullah Gülen, exiliado en Estados Unidos y enemigo acérrimo de Erdogan y del gobernante partido islamista AKP. Por más que este ha condenado el alzamiento militar y ha negado cualquier vinculación con el mismo, el presidente turco sigue apuntando con el dedo al que hasta hace tres años era su aliado, asentado ahora en Pensilvania, y reprochando a Estados Unidos por darle asilo.

Aluvión de condenas

La tentativa golpista por parte del Ejército turco ha recibido un aluvión de condenas por parte de la comunidad internacional. La ONU, EE.UU., la UE, Rusia, Francia, Alemania, Reino Unido, Grecia, España, México, Argentina, Venezuela... Hasta el mismo Irán dejó de lado su rivalidad con Turquía para censurar la actuación de los insurgentes. Aprovechó para pedir al Gobierno turco que «respete la opinión y los votos del pueblo sirio», en alusión al apoyo que Ankara presta a los rebeldes sirios sublevados contra el Gobierno de Bachar al Asad.

Pero, al tiempo que aplaudían el triunfo de la democracia y del Estado de derecho, surgían voces críticas con la represión de Erdogan, que no tuvo reparos en describir el golpe como «un regalo de Dios» que le permitirá limpiar el Ejército. «Esto es traición. Pagarán un precio muy alto», advirtió, al tiempo que reveló que el hotel en el que se alojaba durante sus vacaciones fue bombardeado después de que él saliera.

Llama la atención que hayan caído más jueces que militares para purgar una sublevación del Ejército. Y más suspicacias levanta aún que Yildirim haya apuntado en su comparecencia que la pena de muerte no existe actualmente en el Código Penal turco, pero que las autoridades estudiarán cambios en la legislación para que alzamientos como el del viernes no se repitan. Esto ha hecho circular la teoría del autogolpe, en el que el principal aliado de Erdogan ha sido el pueblo, al que pidió incluso por SMS que saliese a las calles para defender la democracia. La respuesta fue tal que la policía tuvo que intervenir para evitar el linchamiento de soldados. Claro que en el fracaso de la tentativa también fue determinante que muchos oficiales castrenses se desmarcasen de los golpistas y llamasen a los insurrectos a regresar a los cuarteles.

Baño de sangre

Lamentablemente, el golpe de Estado no ha sido incruento. El Gobierno habla de 161 muertos, entre policías, soldados leales a Erdogan y civiles, y de 1.440 heridos, a los que habría que sumar otros 30 del bando golpista y 20 víctimas. Otras fuentes elevan a 104 el número de muertos entre los opositores a Erdogan.

Unidad en la primera sesión del Parlamento 

Con las secuelas todavía humeantes por los bombardeos del día anterior sobre Ankara, que dañaron el edificio, en la sede del Parlamento turco se celebró ayer una sesión especial que el primer ministro describió como una «fiesta de la democracia», una reunión en la que el partido que sustenta el Gobierno, AKP, obtuvo el respaldo de las tres fuerzas de la oposición a la hora de condenar el golpe de forma unánime. No faltaron, no obstante, veladas críticas a la deriva autoritaria del Ejecutivo.

Precisamente, cuando el Gobierno daba ya por sofocado el alzamiento militar, un avión disparó contra civiles en Ankara y bombardeó el edificio del Parlamento, obligando a los a refugiarse en una dependencia del sótano del edificio. Algunos policías y empleados de la Cámara resultaron heridos, así como varias víctimas civiles en el exterior. El primer ministro trató de héroes a los parlamentarios que la noche anterior habían permanecido en la sede durante el golpe.

Ocho militares huyen a Grecia en helicóptero y piden asilo

Adelantándose a la caza de brujas de Erdogan, ocho militares supuestamente vinculados a la intentona golpista en Turquía aterrizaron ayer en helicóptero en la ciudad de Alejandrópolis, al norte de Grecia. Alegaron un fallo mecánico para justificar la entrada en el espacio aéreo sin autorización y fueron detenidos por las autoridades griegas, a las que han pedido asilo, confirmó el Ministerio de Defensa heleno.

No es casual que el Black Hawk en el que llegaron aterrizara en Grecia, enemigo histórico de Turquía. El examen de la petición y su resolución servirá de test para el estado de las relaciones entre los dos países tradicionalmente enfrentados. Las autoridades griegas tendrán en cuenta que se trata de presuntos golpistas y Turquía da casi por hecho que entregará a los ocho «traidores», según publicó en Twitter Mevlut Cavusoglu, ministro de Exteriores turco.