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Fármacos biológicos revolucionan el tratamiento de la psoriasis

Raúl Romar García
Raúl Romar ZARAGOZA / ENVIADO ESPECIAL

ACTUALIDAD

Acción Psoriasis

El Congreso Nacional de Dermatología aborda un mal que afecta a un millón de personas

04 jun 2016 . Actualizado a las 10:47 h.

Aunque muchos aún las ocultan, las placas en el cuero cabelludo, los brazos, las piernas o en cualquier otro lugar del cuerpo los delatan. Son, junto con el engrosamiento y enrojecimiento de la piel, las escamas, el prurito y el dolor, las manifestaciones más evidentes de la psoriasis, pero existen otros problemas asociados que indican que la enfermedad va mucho más allá de un problema estético. Es una patología autoinmune que agrava otros problemas de base como la diabetes, la hipertensión, el colesterol, la artritis psoriásica o incluso el Crohn y que en no pocos casos sumerge en una profunda depresión a los afectados, algo más de un millón en España, de los que un tercio presentan psoriasis grave o moderada. Convivir con ella les puede resultar un martirio que está a punto de ser controlado gracias a una nueva generación de fármacos biológicos inyectables que, aunque no la curan, sí la mantienen a raya y permiten a los pacientes mantener una calidad de vida aceptable. Es el consenso generalizado de los especialistas que participan en el Congreso Nacional de Dermatología y Venereología que se celebra en Zaragoza. Cosentyx, el último de la serie que fue aprobado el pasado año en España, fue uno de los protagonistas del congreso, ya que fue objeto de tres comunicaciones orales que aportan nuevos datos sobre su seguridad, eficacia sostenida y superioridad con respecto a otros.

«Al paciente le cambia la vida. Supone convertirlo de nuevo en persona», advierte Lluis Puig, director del departamento de Dermatología del Hospital de la Santa Creu i Sant Palau. «Estamos asistiendo a una auténtica revolución en los tratamientos. Es cierto que la psoriasis es una enfermedad crónica que nunca va a desaparecer, pero ahora vemos que sí se puede controlar. Si se le limpian las manchas, a los pacientes se les quitan todos los complejos», explica Pilar Manchado, jefa del servicio de Dermatología del Hospital Clínico de Valladolid.

Según los estudios, un 75 % de los afectados asegura sentirse poco atractivo, un 54 % confiesa estar deprimido y un 8 % asegura que se ve obligado a trabajar en casa. Aunque puede que solo sea una percepción, sienten que el efecto de la enfermedad sobre su calidad de vida es similar a la de tener un linfoma, un ataque cardíaco, artritis o diabetes. 

Vida sana

Para los afectados, evitar el dolor y los picores y, sobre todo, blanquear su piel es clave para superar sus traumas. Y es lo que ahora se está consiguiendo de forma más efectiva. «Es importante blanquear al paciente para lograr la desaparición de sus lesiones durante el mayor intervalo de tiempo, ya que el control de los síntomas redundará en su calidad de vida, aspecto en el que los pacientes también tienen que poner su granito de arena llevando una vida sana, sin tabaco, con deporte regular y evitando el sobrepeso, que es uno de los factores que más influyen en la mala respuesta al tratamiento», subraya Rosa Izu, jefa del servicio de Dermatología del Hospital Universitario Basurto.

Existe, sin embargo, un problema con los nuevos tratamientos biológicos, de los que se benefician poco más de un 30 % de los pacientes con dermatitis grave o moderada: su precio aún es muy caro y no siempre suele ser la primera opción de los especialistas. Pese a ello, y según destacaron los expertos, España es uno de los países en los que mejor se trata la enfermedad. «Si nosotros pudiéramos elegir los tratamientos, sin duda que prescribiríamos los nuevos, aunque el problema es que son caros», constata Rosa Izu.

«Llegué a preguntarme qué estaba haciendo yo en este mundo»

Jaime Aixala tiene 65 años y lleva 36 conviviendo con la enfermedad. «Lo he pasado muy mal -explica- porque tenía una presión muy grande. Mi vida ha sido un rosario de problemas a causa de la enfermedad y llegué a preguntarme qué hacía yo en este mundo». Las placas le empezaron en el cuero cabelludo, pero pronto se extendieron por brazos y piernas y otras partes del cuerpo. «Te escondías, no ibas a la playa ni a la piscina y evitabas llevar pantalones cortos o camisetas sin mangas», dice Aixala.

Su vida ha cambiado ahora con los nuevos tratamientos y transmite vitalidad y entusiasmo en cada palabra. «Mi vida en este momento -reconoce- es más fácil, más alegre, diferente». Y lanza un mensaje a los que empiezan a tener la enfermedad: «Que no se dejen caer en la desesperación». Muchos lo han hecho y han buscado una solución a su problema más allá del consejo médico, en ungüentos supuestamente milagrosos que les han agravado la situación. «Que nadie busque productos milagro, porque no existen, que nadie busque soluciones en Internet. Lo que tiene que hacer en cuanto le aparezcan los primeros síntomas es acudir a su médico», advierte Aixala, que en sus casi cuarenta años conviviendo con la patología ha sido sometido a todo tipo de tratamientos. «Recuerdo -explica- que antes nos daban baños de hulla y alquitrán. Salías de casa apestando. Afortunadamente, hoy en día la psoriasis se puede controlar muy bien». Es su mensaje.