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Atenas prepara el desalojo de más campos tras el cierre de Idomeni

LETICIA ÁLVAREZ LA VOZ EN SALÓNICA

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MARKO DJURICA | REUTERS

El antiguo hotel Evzoni esconde en su interior a 500 personas y en su aparcamiento cada día hay más tiendas de campaña

29 may 2016 . Actualizado a las 09:46 h.

El antiguo aeropuerto de Elenikón, en los suburbios de Atenas, es el siguiente campo de refugiados que el Gobierno heleno planea desalojar. Alberga en su mayoría a migrantes de Afganistán y Pakistán que todavía no saben cual será su siguiente destino. La nueva evacuación tiene un objetivo económico. Puede suponer a las arcas griegas unos ingresos de 900 millones de euros porque la venta del lugar forma parte del acuerdo firmado con la troika para el tercer rescate. La irrupción de los refugiados retrasó las negociaciones con el consorcio chino que quiere arrendar las instalaciones.

Crisis migratoria y económica fueron de la mano los últimos doce meses en Grecia. Idomeni provocó que el país heleno se demorara en los plazos para la venta de su principal empresa de transporte de mercancías. Trainose, que así se llama la compañía, declaró pérdidas por unos 2,5 millones de euros como consecuencia del bloque de 67 días. Una situación parecida se repite con el antiguo aeropuerto de la capital. El principal problema es que por mucho que Atenas intenta controlar a los más de 50.000 refugiados, necesita más medios y personal. Por eso ha recurrido al ejército para vigilar la mayoría de los centros.

Ahora mismo, 17 de los 43 campos oficiales están por encima de su capacidad. A pesar del desalojo de la frontera se está levantando un asentamiento paralelo. Las estaciones de servicio están sobresaturadas. El antiguo hotel Evzoni esconde en su interior a 500 personas y en su aparcamiento cada día hay más tiendas de campaña. «Hemos venido aquí porque nos han dicho que esta noche limpiarán la estación Eko y no queremos ir a los campos», dice Ahmed, que busca un nuevo sitio donde sus cuatro hijos puedan dormir. «No voy a esperar en un campo. Igual nos moriremos aquí, puede que ese sea nuestro destino y lo aceptaremos. No queremos más mentiras de Europa», afirma.

De un lado para otro y sin saber qué hacer, muchos refugiados no reciben información y viven en una especie de limbo hasta que el Gobierno heleno prepare nuevos campos. La misma situación se vive en el Pireo, que ya sufrió varios intentos de desalojo. Sin embargo, su población volvió a repuntar hasta las 1.476 personas con las llegadas de los migrantes que estaban detenidos en las islas y han conseguido ser admitidos. Nour acaba de llegar al puerto de Atenas. «De momento me quedo aquí porque tampoco me dan una alternativa y no tengo dinero para alquilarme un apartamento», explica. «La verdad es que aunque Moria era una vergüenza estaba mucho mejor en Lesbos», señala.

El ministro de Migración griego, Yanis Muzalas, calcula que un tercio de los migrantes saldrán durante este año del país con el plan de reubicación europeo. La misma cifra se quedará en Grecia como parte del programa de asilo. El resto, los migrantes económicos, serán deportados. Hasta que los trámites se agilicen y el sistema de asilo griego empiece a funcionar el país tiene que lidiar con más de 50 centros de refugiados oficiales e improvisados.