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Austria se contagia de la deriva ultra

juan carlos barrena BERLÍN / COLPISA

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A la izquierda, Norbert Hofer; y a la derecha, Alexander Van Der Bellen
A la izquierda, Norbert Hofer; y a la derecha, Alexander Van Der Bellen

El líder radical de extrema derecha Norbert Hofer se perfila como nuevo presidente en las elecciones de hoy

22 may 2016 . Actualizado a las 10:31 h.

Austria, la pequeña y neutral república alpina, amenaza con virar hacia la extrema derecha. El país de Mozart se decanta cada vez más por el populismo nacionalista y un acercamiento acelerado a la política radical de vecinos como Hungría, Polonia o Eslovaquia. Todo apunta que en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que se celebran hoy, Norbert Hofer, candidato del euroescéptico y ultraconservador Partido Liberal Austríaco (FPÖ), podría convertirse en el nuevo máximo mandatario de un país en el que el sistema político tradicional de reparto de poder entre socialdemócratas (SPÖ) y populares (ÖVP) se descompone a marchas forzadas. Con el 35 % de los sufragios, Hofer fue el más votado en la primera vuelta del 24 de abril, con casi 15 puntos de ventaja sobre el segundo, el candidato de Los Verdes y emérito catedrático de Economía, Alexander van der Bellen.

El FPÖ se encuentra en pleno auge. Aunque las elecciones legislativas no se celebran hasta el 2018, los sondeos indican que los populistas pasarían a ser la primera fuerza del país. Este triunfo se debe sobre todo al fracaso de socialdemócratas y conservadores, que gobiernan juntos en gran coalición y es el ejecutivo habitual desde la Segunda Guerra Mundial. Desde 1945 se reparten todos los altos cargos públicos y confiados en su tirón han permitido medrar al rival liberal-populista, que ha sabido explotar como nadie la crisis de los refugiados en beneficio propio. Cuando a finales del pasado verano la canciller alemana, Angela Merkel, se decantó por la política de puertas abiertas a la ola de peticionarios de asilo que llegaba por la ruta de los Balcanes, Viena se sumó inicialmente, pero después dio un giro de 180 grados hacia el cierre de fronteras. Un giro que se vio impulsado sobre todo por la presión del FPÖ, declaradamente patriota, antiinmigratorio y antiislamista.

Este veletazo en materia de refugiados ha perjudicado sobre todo a los socialdemócratas. Su canciller Werner Faymann dimitió hace dos semanas por la falta de respaldo en su propia formación y le ha sucedido el hasta ahora jefe de los ferrocarriles austríacos, Christian Kern, un experto en rescatar empresas que ahora debe salvar la gran coalición y reflotar el SPÖ. Sus electores tradicionales consideran que con Faymann el partido vendió sus principios para perdurar en el poder. La formación que alcanzó la mayoría absoluta con el legendario canciller Bruno Kreisky apenas supera en la actualidad una miserable intención de voto del 10%.

Aunque Austria, que no llega a los nueve millones de habitantes, continúa siendo un país con un alto nivel de vida, entre la población reina un creciente temor a una posible recesión. El desempleo supera el 9 %, una cifra ridícula para el sur de Europa, pero escandalosa para los austríacos, acostumbrados a tasas por debajo del 5 %. El crecimiento es más bajo que la media de la UE y los impuestos son de los más elevados. La población desconfía cada vez más de los partidos y políticos de la gran coalición. Los austríacos consideran que la globalización poco menos que los arrolla, piensan que no se les escucha y consideran en muchos casos que la ayuda del Estado prioriza a los que vienen de fuera frente a los que son de casa. Así que el lema de «Austria primero» de los populistas liberales o los carteles de su candidato Hofer en los que afirma que «Tu patria te necesita ahora» calan entre el electorado. Hoy se sabrá hasta dónde.